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10 oct 2014

Sergey Esenin: EL HERRERO





Golpea herrero, sigue golpeando
y que del rostro se escurra el sudor.
Abrasa tu corazón en el incendio
¡y echa afuera la pena y el dolor!


Templa tus ímpetus,
conviértelos en acero
y vuela como ilusión juguetona
por los caminos del cielo.


Allá, a lo lejos, tras negro nubarrón,
en el umbral de los sombríos días,
el sol derrama su esplendor
sobre la llanura.


Desaparecen pastizales y trigales
entre el azul resplandor,
y el campo labrado, feliz,
va madurando.


Se abre con nueva fuerza hacia el sol,
en sus rayos quemándose.
Fuera la indecisión odiosa,
libérate del miedo.


(1914)

6 oct 2014

Rafael Alberti : UN CAMARADA GRITA EN LA CALLE





Tres camaradas se van deteniendo por las esquinas, por las plazas, a la salida de mítines, de las fábricas, de los grandes lugares de trabajo.


 Camarada 2 (gritando con el tono de los sacamuelas) :
¡Alto, señoras, señores,
caballeros, caballeras,
criadas, trabajadores,
curas, mendigos, soldados,
oprimidos y opresores!
Todos quietos. ¡Atención!
Si averiguáis lo que tengo
en esta mano escondido,
quedaréis agradecidos
a este pobre peatón.
Responda, señora, diga.
Un premio se le dará,
que seguro le traerá
trastornos en la barriga.

Camarada 1:
¡Un anillo!

Camarada 3:
¡Una cartera!

Camarada 1:
¡Una acción del Banco!

Camarada 2:
¡Cero!
A ver, responde tú, obrero:
ten más clara la mollera.
¿Qué es lo que tengo en la mano?

Camarada 3:
¡Un ministro socialista!

Camarada 1:
¡Será Largo Caballero!

Camarada 3:
¡Será Lerroux y sus rentistas!

Camarada 1:
¡Gil Robles y los fascistas!

Camarada 2:
¡Cero, cero, cero, cero!
¿No lo averiguáis? Oid.
9000 encarcelados.
9000 oscuras rejas.
Aquí tengo Casas Viejas
con campesinos quemados.
Tengo Castilblanco, Arnedo
y un millón de hombres parados.
También tengo aquí un redil
lleno de parlamentarios,
que sólo a los proletarios,
dio hambre y guardia civil.
Y en fin tengo aquí una mesa
puesta sólo a los burgueses.
Plato: sangre y treinta meses
de República burguesa.
Ahora, si queréis saber
lo que tengo en la otra mano,
poned de nuevo atención.
¿Lo sabéis?

Camarada 1: ¡A ver!

Camarada 3: ¡A ver!

Camarada 2:
Aquí está la solución.
¡Trabajadores, mujeres,
obreros de la ciudad,
del campo y de los talleres,
todos y todas, votad!
Los pequeños empleados
pobres, de las oficinas,
los que vivís explotados,
todos, todas, ayudad!

Camarada 1:
Soy obrero sin partido.

Camarada 3:
No voto: soy anarquista.

Camarada 2:
¡Anarquista, socialista,
sin partido, siempre unidos,
ahora más que nunca unidos,
todos y todas, votad!
Al no votar, ayudáis
a que los guardias civiles
carguen pronto los fusiles
contra los que trabajáis.
Hay que votar.

Camarada 3: A votar.

Camarada 1:
A votar. ¿Pero por quién?

Camarada 3:
A votar. ¿Por qué partido?

Camarada 2:
¡Por el único partido,
el de la Revolución:
el Partido Comunista,
que hará que el capitalista, con el cura,
sea vencido;
aquel que a la burguesía
arrancará la amnistía,
aquel que dará la tierra
al que labra noche y día;
las fábricas al obrero
y las minas al minero;
el que va contra la guerra,
contra el fascismo asesino,
el que implantará el Gobierno
de Obreros y Campesinos!
¡El Partido COMUNISTA!

Camaradas 1, 2, 3:
¡No lo olvidéis!

Camarada 2: ¡Atención!
El Partido COMUNISTA,
el de la Revolución.


 
“Un camarada...” fue descubierto en Moscú por Ángel Luis Encinas, en 1999 y publicado en la revista “Natural”. Encinas lo fecha a fines de 1933.



5 mar 2014

Rafael Alberti: REDOBLE LENTO POR LA MUERTE DE STALIN


I
Por encima del mar, sobre las cordilleras,
a través de los valles, los bosques y los ríos,
por sobre los oasis y arenales desérticos,
por sobre los callados horizontes sin límites
y las deshabitadas regiones de las nieves
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos lo anuncia.
José Stalin ha muerto.
A través de las calles y las plazas de los
grandes poblados,
por los anchos caminos generales y
perdidos senderos,
por sobre las atónitas aldeas, asombradas campiñas,
planicies solitarias, subterráneos
corredores mineros, olvidadas
islas y golpeados litorales desnudos
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos lo anuncia.
José Stalin ha muerto.
Va cruzando las horas oscuras de la
noche,
la madrugada, el día, los extensos
crepúsculos,
todo lo austral y nórdico que
comprende la tierra,
y no hay razas, no hay pueblos, no hay rincones,
no hay partículas mínimas del mundo
en donde no penetre la voz que va llegando,
la voz que tristemente nos lo anuncia.
José Stalin ha muerto.



       II
(A dos voces)
1. Padre y maestro y camarada:
quiero llorar, quiero cantar.
Que el agua clara me ilumine,
que tu alma clara me ilumine
en esta noche en que te vas.
2. Se ha detenido un corazón.
Se ha detenido un pensamiento.
Un árbol grande se ha doblado.
Un árbol grande se ha callado.
Mas ya se escucha en el silencio.
1. Padre y maestro y camarada:
solo parece que está el mar.
Pero las olas se levantan,
pero en las olas te levantas
y riges ya en la inmensidad.
2. Cerró los ojos la firmeza,
la hoja más limpia del acero.
Sobre su tierra se ha dormido.
Sobre la Tierra se ha dormido.
Mas ya se yergue en el silencio.
1. Padre y maestro y camarada:
vuela en lo oscuro un gavilán.
Pero en tu barca una paloma,
pero en tu mano una paloma
se abre a los cielos de la paz.
2. Callan los yunques y martillos.
el campo calla y calla el viento.
Mudo su pueblo le da vela.
Mudos sus pueblos le dan vela.
Mas ya camina en el silencio.
1. Padre y maestro y camarada:
fuertes nos dejas, Mariscal.
como en las puntas de la estrella,
como en las puntas de tu estrella
arde en nosotros la unidad.
2. Vence el amor en este día.
El odio ladra prisionero.
La oscuridad cierra los brazos.
La eternidad abre los brazos.
Y escribe un nombre en el silencio.




      III
No ha muerto Stalin. No has muerto.
Que cada lágrima cante
tu recuerdo.
Que cada gemido cante
tu recuerdo.
Tu pueblo tiene tu forma,
su voz tu viril acento.
No has muerto.
Hablan por ti sus talleres,
el hombre y la mujer nuevos.
No has muerto.
Sus piedras llevan tu nombre,
sus construcciones tu sueño.
No has muerto.
No hay mares donde no habites,
ríos donde no estés dentro.
No has muerto.
Campos en donde tus manos
abiertas no se hayan puesto.
No has muerto.
Cielos por donde no cruce
como un sol tu pensamiento.
No has muerto.
No hay ciudad que no recuerde
tu nombre cuando era fuego.
No has muerto.
Laureles de Stalingrado
siempre dirán que no has muerto.
No has muerto.
Los niños en sus canciones
te cantarán que no has muerto.
Los niños pobres del mundo,
que no has muerto.
Y en las cárceles de España
y en sus más perdidos pueblos
dirán que no has muerto.
Y los esclavos hundidos,
los amarillos, los negros,
los más olvidados tristes,
los más rotos sin consuelo,
dirán que no has muerto.
La Tierra toda girando,
que no has muerto.
Lenin, junto a ti dormido,
también dirá que no has muerto.

1 jun 2013

Andréi Voznesenski : Goya





¡Soy Goya!
El enemigo picoteó las cuencas de mis ojos,
como cuervos en campo arrasado.

Soy el trueno.

El desastre.
Guerras, tizones de las ciudades
sobre la nieve del año cuarenta y uno.

Soy el hambre.

La garganta
De mujer ahorcada pendiendo de la campana
sobre la plaza desnuda. . .

¡Soy Goya!
¡Oh racimos
de la ira! Yo aventé hasta Occidente
Las cenizas del invasor.
Y en  la lápida del cielo, como clavos,
hinqué firmes estrellas.

Soy Goya

 Traducción de Blas de Otero



21 may 2013

Vuelven a publicar "RUSIA EN 1931", de César Vallejo



RUSIA EN 1931. REFLEXIONES AL PIE DEL KREMLIN
Autor: VALLEJO, CÉSAR
ISBN: 978-84-8472-776-7
Editorial: EDITORIAL RENACIMIENTO, S.A. (SEVILLA)
Año: 2013
Precio: 18.00 €
Páginas: 248



«A fines de los años veinte César Vallejo realizó dos viajes a la Unión Soviética, cuyas impresiones plasmó en diversas crónicas que publicó en Lima y Madrid, para reunirlas más tarde bajo el título de Rusia en 1931 (Ediciones Ulises, 1931). El valor de aquellos testimonios es doble, pues además de haber sido escritos por uno de los más grandes poetas del siglo XX, fueron crónicas contemporáneas de los textos "rusos" de Manuel Chaves Nogales, Josep Pla, Miguel Hernández y Julián Zugazagoitia, entre otros autores españoles.

Rusia en 1931 es un relato entusiasta y pro-soviético, pero al mismo tiempo libre e independiente, ya que el poeta peruano no viajó a Rusia invitado por el Kremlin ni fue compensado económicamente por la simpatía de su reportaje. Todo lo contrario: César Vallejo regresó a la pobreza y la zozobra parisinas, donde murió en el desamparo más absoluto. La presente edición viene a ser la segunda española y tercera en nuestra lengua, enriquecida por lo tanto con los aportes y enmiendas de la edición peruana de 1965.» 



Tomado de LA ESPINA ROJA


18 jul 2011

Sergey Esenin: CARTA A UNA MUJER





Usted se acuerda,
usted, claro, de todo se acuerda,
cuando andaba nerviosa
por la estancia
- yo a la pared pegado –
y me reñía
con acerbas palabras.

Decía usted
que había llegado
la hora de separarnos,
que a causa de mis locuras
sufría mucho,
que iba a dedicarse a sus cosas,
y que yo estaba condenado
a rodar por la pendiente.

Querida:
Usted no me amaba.
Ignoraba que entre el gentío
era yo cual caballo espumeante,
espoleado por audaz jinete.
Ignoraba
que entre aquella humareda,
en la fosca tormenta de la vida
sufría yo, sin comprender
lo que se avecinaba.
De cara a cara
no se ve el rostro.
Lo grande se ve a distancia.
Cuando el mar se encrespa,
corren riesgo las naves.
¡Y de pronto
se convirtió la tierra
en una nave!
Alguien
empuñó majestuoso el timón
rumbo a la nueva vida prodigiosa
por entre vendavales y tormentas.
¿Quién no se cayó en la cubierta?
¿Quién no vomitó y no maldijo?
Pocos hubo que no se mareasen,
que venciesen aquel torbellino.
Entonces
entre un clamor salvaje,
sabiendo bien lo que me hacía
bajé a la bodega
para no ver vomitar a la gente.
Aquella bodega
era eso: la taberna.
Yo me entregué al vino
para no padecer pro nadie
y hundirme
en la embriaguez.
Querida:
La hice sufrir, es cierto.
En sus cansados ojos
se asomaba la pena
al ver que yo, ostentosamente,
me consumía en escándalos diarios.
Pero usted ignoraba
que entre aquella humareda,
en la fosca tormenta de la vida,
sufría yo,
sin comprender
lo que se avecinaba…


··············································
Han pasado los años.
Mi edad es ya otra.
Ahora pienso de distinto modo.
Ahora brindo en los días de fiesta
por el gran timonel.
Me embargan hoy
amables sentimientos.
Al recordar su angustia
quiero apresurarme
a decirle
lo que fui antes,
lo que soy ahora.
Querida:
Me complace comunicarle
que no rodé por la pendiente.
Vivo en el Territorio Soviético
como el más entusiasta adherente.
No soy ya
el de antes.
Ahora no la haría sufrir
como entonces.
Tras la bandera de la libertad
y del trabajo luminoso,
estoy dispuesto a ir
al fin del mundo.
Perdóneme…
Sé que usted no es la de ayer.
Ahora vive
con un marido serio, inteligente.
A usted no le hacen falta
nuestros duros quehaceres,
y yo tampoco
le hago la menor falta.
Viva bajo
el signo de su estrella,
bajo su mansión renovada.
La saluda su amigo
que jamás la olvida,
Serguéi Esenin



Traducción de José Santacreu




Sergey Esenin: EL CANTO DE LA PERRA







El canto de la perra

Al alba, en el granero del centeno,
en un montón de áureas arpilleras,
parió la perra siete cachorrillos,
siete cachorros de color canela.

Estuvo todo el día acariciándolos,
les alisaba el pelo con la lengua,
y chorreaba nieve derretida
bajo su vientre de tibieza.

Y al caer la noche, cuando las gallinas
estercolan su pértiga,
apareció con mala cara el amo
y a los siete metió en una talega.

A la carrera por los ventisqueros,
sin perderlo de vista lo seguía.
La tersa faz del agua sin helar
un estremecimiento recorría.

Y cuando se arrastraba de regreso,
lamiéndose el sudor de las costillas,
creyó ver en la luna sobre el chozo
a una de sus crías.

Al cielo azul oscuro la mirada
levantaba, llamando y aullando,
pero la luna huía, adelgazada,
y se ocultó en un cerro por los campos.

Y mudamente, como cuando alguno
por ganas de jugar le tiraba una piedra,
lágrimas en la nieve como estrellas de oro
cayeron de los ojos de la perra.

Tomado del blog Viñamaria