Recuerdo cuando eras niña y te escurrías como un conejito
entre los plantíos de la casa.
Tus formas llevaban la luz de los naranjos,
el mejor escaparate de tus ojos el barrio donde crecimos juntos.
Mama tenía una cocinita de carbón sobre una mesa de trastos
y en las tardes de invierno acostumbraba asar guineos verdes.
Formábamos flotillas con barcos de papel en los resumideros,
preferíamos jugar en los oscuros rincones
sigilosos de que nadie nos viera.
Un día tenías que partir,
la pobreza encendió su llamita
y tu familia tuvo que abandonar la casa del mesón.
Cuando salgo a caminar y miro a los niños jugando en los parques
me viene a la memoria las travesuras de cipote,
tu presencia de mujer,
tu sensibilidad de niña en mis cosas íntimas,
tu pulsación de madre
en esta noche que duerme entre tus piernas…
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
11 nov 2020
Alfonso Hernández: CANCIÓN PARA EL ÁLBUM DE INFANCIA
Etiquetas:
Alfonso Hernández
,
amor
,
El Salvador
,
esposos
,
familia
,
hijo
,
mujer
,
niños
,
recuerdos
Alfonso Hernández: HISTORIA DEL HOGAR
En mi hogar solamente encontrarás fragmentos de poemas,
Una cocinilla donde hierve el café nuestro de cada día,
la humanidad de una mujer que barniza de luz
los taburetes, los libros y las cosas simples;
un regazo para el hijo que gatea en las entrañas.
(Una amistad de mar)…
Pulgada a pulgada entran los días y sus crepúsculos.
En mi hogar no encontrarás televisor
Ni la polilla que fundamenta los vicios.
En la noche, canto,
mi esposa sueña,
¡Y lloro al recordar mis muertos!...
Etiquetas:
Alfonso Hernández
,
casa
,
dolor
,
El Salvador
,
esposos
,
familia
,
noche
1 may 2012
César Vallejo: A MI HERMANO MIGUEL
In memoriam
Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa.
Donde nos haces una falta sin fondo¡
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: "Pero, hijos..."
Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.
Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.
Oye, hermano, no tardes
en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.
en: Los Heraldos Negros
Etiquetas:
"Los heraldos negros"
,
1919
,
César Vallejo
,
familia
,
hermano
,
madre
,
Mercedes Sosa
,
Miguel
,
vídeo
19 feb 2010
Miguel Hernández: CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO
He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
Viento del pueblo (1937)
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)
