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11 nov 2020

Alfonso Hernández: CANCIÓN PARA EL ÁLBUM DE INFANCIA


Recuerdo cuando eras niña y te escurrías como un conejito
entre los plantíos de la casa.
Tus formas llevaban la luz de los naranjos,
el mejor escaparate de tus ojos el barrio donde crecimos juntos.

Mama tenía una cocinita de carbón sobre una mesa de trastos
y en las tardes de invierno acostumbraba asar guineos verdes.
Formábamos flotillas con barcos de papel en los resumideros,
preferíamos jugar en los oscuros rincones
sigilosos de que nadie nos viera.

Un día tenías que partir,
la pobreza encendió su llamita
y tu familia tuvo que abandonar la casa del mesón.

Cuando salgo a caminar y miro a los niños jugando en los parques
me viene a la memoria las travesuras de cipote,
tu presencia de mujer,
tu sensibilidad de niña en mis cosas íntimas,
tu pulsación de madre
en esta noche que duerme entre tus piernas…



5 oct 2019

Elsie Alvarado de Ricord: A LA MADRE DE UN MÁRTIR

Un pañuelo a la madre, dadle un pañuelo blanco,
Que el llanto de una madre puede anegar el mundo.
Sólo quien es mujer y quien es madre
podrá asomarse a tu desgarramiento.
Mujer que reconoces el cadáver de tu hijo,
Recoge de él su aliento para que no sucumba:
Ese aliento de lucha que superó al instinto
al desangrar la vida por todos los que sufren.
Tú que eres invencible, e inmortal, por fecunda,
llora sobre sus ojos inmolados
y clava en tu retina la razón de su muerte.
Vacia toda tu angustia, madre, porque algún día
Te exigirá la vida un corazón enorme
Para el valor supremo.
Tu vientre que ha alumbrado la humanidad, no cumple
un castigo, comprende: cumple un adiestramiento.
Tus brazos que acunaron al niño tiernamente
hoy se endurecen y alzan el cadáver del hijo.
Ni en la naturaleza ni en lo que el hombre ha creado
Hay una fuerza viva comparable a tus brazos:
Suaves, y a la vez férreos, y devotos, y enérgicos,
a través de los siglos se han hecho omnipotentes:
¡Las mujeres de Esparta los miran asombradas.
Todo el dolor humano, como a un mar, va a tu pecho:
La angustia de las clases explotadas,
el dolor de las razas sometidas,
el terror de las víctimas de las inquisiciones,
se aprietan en tu pecho.
Y tu pecho lactando, fuente inexhausta, madre:
Te derramas de amor para salvar la especie.
Madre, qué singular transmutación ejerce
La historia sobre ti:
Por un fusil habrás de trocar tu pañuelo,
tu rosario por una cartuchera
y tu canción de cuna por un himno guerrero.
Sólo tú que conoces lo que es el amor pleno,
sólo tú eres capaz de ese gran crecimiento.
Qué indefinible esfuerzo desplegarás un día
para guardar la nota de tu canción de cuna,
para dejar un tiempo las rosas de Afrodita,
su belleza y su aroma,
Por el sudor y el grito del amor colectivo.
Madre, el ser más perfecto de la naturaleza,
tus brazos harán falta para librar al hombre.
Dale desde tus senos, con la vida, el arrojo;
y en la miel de tus besos, la fuerza que precisa.
Un pañuelo a la madre del mártir, un pañuelo
cuya inútil blancura, propicia para el llanto,
se encenderá al contacto con la sangre del héroe,
y será una bandera
en las manos inmensas de otros hijos del pueblo.

6 jun 2014

Miguel Hernández: A MI HIJO


Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tierra, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reir, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido...
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno: verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mía,
la noche continúa cayendo desolada.


Fotografía del libro de Recuerdos de  Josefina Manresa

Josefina Manresa y Miguel Hernández tuvieron dos hijos:
El primogénito. Manuel Ramón, nació en Cox (Alicante), el 19 de diciembre de 1937, y falleció diez meses después el 19 de octubre de 1938. El nombre de Manuel en recuerdo del padre de Josefina y Ramón en recuerdo de Ramón Sijé).

El segundo hijo Manuel Miguel (Manuel por el padre de Josefina y Miguel por su padre), nació en Cox el 4 de enero de 1939, y falleció en Elche el miércoles 23 de mayo de 1984 (tenía 45 años).

Manuel Miguel se casó con Lucía Izquierdo García, natural de Tomelloso, tuvieron dos hijos Miguel y María José. Actualmente viven en Elche. 



Toda la información fue tomada del post:
Hijos de Josefina Manresa y Miguel Hernández
del blog hernandiano: 
Miguel Hernández, multimedia-centenario

Nazım Hikmet : MEMET


En la orilla,  allá enfrente, mi país. 
Desde Varna te  llamo,  mi grito se repite
             ¿Oyes mi voz? 
             Memet, Memet. 

Fluye siempre el mar negro sin detenerse nunca
Loca, loca nostalgia
Mi hijo, yo te llamo. 
             ¿Oyes, oyes mi voz?
             Mehmet, Mehmet 




     

5 jun 2014

José Guerra Peñaloza: COMO TU NIÑO MIO






Como tu niño mío,
me siento aprendiz del silabario.
Como tú, pequeño amigo,
busco la luz en el carbón de mi lápiz,
el pan en el sudor de mis manos,
el amor en las axilas de mi madre,
el sueño tras la cabellera de la noche,
la esperanza en las letras de mi libro,
la paz en algún ángulo de mi cerebro.

Como tú, pequeñín,
quiero vertir un pantalón total,
quiero en el taller fundir una garganta
para gritar hasta que mi voz sangre,
quiero una bayoneta
con qué cortar mi impaciencia.

Como tú, ciudadano del mundo,
uno a ti mis huesos,
mis dientes y mis uñas.

Como tú, en fin,
busco en el diccionario
la palabra HOMBRE.


18 jul 2013

Nicolás Guillén: CANCIÓN FILIAL


Padre: lo único cierto
es que tú no estás muerto.


Otros, tienen sus dioses, sus amigos lejanos;
otros tienden las manos
abiertas hacia verdes promesas imposibles,
y esperan, recostados sobre la piedra dura
de la paciencia, el pan de la dicha futura
y el agua de venturas risibles.


Están sobre el camino polvoriento
deshojando sus preces en el viento;
lamiendo las sandalias de las vírgenes,
encendiéndoles velas a los santos
y adulando una suerte de seres vengativos
a quienes, desde luego,
les da lo mismo, en suma, ser amables o esquivos.
(Eso, si es que conocen todos nuestros quebrantos).


Yo, no. Yo solo tengo
tu sombra inteligente;
tu sombra que vigila
con atenta pupila
todas las tempestades que rugen tras mi frente;
tu sombra, que me enseña las sendas de la Senda;
la que lleva mi potro cerrero de la brida;
la que acampa conmigo después junto a mi tienda
¡y mis camellos y tesoros cuida!


Quizás no sepas, padre, que cuando tú partiste
yo empezaba a ser triste.
Ya estaba frente al vasto pizarrón de las cosas,
con su sistema de ecuaciones odiosas,
la tiza que me diste en la mano,
y la frente fruncida,
tratando de arrancarle, en vano,
su incógnita a la vida!
Pero yo sé que ahora me estás viendo, querido.

Sé que estás a mi lado,
seguramente empeñado
en que recuperemos el tiempo perdido.
Por eso eres, padre, el único a quien pido.


Lo que yo quiero es esto:
(bien poco; ya tú sabes que siempre fui modesto).


Tú, que no duermes, vela mi pobrecito sueño;
tú, que eres fuerte, dame tu ayudita en la carga;
tú que eres ágil sobre tu propia senda larga
ponme fibras de amianto para mi duro empeño.


Hazme franco, sencillo, luminoso, risueño,
ya si el placer me aniña, ya si el dolor me embarga
vierte tu miel de abejas sobre mi copa amarga
¡Y sobre todo, padre, hazme mi propio dueño!


Tenme siempre a tu lado como antes me tenías,
disimula mis faltas, vibra en mis alegrías;
cuida de que nos dure para siempre mamá.
Envuélveme en ti mismo, ya que no puedo verte,
y espérame en la hora confusa de la muerte
para que me acompañes…
                     ¡Hasta luego, papá…!


 

Ángel Augier en su Estudio Biográfico-Crítico sobre  Nicolás Guillén, nos dice que Canción Filial  fue publicada por primera vez en la revista Social (Cuba) en julio de 1929, cuando Guillén aun no había alcanzado su plena expresión poética, no obstantes es considerado uno de los mejores de su primera época.

"En él hay más “de ayer” que “de hoy” pero también la  sabiduría de siempre en esas combinaciones rimadas de heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos que remata con un soneto en este metro".

2 may 2012

Evgueni Evtushenko: MADRE CUBANA



Hay, cerca de Girón, una pequeña tienda
De campaña, donde una campesina vive.
Parecida a un espectro, cada noche ella sale
y lentamente se encamina hacia el mar.

Señora Amelia, dígame: ¿ por qué no duerme usted?
La inmensa oscuridad envuelve al Mar Caribe.
¿ Por qué mira hacia donde el sombrío horizonte
Se observa, entre las nubes que se acercan flotando?

y ella entonces contesta: El se llamaba Pablo.
Cuando aún era niño,
Colocando la cuna en las ramas de un árbol,
Yo molía junto a ella el café en el mortero.

"Tuc, tuc", sonaba allí mi maza de madera,
Como voz de esperanzas, dolores y tormentos
Era como la más terrenal de las nanas
Ese suave "tuc tuc".

Mi marido, con sus grandes manos inhábiles,
Cogía a nuestro niño, a nuestro frágil niño,
y decía "tú sabes, Amelia, que él será
Más feliz que yo nunca lo haya sido
y que tú!"

Deseaba que su hijo no viviera agobiándose.
Que fuera, como los montes, potente y simple.
Que cogiera la vida sonriendo,
Como a la piña altiva, por su verde corona.

Nuestro Pablo crecía, como caña en un valle,
y por defenderlo, en uno de los ataques
Cayó mi esposo
casi junto a nuestro poblado,
Luchando contra un tanque con su escopeta vieja.

Y Pablo mientras tanto, crecía ...
y cuando en marzo
Cumplió, por fin, sus diecisiete años,
Me dijo:
"Madre yo sé que tú me comprendes.
Tengo que ser soldado, como fuera mi padre."

Y yo lo comprendí,
sin lágrimas ni gritos,
Pero el corazón de las madres siempre sufre:
Los hombres que llegaron de donde bate el mar
Lo mataron a él, como antes a su padre.

Aquí fue donde cayó Pablo, mi Pablito,
Tenía para él una navaja de afeitar.
Pero ni una vez sola pudo llegar a usarla.
Parece que compré muy tarde su regalo.

No llegué a ver ni cómo se apagaban sus ojos.
Hasta la sangre estaba cubierta por la arena.
Se tendió con la cara dirigida hacia el Norte,
La cara ya cubierta de bozo juvenil.

Cuando al cabo llegué a la tumba de Pablo,
La desgracia secó cada una de mis lágrimas.
Caí calladamente sobre la oscura piedra,
y comprendí, de pronto: nunca me iré de aquí.

Hace ya más de un año que es aquí donde vivo.
Dormía primero echándome sobre la hierba,
y ahora puedo hacerlo en la tienda de campaña
que los soldados han querido regalarme.

Ahora somos tres
-- el mar,
yo
y la tumba.
No puedo olvidar nada.

Recuerdo que yo amaba profundamente el mar.
¡ Como ahora lo odio!

He aquí el mar bramando, vasto, arremolinado,
Arrojando su espuma hacia todos los aires.
El mar. .. por donde vinieron los asesinos.
j Yo sé que todavía pueden volver de nuevo!

Como una estatua hecha de odio y de dolor,
Mira la campesina con su cuerpo y su alma.
y por sobre la oscura resaca rugidor a,
Se agita la resaca blanca de sus cabellos.

El mar atruena y rueda,
Avanza hacia ella y luego retrocede de nuevo.
Felices madres norteamericanas:
¿Podéis vosotras ver a esta madre cubana? 

22 dic 2011

Alfonso Hernández: CANCIONCILLA DE LOS NIÑOS DE CABAÑAS


POSTALITA A MI HIJO ESSENIN


I

Las veraneras han crecido en los últimos meses,
en el jardín el sol juguetea con las flores,
hay amarillas rosadas y multicolores,
A la sombra del platanar madre te arrulla
mientras escampa el sueño en su regazo
Y los pollitos pían desgranando tu sonrisa de
cipote travieso.

II

Yo haré de cada pétalo un poema,
de cada canción un estanque de luz
para que naden los pececillos del pensamiento,
en cada hoja volaré hasta la luna
para pedirle un charquito de su brillante espuma.



III
CANCIONCILLA DE LOS NIÑOS DE CABAÑAS

Los niños estamos tristes
porque ha muerto nuestro hermano,
Cayó enfrentando al esbirro
que tiene pezuñas de odio.
Los niños estamos de luto
porque murió nuestro hermano,
los frutos que recogemos:
fusil arpegio guerrero.
En cada pueblo una luz,
una trinchera de flores,
los niños estamos tristes
porque murió el guerrillero.

8 jun 2009

Mario Benedetti: HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU HIJO




Al "viejo" hache



Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas

que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos

realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula

olvidaban poner el acento en el hombre

la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros

y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles

uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
                                   de menos

por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos

vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías

y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre

botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides

por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones

todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara

demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos

y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa

y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de vergüenza

por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere

llorá nomás botija
                           son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos

gritamos berreamos moqueamos chillamos
                     maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse


llorá
           pero no olvides




Poemas de Otros (1974)