Mostrando entradas con la etiqueta Bertolt Brecht. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bertolt Brecht. Mostrar todas las entradas

1 abr 2020

Bertolt Brecht: PALABRAS DE UN OBRERO A UN MÉDICO




¡Nosotros sabemos lo que nos enferma!
Cuando nos sentimos mal nos enteramos
que eres tú el que nos va a curar.

Durante diez años, nos dicen,
en hermosas escuelas
construidas con dinero del pueblo,
aprendiste a curar, y tu ciencia
te ha costado una fortuna.
Tienes que saber curar.

¿Sabes curar?

En tu consultorio
nos arrancan los harapos
y tú aplicas el oído a nuestros cuerpos desnudos.
Una mirada a los harapos te informaría mejor
sobre la causa de nuestra enfermedad. La misma causa
desgasta nuestros cuerpos y nuestras ropas.

Dices que el dolor en el hombro
proviene de la humedad, de la que
también proviene la mancha que hay en la pared de nuestra casa.
Dinos entonces:
¿de dónde proviene la humedad?

Exceso de trabajo y falta de comida
nos hacen flacos y débiles.
Tu receta dice:
“Tiene que aumentar de peso.”
Es como decirle al junco
que no debe mojarse.

¿Cuánto tiempo nos dedicas?
Es evidente: la alfombra de tu casa
cuesta tanto como cinco mil consultas.

Probablemente dirás que
eres inocente. La mancha de humedad en la pared de nuestra casa 
dice lo mismo.


Versión de Jorge Hacker, en 80 poemas y canciones. Obtenido de los recomendables blogs: La Espina Roja y del profesor Roberto Gargarella.


Luis Jiménez Aranda: Visita al hospital (detalle)
 tomado de: fundacionio.org




Exiliado Brecht, debido al régimen nazi, vivió en las afueras de Svendborg (Dinamarca) entre 1937 y 1938, allí se dedicó a la preparación de Gedichte im Exil (Poemas en el exilio). La impresión en Praga se hizo imposible debido a la invasión a Checoslovaquia, ocurrida en marzo de 1939, en mayo de ese año se imprimió en Copenhague con el nuevo título Svendborger Gedichte, Poemas de Svendborg. Es el último trabajo poético orgánico de Brecht.

Rede eines Arbeiters an einen Arz, pertenece a la cuarta sección del poemario. De acuerdo a Elisabeth Hauptmann, colaboradora y  a la postre editora de Brecht, este poema se inspiró en la tuberculosis que padecía su secretaria y colaboradora Margarete Steffin, quien hasta su juventud vivió en los insalubres barrios obreros de Berlin, diagnosticada en 1931 con la enfermedad, Brecht se preocupó por que fuese atendida por el médico cirujano Sauerbruch y luego reposara en Ticino (Suiza) durante la primavera europea de 1933. Steffin, es un personaje importante para Brecht, su poliglosía, su conocimiento del teatro y de las vivencias obreras permitieron concluir al autor sus más importantes obras teatrales y poéticas. Ella fallece de TBC el 4 de junio de 1941 en un hospital moscovita, Brecht escribe Nach dem Tod meiner Mitarbeiterin M.S. en su recuerdo. (con datos de Wikipedia)


REDE EINES ARBEITERS AN EINEN ARZT

Wir wissen, was uns krank macht!
Wenn wir krank sind, hören wir
Daß du es bist, der uns heilen wird.

Zehn Jahre lang, heißt es
Hast du in schönen Schulen
Die auf Kosten des Volkes errichtet wurden
Gelernt, zu heilen, und für deine Wissenschaft
Ein Vermögen ausgegeben.
Du mußt also heilen können.

Kannst du heilen?

Wenn wir zu dir kommen
Werden uns unsere Lumpen abgerissen
Und du horchst herum an unsern nackten Körper.
Über die Ursache unserer Krankheit
Würde dir ein Blick auf unsere Lumpen
Mehr sagen. Dieselbe Ursache zerschleißt
Unsere Körper und unsere Kleider.

Das Reißen in unserer Schulter
Kommt, sagst du, von der Feuchtigkeit, von der
Auch der Fleck in unserer Wohnung kommt.
Sage uns also:
Woher kommt die Feuchtigkeit?

Zu viel Arbeit und zu wenig Essen
Macht uns schwach und mager.
Dein Rezept lautet:
Ihr müßt zunehmen.
Du kannst auch dem Schilf sagen
Es soll nicht naß werden.

Wieviel Zeit wirst du haben für uns?
Wir sehen: ein Teppich in deiner Wohnung
Kostet so viel, wie dir
Fünftausend Untersuchungen einbringen.

Du sagst wahrscheinlich, daß du
Unschuldig bist. Der feuchte Fleck
An der Wand unserer Wohnung
Sagt nichts anderes.


A WORKER’S SPEECH TO A DOCTOR

We know what makes us ill.
When we are ill we are told
That it's you who will heal us.

For ten years, we are told
You learned healing in fine schools
Built at the people's expense
And to get your knowledge
Spent a fortune.
So you must be able to heal.

Are you able to heal ?

When we come to you
Our rags are torn off us
And you listen all over our naked body.
As to the cause of our illness
One glance at our rags would
Tell you more. It is the same cause that wears out
Our bodies and our clothes.

The pain in our shoulder comes
You say, from the damp ; and this is also the reason
For the stain on the wall of our flat.
So tell us :
Where does the damp come from ?

Too much work and too little food
Make us feeble and thin.
Your prescription says :
Put on more weight.
You might as well tell a bullrush
Not to get wet.

How much time can you give us ?
We see : one carpet in your flat costs
The fees you earn from
Five thousand consultations.

You'll no doubt say
You are innocent. The damp patch
On the wall of our flats
Tells the same story.

Traducido al inglés por Frank Jellinek





12 nov 2015

Bertolt Brecht: LOB DES LERNENS


Loa o alabanza al estudio, al aprendizaje o a la instrucción, han sido las traducciones para este poema de Brecht.

imagen tomada de:  Sascha's Welt
Este poema lo encontramos en  La Madre (Die Mutter, 1931), adaptación al teatro de la novela Мать (1906) de Máximo Gorki.

En la escena VI el profesor Nicolai  recrimina a Pelagea Vlassova (madre Pavel, quien se encuentra del  detenido) argumentando que en tiempos de cambios y convulsiones sociales más importa ser bueno  que tener conocimientos, mientras ella se esfuerza por aprender las primeras letras debe de soportar las insinuaciones reaccionarias del profesor a las que termina contestándole que si a él no le interesa el conocimiento  que no se lo guarde y lo transmita.

Pero Lob des Lernens no es sólo un poema que luego ha sido musicalizado, toda la obra, que contiene diálogos, coros y solos,  ha sido compuesta colectivamente por destacados artistas que compartían la amistad y las aspiraciones sociales de Brecht entre ellos el destacado compositor Hanns Eisler. El 17 de enero de 1932, en recuerdo del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht  se estrenó Die Mutter. Helene Weigel, esposa de Brecht, asumió el protagónico y el tenor  Ernst Busch  fue  Pavel. 

No puede perderse de vista que en el campo político el nacionalsocialismo se estaba haciendo del poder estatal y que a los pocos años iniciaría la Segunda Guerra Mundial. La representación de esta obra siempre ha significado un desafío a la autoridad establecida y  Lob des Lernens es una llamada  a superar  el estado de ignorancia donde las clases altas nos quieren mantener sumidos. Para Brecht la apropiación del conocimiento no solo tiene una importancia  individual si no también social, expresando  su parecer en otros poemas como: 1940 y He oído decir que no queréis estudiar.




ir al minuto 15:57

Lerne das Einfachste! Für die,
Deren Zeit gekommen ist,
Ist es nie zu spät!
Lerne das Abc, es genügt nicht, aber
Lerne es! Laß es dich nicht verdrießen!
Fang an! Du mußt alles wissen!
Du mußt die Führung übernehmen.

Lerne, Mann im Asyl!
Lerne, Mann im Gefängnis!
Lerne, Frau in der Küche!
Lerne, Sechzigjährige!
Du mußt die Führung übernehmen.
Suche die Schule auf, Obdachloser!
Verschaffe dir Wissen, Frierender!
Hungriger, greif nach dem Buch:
Es ist eine Waffe.
Du mußt die Führung übernehmen.

Scheue dich nicht, zu fragen, Genosse!
Laß dir nichts einreden,
Sieh selber nach!
Was du nicht selber weißt,
Weißt du nicht.
Prüfe die Rechnung,
Du mußt sie bezahlen.
Lege den Finger auf jeden Posten,
Frage: wie kommt er hierher?
Du mußt die Führung übernehmen.
 Una versión en español : Aquí.
 Versión en ingles: Aquí.
Versión en italiano: Aquí.


24 oct 2014

Bertolt Brecht: LA CRUZADA DE LOS NIÑOS 1939

 Recomiendo  oír primero la versión de Adolfo Celdrán, para que tengan una idea global del poema y luego leer cada estrofa evocando alguna imagen de la Guerra. Un ejemplo de lo que resulta de  adicionar la creación plástica a la poética son las ilustraciones de Carme Solé Vendrell.





Fue en Polonia, el treinta y nueve,
donde una invasión sangrienta
convirtió en agreste tierra
muchas de sus ciudades y aldeas.
       
El hermano perdió a la hermana,
la mujer al hombre, en el batallón;
entre tanto fuego y ruinas
el niño a los padres no encontró.
       
De Polonia no llegó más,
ni carta ni noticia impresa.
Pero una extraña historia, allá
en el Este, aún se cuenta.

Caía la nieve mientras se relataba,  
en una ciudad oriental,
la cruzada de unos niños
que, en Polonia, echó a andar.
       
Allí, multitud de niños hambrientos
inundaron los caminos,
arrastrando a su paso a otros
que huían de sus pueblos destruidos.
       
Trataban de escapar de la guerra,
nocturno infernal,
y así, quizá, algún día alcanzar,
en otro país, la ansiada paz.
         
Eligieron un jefe
por su animo y empuje.
Y aún tan niño, encontrar el camino
fue su única y gran certidumbre.
       
Once años tenía la niña que, en brazos,
llevaba al crío de cuatro.
Sin paz y sin hogar,
suplió toda carencia maternal.
       
Un niño judío iba entre ellos,
con cuello de terciopelo,
acostumbrado al blanco pan,
se abrió camino resuelto.
       
Guiados por dos hermanos
diestros en el arte de la guerra,
ocuparon una granja evacuada
que pronto inundó la tormenta.
Y, de lejos, camuflado en el paisaje,
un flaco uniforme gris les seguía.
Cargaba una terrible culpa:
de los nazis, una embajada traía.
       
Entre ellos surgió un músico
que encontró un tambor entre las ruinas.
Le quitaron los palillos:
tanto ardor delataba su presencia.
       
Y con ellos un perro que,
aun capturado como sustento,
fue aceptado como uno más;
no cabía más sufrimiento.

También tenían una escuela
y un pequeño maestro de caligrafía.
En la coraza ametrallada de un tanque,
inconclusa quedó la palabra «alegr.. .».
       
Hubo un concierto:
junto a un río rumoroso en pleno invierno,
redoble de tambor
sin miedo a ser descubiertos.
       
Y surgió un amor.
Ella tenía doce; él, quince.
Peinaba su cabello
en patios ametrallados.

El amor no duró mucho.
Llegó el invierno:
cómo podrían florecer dos arbolillos
bajo un frío tan intenso.
       
También tuvieron su guerra
con otra agrupación afín
que, porque era absurda,
jamás llegó a concluir.
       
Y, aún luchaban a brazo partido
por una garita venida abajo,
cuando al bando rival, por decir algo,
se le acabo el rancho.
       
Al enterarse, el enemigo
envió patatas en son de paz,
pues un soldado desfallecido
mucha guerra no puede dar.      
Tampoco un juicio faltó
a la leve luz de dos velas,
y el juez fue condenado
tras una penosa audiencia.
       
También se celebró el entierro
de un joven con cuello de terciopelo.
Dos polacos y dos alemanes
llevaron a la tumba sus restos.
       
Allí, protestante, católico y nazi
le dieron sepultura;
al terminar, un pequeño comunista
les recordó su labor futura.
       
Así pues, a falta de carne y pan,
tenían fe y esperanza.
¡Que no oiga yo reproche si robaron
a quien les negó amparo!
       
¡Ni tampoco contra el hombre
que no les convidó a su mesa!
Hace falta harina, no espíritu de sacrificio,
para alimentar a media centena.
       
Se dirigían hacia el Sur:
las sombras que proyecta el sol,
a las doce del mediodía,
les guiaban hacia su salvación.
       
Recostado contra un abeto
hallaron a un soldado herido.
Cuidaron de él siete días
para que les revelara el camino.
       
Él solo exclamó: —¡Hacia Bilgoraj!
Y por fuertes fiebres aquejado
al octavo día murió.
También su cuerpo fue enterrado.
       
Y aunque dieron con otras señales,
¿indicarían la dirección correcta?
volcadas, y por la nieve cubiertas,
chirriaban perdidas como veletas.
       
Quizá no había mala intención
sino motivos estratégicos:
pero ¿cómo encontrar Bilgoraj
en un desierto de hielo?
       
Iban apiñados en torno al guía,
que escrutaba en la ventisca:
hasta que un pequeño dedo se alzó
y alguien gritó: —¡Allí, en lontananza!
 Una noche, divisaron un fuego
que siguieron desde lejos.
Un día, tres tanques pasaron de largo,
con gente dentro.
       
Al llegar a una ciudad,
dieron un gran rodeo;
hasta que no la dejaron atrás,
solo de noche anduvieron.
       
En el antiguo sudeste polaco,
envuelta en blancos remolinos,
desapareció sin dejar ni rastro
la cruzada de unos niños.
       
Siempre que cierro los ojos,
les veo caminar
de una ruina a otra,
sea granja, aldea o ciudad.

Sobre ellos, allá en las nubes,
otras cruzadas veo pasar.
Resisten el embate del frío viento,
sin rumbo y sin hogar,
       
en busca de otro país, de un hogar,
lejos del fuego y del tronar,
donde por fin vivir en paz:
¡su tamaño es colosal!
       
Y, a la luz del crepúsculo,
pronto ya no parece la misma,
otras caritas veo:
¡españolas, francesas, amarillas!
       
En Polonia, aquel enero,
se encontró un perro sin dueño,
 de cuyo flaco cuello
colgaba un mugriento letrero.
       
«¡Auxilio! Hace mucho frío
y no encontramos el camino.
Quedamos cincuenta y cinco.
El perro hará de lazarillo.
       
Si os fuera imposible venir,
ahuyentadle, no le disparéis.
Es nuestra última esperanza,
solo él conoce este sitio».
       
De puño y letra de un niño.
Lo leyó gente del campo.
Hace año y medio de esto.
El perro murió en sus brazos.
De: Historias de almanaque

23 oct 2014

Reseña de: La cruzada de los niños, por Juan Nieto

El título parece remitimos a la desgraciada Cruzada emprendida por los niños en 1212 para recuperar los Santos lugares. Sin embargo, el poema de Brecht hace referencia a una leyenda que se viene transmitiendo en Polonia desde que, en 1939, unos niños huérfanos y hambrientos, huyendo de sus pueblos destruidos por las invasiones nazi y soviética, emprenden una larga marcha en busco de paz y seguridad. La historia termina mal: caminando siempre hacia el sur, allí se desvanece su rastro, solos y perdidos en el despiadado invierno. El fiel perro compañero, al que envían con una nota de socorro, muere en brazos de unos campesinos.

A la línea argumental de la leyenda, Brecht añade el valor y la generosidad de los protagonistas, su desconcertado avance esperanzado y algunas mínimas peripecias de carácter individualizado, destacando la falta de diferencias entre ellos por credos e ideologías. Reclama, también, la no emisión de juicio moral sobre algunos de sus actos y sobre aquellos que no pudieron o quisieron darles amparo. En su pensamiento, estos niños se unen a otros muchos de diferentes nacionalidades y razas que vienen padeciendo, desde tiempos remotos, las consecuencias de lo que debiera ser nuestra vergüenza perpetua: la guerra. Brecht incluyó este poema en sus Historias de almanaque, un conjunto de textos heterogéneos con el lazo de unión de la mirada crítica sobre personajes y sucesos históricos. La traducción de Moka es digna aunque carece de fluidez pues es difícil ceñirse al texto y versificarlo.

El poema ha sido ilustrado con maestría, y yo diría con dolor, por Carme Solé. Para ello ha escogido el trazo abocetado, en negro sobre el blanco de página, que estalla de expresividad y acrecienta lo sensación de evanescencia de esta historia no escrita, solo transmitida por el boca a boca y que tiene reminiscencias de otras antiguas narraciones orales. La aparición del rojo, en una única imagen llena de violencia, da motivo a la incorporación de este color en las guardas y algunos detalles de la tipografía. Historia, ilustración y edición hacen de este álbum una delicada aunque triste delicia estética.
 

 sitio del producto en la página de la editorial: clic

19 oct 2014

Bertolt Brecht: MI HERMANO ERA AVIADOR




Mi hermano era aviador.
Recibió un día un mensaje,
Lió su petate
Y hacia el Sur se dirigió.
Mi hermano es conquistador.
Nos viene estrecho nuestro suelo
Y anexionar espacio ajeno
Es una vieja aspiración.
En el Guadarrama al fin
Mi hermano halló su parcela.
De hondo medía uno y medio,
Y de largo, un metro ochenta.




28 ene 2014

Sobre la increíble historia de un poema que Bertolt Brecht nunca escribió



(Alberto J. Franzoia)


"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".



    La historia de este famoso poema está  atravesada por el error frecuente, la contradicción existencial, el cambio permanente de sus formas, la aprobación post mortem de su versión escrita y la desfachatada falacia de ciertos “demócratas”. No pertenece a quien con frecuencia se le ha atribuido; nunca fue escrito exactamente como lo conocemos por su verdadero creador; sufrió numerosas modificaciones en su construcción; la versión finalmente aprobada es la que dio la segunda esposa del autor, Sibylle Sarah Niemoeller-von Sell, cuando éste ya había fallecido; y, además, fue vaciado de un fragmente de su contenido real por aquellos que se autoproclaman asiduamente los máximos exponentes de la democracia y el pensamiento libre.
    Desmenucemos entonces cuál es la historia de un poema sin título pero que suele ser presentado como “Ellos vinieron”. Lo primero que hay que decir es que el error lo ha acompañado por años, ya que ha sido atribuido en reiteradas ocasiones al dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht (1898-1956) sin que el mismo tuviese ninguna responsabilidad al respecto; error que se ha multiplicado hasta el hartazgo desde que existe Internet. Este medio maravilloso que ha revolucionado la historia de las comunicaciones, transmitiendo a gran velocidad y a una enorme cantidad de seres humanos distribuidos en todo el mundo información y conocimientos verdaderos, también es el responsable de amplificar errores y falacias como ninguno. Ocurre que el verdadero gestor de lo que hoy se conoce como el poema “Ellos vinieron” fue el alemán Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1892-1984), quien a lo largo de su curiosísima historia de vida recorrió el largo camino que va desde la condición de comandante de un submarino alemán durante la Primera Guerra a pastor, y de su inicial apoyo como pastor al nazismo hasta la lucha contra las guerras desatadas por el imperialismo, al punto de visitar en 1965 Vietnam del Norte para reunirse con Ho Chi Minh.
    Niemöller tenía una visión prejuiciosa del movimiento obrero y manifestaba serias simpatías por el antisemitismo, todo lo cual lo condujo casi con naturalidad en la Alemania de los años treinta hacia el apoyo a Hitler. Sin embargo, sus diferencias con el régimen se fueron desarrollando poco a poco, pasando a la indiferencia y luego a oponerse a que su iglesia fuese funcional a las imposiciones nazis, pues consideraba que su único referente sólo podía ser Dios. Esta nueva situación lo condujo, como era de esperar en una coyuntura política dominada por la expresión más bárbara que ha gestado el capitalismo, en un primer momento a prisión y luego a los tenebrosos campos de concentración del nazismo, siendo recluido tanto en Sachsenhausen como en Dachau.
    Recién cuando en 1945 termina la Segunda Guerra recuperó la libertad regresando a su actividad como pastor protestante. Y fue precisamente durante sus sermones cuando comenzó a gestar paulatinamente, con modificaciones introducidas en cada uno de ellos, el poema que estoy considerando. Pero la que finalmente se convertiría en la versión escrita aprobada es la que dio su esposa Sibylle Sarah Niemoeller-von Sell, quien había escuchado por primera vez al que muchos años más tarde sería su compañero cuando era apenas una niña. Esta mujer, que provenía de una aristócrata familia prusiana, siendo ya una adolescente llegó a enfrentar a los nazis con un arma en sus manos. En Argentina uno de los mejores recitados del poema considerado es el de la talentosa actriz Cipe Lincovsky. En 2006, al cumplirse 50 años de la desaparición física de Bertolt Brecht ella realizó el unipersonal “Cipe dice a Brecht”.
    La historia del poema no es ajena a la propia historia de vida del Martin Niemöller, quien en un giro de 180º pasó de su inicial complicidad con el régimen nazi hacia el compromiso militante por la paz. Su increíble metamorfosis ideológica lo condujo en el final de su vida, cuando ya había alcanzado los 90 años y se autodefinía como un revolucionario, a expresar irónicamente que si viviera hasta los 100 quizás acabaría siendo anarquista. Este hombre pues ha sido el verdadero responsable de un poema famoso que recorrió el mundo rodeado de equívocos.
    Como dato nada menor, para culminar el sintético relato de esta apasionante historia, cabe acotar que allí donde el capitalismo occidental intenta definir lo que sería su paradigmático estilo de vida, Estados Unidos de Norteamérica, y en un espacio reservado a la muy necesaria memoria del horror, como es el Museo del Holocausto en Washington, la presentación del poema tiene una curiosa e inquietante particularidad (otra más), se le ha amputado nada menos que su primera frase, aquella con la que Niemöller invariablemente iniciaba su exposición:

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.”

 La Plata, julio de 2011


30 jun 2013

Bertolt Brecht: ALABANZA AL REVOLUCIONARIO

Rudolf Schlichter, Bertold Brecht, circa 1926

Cuando la opresión va a más
muchos se desmoralizan,
pero su valor crece.

Él es quien organiza la lucha
por ese centavo del salario, por el agua del té
y por el poder dentro del Estado.

Le pregunta a la propiedad:
¿Dé dónde eres?
Le pregunta a las ideas:
¿A quién sirven ustedes?

Allá donde reine el silencio
hablará él.
Y donde impere la opresión y se hable del destino
dirá él esos nombres.

Allá donde él se siente a la mesa
se sienta también el descontento.
La comida sabe mal
y se reconoce que el cuarto es estrecho.

Allá donde lo persigan
allá irá la rebelión y allá donde lo echen
quedará la intranquilidad.





 En: Manifiestos por la Revolución

15 may 2013

Javier Heraud: DOS PREGUNTAS

   
 Primera pregunta

    "¿En qué lugar de Lima, la dorada,
    vivían los que la construyeron?"
                   (Bertolt Brecht)


  Segunda pregunta   

     ¿Por qué será  que todavía existen
    infelices que nos hablan de una Lima
    señorial, antigua, colonial y bella?

    ¿Por que quedan  todavía desgraciados
    que anhelan sin cesar la ciudad de los Reyes,
    las tapadas, los balcones, la alameda,
    si de eso sólo queda un basural de hambre,
    de miseria y de mentira?

    Ciudad de los Reyes
    de la explotación y el hambre,
    tres veces coronada por la sumisión,
    ciudad triste, hambrienta, mísera
    por todos lados,
    salvo pequeños rinconcitos
    donde se canta "la flor de la canela"
    "viva el Perú y sereno" y se bebe whisky
    con hielo y cocacolas.

28 ago 2011

Bertolt Brecht: NUESTRAS DERROTAS NO DEMUESTRAN NADA





Cuando los que luchan
contra la injusticia
muestran sus caras ensangrentadas,
la incomodidad
de los que están a salvo
es grande.

¿Por qué se quejan ustedes?,
les preguntan.
¿No han combatido la injusticia?
Ahora ella los derrotó.
No protesten.

El que lucha debe saber perder
El que busca pelea
se expone al peligro.


El que enseña la violencia
no debe culpar a la violencia.

Ay, amigos.
Ustedes que están asegurados,
¿por qué tanta hostilidad?
¿Acaso somos vuestros enemigos
los que somos enemigos de la injusticia?

Cuando los que luchan contra la injusticia
están vencidos,
no por eso tiene razón
la injusticia.

Nuestras derrotas
lo único que demuestran
es que somos pocos
los que luchan contra la infamia.

Y de los espectadores, esperamos
que al menos se sientan avergonzados.





16 ago 2011

Se cumplen 55 años del fallecimiento de Bertolt Brecht

Madrid, 14 ago (EFE).- Hoy se cumplen cincuenta y cinco años del fallecimiento del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX. Considerado uno de los padres de la dramaturgia contemporánea, Brecht dinamizó el lenguaje teatral y creó una nueva estética del compromiso político. La preocupación por la justicia y la igualdad fue un tema fundamental en su obra. Brecht fue el creador del teatro épico, una técnica escénica que busca la participación activa del espectador mediante el denominado efecto del distanciamiento.

23 jul 2011

Bertolt Brecht: A LOS HOMBRES FUTUROS




                                                      1

Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.

Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.

¡Qué tiempos estos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle,
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida.
Pero, creedme, es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara, estaría perdido. )
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia,
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

                       2

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
Y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos sin mí. Lo sabía
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

               3

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.

Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.

También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.


1938