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7 may 2020

Biografía rápida de Thiago de Mello





Amadeu Thiago de Mello, nace el 30 de marzo de 1926, en la localidad de Porantim do Bom Socorro, distrito de Barreirinha del estado de Amazonas, asentada a la orilla derecha del Paraná do Ramos, el brazo más largo del río Amazonas.

En 1931, su familia se muda a  Manaus, capital del  estado de Amazonas, allí realiza sus primeros estudios.  Se trasladó, en 1941, a Río de Janeiro,  en 1950 ingresó en la Facultad Nacional de Medicina, ese mismo año público su poema Tempo por Meus Olhos - Tiempo por mis ojos,  en el periódico Correo de la Mañana, donde colaboraba.   En 1954 abandona sus estudios de Medicina.

En 1951, con el poeta Geir Campos  funda la Editora Hipocampo y con ella publica su poemario Silencio e Palavra.  La crítica literaria carioca, entre ellos Álvaro Lins, Tristán de Ataíde, Manuel Bandeira, Sérgio Milliet y José Lins do Rego, le brindo buena acogida a su opera prima.

En 1959 se le confía la dirección del Departamento de  Cultura  de la Ciudad de Río de Janeiro.  Al año siguiente, asume el cargo de agregado cultural de Brasil, se le destina a  Bolivia  y  posteriormente, en 1963, a Chile, allí conoce a Pablo Neruda, y le traduce una antología.

En 1964 (el 31 de marzo) militares brasileños ejecutaron la operación Brother Sam, diseñada por el gobierno estadounidense para derrocar la presidencia de Brasil. Después del golpe de Estado Thiago de Mello tuvo que regresar a Brasil, publica Faz Escuro Mas Eu Canto, 1965, A Canção do Amor Armado, 1966,  fue perseguido por la dictadura debido a su mensaje político y en esas circunstancias acepta ser jurado de poesía del Premio Casa de las Américas en 1967, al año siguiente tuvo que exiliarse en Chile. 

En 1974 se trasladó a la ciudad de Mainz, Alemania (occidental, antes de la reunificación), para trabajar como profesor en la Universidad Johann Guttenberg. Publica Poesia Comprometida com a Minha e a Tua, 1975, y los  Estatutos do Homem, 1977, ese año también integra el jurado  del Premio Casa de las Américas. 

En  1978 retorna del exilio. Bajo la dirección de Flávio Rangel, presenta en diez capitales brasileñas  el espectáculo Oscurece pero yo canto, al lado del interprete y compositor Sergio Ricardo. En 1982 su poema Los Estatutos del hombre se difunden en la revista El Correo de la Unesco. Respecto a la poesía infantil y juvenil ha publicado Amazonas Agua, Passaros, Seres e Milagres (1998), Amazonas: no coração encantado da floresta (2003) y Almanaque do Aluá (2006).


Se ha dedicado a la traducción de la poesía de Ernesto Cardenal: Salmos (1983),  A Vida no Amor (1984) y Cântico Cósmico (1996); también ha traducido a los cubanos Nicolás Guillén (Songoro Cosongo y otros Poemas, en 1986) y Eliseo Diego (Debaixo dos Astros, 1994). En 1985 presentó su versión al portugués de Poesía Completa de Cesar Vallejo y  ha traducido de Pablo Neruda  Versos do Capitão (1994), los poemas juveniles hallados en Cadernos de Temuco (1998)  y ha publicado una antología titulada Presente de um Poeta (2001).  En 2006 publica Poetas da América de canto castelhano,  un antología con 400 poemas de 120 autores.

Ha traducido al español a Carlos Drummond de Andrade, Manuel Bandeira y Carlos Pena Filho, en 1993, en Chile, se publicó Panorama de la Poesía Brasileña con traducciones suyas y de Adán Méndez. Su poesía ha sido traducida por Pablo Neruda, Armando Uribe, Mario Benedetti y David Chericián.

En 2020 reeditará Horóscopo para os que estão vivos. Y la primera edición comercial de Notícia da visitação que fiz no verão de 1953 ao rio Amazonas e seus barrancos, Noticias de la visita que hice en el verano de 1953 al río Amazonas y sus barrancos, sólo tuvo una pequeña edición institucional en 1963.







28 nov 2014

Rápida Biografía de Armando Tejada Gómez




Nace el 21 de abril de 1929 en Mendoza. Es penúltimo hijo de  24 hermanos que tuvieron Lucas Tejada y Florencia Gómez, el padre ejercía el oficio de tropero, es decir llevaba  ganado a través de la cordillera a la provincia de San Juan y a Chile.



Cuando fallece su padre debe de ser criado por su tía Fidela Pavón en el campo, fue ella quien le enseño a leer,  en su infancia tuvo que trabajar  como canillita, lustrabotas,  etc., fue autodidacta, a los 15 años, cuando  era obrero de construcción civil,  adquirió su primer libro: Martin Fierro, desde su lectura integró a su vida la poesía, la actividad intelectual, como un complemento  a su lucha por el bienestar común.



Su trayectoria literaria  se inicia con la premiación de sus poemarios  Pachamama (1953) y Tonadas de la piel (1955); En 1957 su poema La verdadera muerte del compadre también fue premiado.

Se desempeña como locutor de radio, sus comentarios le consiguen problemas con el régimen de Perón.  Su poesía se orienta hacia la temática social,  con sencillez y el uso del  lenguaje popular  su producción poética alcanza una máxima difusión.   



En 1958 Apoya a la Unión Cívica Radical Intransigente; Arturo Frondizi, es elegido  Presidente de la Nación y Armando Tejada Gómez,  diputado provincial, ese año publica Antología de Juan , “del anónimo e innumerable Juan de todas partes del país” y  Los compadres del horizonte. Al año siguiente, junto a otros diputados conforman un bloque independiente de la UCRI en rechazo a la política económica pro imperialista de Frondizi, visita China, URSS y Francia, a su retorno se  afilia al partido comunista. Terminado su mandato vuelve a su puesto de trabajo en la radio.



En 1961  Los compadres del horizonte, obtiene  la Primera Recomendación del Segundo Concurso Latinoamericano de Literatura "Casa de las Américas".

En 1962, Mercedes Sosa grabó su primer álbum, La voz de la zafra, con canciones de Oscar Matus y Tejada Gómez.



En 1963, Mercedes Sosa, Oscar Matus y Tejada Gómez, Eduardo Aragón y Tito Francia, dieron a conocer el manifiesto de fundación del Movimiento del Nuevo Cancionero. Ahí va Lucas Romero, es publicado este año y contiene  poemas sobre  la épica cotidiana de los  campesinos de greda y horizonte”.

En 1964, decide dedicarse íntegramente a su tarea artística, se asienta en Buenos Aires, allí monta un espectáculo teatral e inicia la grabación de sus discos con poemas y acompañamiento de guitarra.



En 1967 publica Tonadas para usar,  y en 1968 Profeta en su tierra, que es una antología de sus primeros libros.



En Amanecer bajo los puentes publicado en 1971, relata su infancia sufrida y sus comienzos en la poesía. Sus canciones empiezan a tener reconocimiento internacional.



En  Canto popular de las comidas (1974) hace un homenaje a la civilización de de Tiahuanaco destruida durante la conquista y los primeros años de la república criolla,  pero que pervive en las tradiciones orales y en la práctica de la preparación de los alimentos. Este  homenaje nace desde su lectura de Martin Fierro, de los chilenos Pablo de Rokha y Neruda, pero se aleja del enfoque sensitivo para relievar la importancia que tienen las actividades humanas alrededor de las comidas. Con este libro obtuvo el Premio Poesía “Casa de las Americas”.



En 1976, es incluido por el gobierno militar  en el  listado de composiciones y autores prohibidos, allí figuran: Canción con todos y Fuego en Animaná (con música de César Isella). Se le prohibieron las presentaciones, la difusión de sus canciones y la publicación de sus libros.



Al iniciar 1978 viaja a España, a intentar suerte, retorna en noviembre. Se entera  que su novela Dios era olvido obtuvo el Premio Internacional de novela, en Bilbao. A su retorno a Argentina utiliza el seudónimo Carlos de Mendoza para registrar sus temas  nuevos y poder lograr su difusión. En 1981 es finalista del Premio Plaza y Janès de Novela Argentina, por su novela Cuatrocientas Sudestadas, luego editada como El Rio de la Legua.



En 1982 participa del Primer Foro  y Festival  Latinoamericano de la Nueva Canción, en México, retorna a Argentina al iniciarse la guerra de las Malvinas. En 1983 es invitado a participar en festivales internacionales en: Nicaragua, Venezuela y Cuba.

En 1984 publica su cancionero Toda la Piel de América.

En 1986 Bajo estado de sangre con los poemas que escribió durante el periodo  más cruento de la dictadura 1974-1983.



En 1991 publica el poemario Cosas de niños  y su novela El  Rio de la legua.

Fallece el 3 de noviembre de 1992  en Buenos Aires y en 1994 se edita su poemario póstumo Telares del Sol.


 con información obtenida en: http://www.tejadagomez.com.ar/



LA ÚLTIMA ENTREVISTA CON ARMANDO TEJADA GÓMEZ


Por Andrés Cáceres


En un bar de la calle Amigorena, meses antes de morir en 1992, Armando Tejada Gómez fue entrevistado por Los Andes. Quien esto escribe tomaba un café y otro y fumaba mientras el escritor vaciaba una botella de ginebra, seguía con vino y proseguía con más vino, con una cultura alcohólica envidiable. El relato, que duró más de dos horas, fue tan coherente que no hubo necesidad de corregirlo. Hoy, en su homenaje, lo damos a conocer sin las preguntas, apenas abreviado por razones de espacio.


De canillita a poeta

Comencé a escribir poesía a los 13 años. Fui a la escuelita de Tres Porteñas en San Martín. A la muerte de mi padre, mi madre nos repartió porque éramos muchos y yo fui a casa de una tía india, Fidela Pavón, en el campo, cosa que le agradezco a mi madre para siempre. Allí fui tres meses a la escuela, pero fue mi tía la que me enseñó a leer, durante una convalecencia, en su catecismo. Era muy beata y hacía novenas recorriendo fincas. Yo leía las partes que me indicaba y me habitué a la letra de imprenta. Tuve una enorme dificultad para escribir. Además, teníamos que ayudar a nuestra madre y fui muy poco a la escuela.

Salí a vender el diario Los Andes, querida memoria de este pueblo, a los 6 años y a los 15 terminé mi primer libro de poemas. Ese libro tenía influencias hasta del pasto. Era un adefesio fenomenal. Por suerte se lo llevó el viento; se lo llevó el canal Guaymallén para siempre.

El canto de nuestra gente

A los 20 me empezaron a salir algunas cosas y a los 23 escribí "Pachamama", poemas de la tierra y el origen; cosmogonía americana del Universo. Entre las consejas de los mayores y de los indios huarpes, de los que yo provengo, y de las reuniones de fogón, aprendí la cultura americana, porque no frecuenté aulas. Aprendí la voz popular en que creíamos. Muchas palabras huarpes que conocía de niño se usan todavía. Cuando volvíamos de lustrar, yo oía a los cantores en los boliches que había a orillas del canal Guaymallén y el canto de nuestra gente se nos inoculó para siempre en la mente y en el espíritu. En la sangre ya lo traíamos.

Esta vinculación con el canto, la música y la copla ha creado una imagen bastante confusa. Se me considera a veces músico y me adjudican la autoría de muchas composiciones y yo jamás escribí una nota. La fama del autor de canciones y del cantor tapó el acontecimiento vertebral de mi vida, que es la literatura. Aun en Buenos Aires no se me considera un escritor. Sobre todo en los cenáculos que, además, los detesto. No soy muy agradable ni sociable con los círculos. Pero vivo a disposición de mi gente, de mi pueblo. En el lenguaje y en la escritura, cualquiera sea el método que utilice, me lo da la gente.

De la Medialuna a la fama

"Pachamama" está dedicado a mi madre. De ella recibí las más grandes enseñanzas de nuestra cultura huarpe y americana. Tenía sexto grado porque mi abuelo había sido próspero en Panquehua y un revolucionario: mandó a sus hijas hasta sexto grado, lo cual era una osadía en esos tiempos.

En 1954 gané el certamen literario de la Municipalidad de la Capital con "Pachamama" y lo pude editar. Yo era entonces obrero albañil y alternaba ese trabajo con la radiotelefonía, a la que recién ingresaba. Cuando abrieron el sobre de los datos personales se encontraron con un autor desconocido, domiciliado en la calle Ricardo Gutiérrez de la Medialuna y salté a la fama en la literatura, pero ya tenía pegada la fama de cantor, como diría Borges, de un compadrito de los arrabales y piringundines. La comunicación que tenía con la gente a través del canto y la guitarra creó un malentendido: yo era una especie de malevo que escribía versos. Muchos se ocuparon de agrandar la leyenda y otros de ponderarla. En 1957 gané, por unanimidad, el premio Los Andes del 75º Aniversario, con un poema del libro "La verdadera muerte del compadre". Y ahora te voy a contar cuántas veces perdí por unanimidad, antes de los premios.

Locutor inhabilitado

Por entrevistar a Juan Carlos Castagnino, que venía de China, me hicieron un sumario en la radio y me inhabilitaron como locutor en todo el país. Fue un año de exilio, en un Estado nazifascista, totalitario. Me ataron el paquete porque, además, me había negado a ponerme luto por la muerte de Eva Perón, a quien admiro, pero no me gustaba que fuera obligatorio. Lo mismo que hizo más tarde la dictadura militar, ya me lo habían hecho a mí. Se prohibió mi nombre. Yo recién empezaba a hacer canciones, de modo que las difundían sin mencionarme.

Partí al norte con una compañía folclórica, con el Chango Nieto y Eva Godoy, y nos fundimos en Tucumán. Empeñamos lo que teníamos y arribamos a Buenos Aires. En el ínterin escribí "Tonadas de la piel" y lo envié al concurso que hizo Gildo D'Accurzio y gané el premio, que era la edición.

La Nueva Canción

Mi hermano Lucas, obrero albañil, me dijo un día que sus compañeros decían que yo escribía cosas que nadie entendía. Le expliqué que para poder manejar todos los elementos que conforman el trabajo literario necesitaba dominar el idioma, pero me quedé con la espina. Fue cuando comencé a escribir mis poemas llamados sociales, que me catapultaron otra vez a la fama. Al mismo tiempo creamos con Oscar Matus, Tito Francia, Zanessi y Martín Ochoa, la Nueva Canción. Éramos una juventud a la que nos gustaba el jazz, Beethoven, Mozart, Bach, la tonada, la cueca: nunca hicimos una frontera para la música. Después, cuando recorrí el mundo, advertí que teníamos razón, que esa era la nueva cultura que asomaba.

En aquel momento fue cuando escribí "Hay un niño en la calle". En Primitivo de la Reta y Amigorena había un boliche que era el punto de reunión. En esas charlas, a causa de una apuesta, salió el tema del canillita que yo había sido.

El diablo de colmillos rojos

Yo tenía un terreno en Luzuriaga, donde había levantado un par de piezas. Si este país hubiera tenido gobernantes que hubieran logrado un desarrollo sostenido, tal vez los diarios se venderían en los quioscos y los niños, en lugar de andar por la calle, estarían en la escuela. Entonces escribí: "A esta hora, exactamente, hay un niño en la calle". A partir de ese verso aparecieron el premio y el castigo. Para muchos fui un diablo comunista, un subversivo; para otros, un poeta con alma social y espíritu cristiano. Pero lo que prevaleció, en pleno nacimiento de la Guerra Fría, fue el diablo de colmillos rojos que se quería comer a las niñas de la buena sociedad.

Yo venía de los obrajes y de las cosechas de fruta. Me había criado duramente, esa era la verdad, y lo estaba traduciendo a lenguaje escrito. Y tuve éxito. En España les costaba creer que cualquier libro mío de poesía tenía una tirada de diez mil ejemplares.

Yo sentía que había acertado con un lenguaje imprescindible, de diálogo con el desvalido, con el desgraciado de la tierra. Yo era uno de ellos y no por tener una situación diferente me sentía alejado. La noche que escribí "Hay un niño en la calle" estaba acertando con un drama mundial que ahora está frente a nuestras narices. Yo estoy seguro que nadie quiere ser injusto, pero se aferran tanto a los intereses materiales y burdos que no prestan atención a esa población marginal, que no pertenece a ningún partido ni a sindicato alguno, ni a vecindario alguno, y que en la búsqueda de una dignidad que se les ha negado, se convierte en depredadora. Es así como asistimos a una depredación permanente.

Me gustaría que la gente pudiente reflexionara un poco y se diera cuenta de que nada vale si hay un niño en la calle, porque todo el mundo tiene derecho a la vida y, además, ese niño se va a multiplicar. Esto lo puse sobre el tapete y a partir de ahí me volqué a lo que se llama literatura social y comprendí aquello que decía Sartre, del grado de compromiso con la historia.

Protestas, huelgas, presidio

Desarrollé otros temas, buceando en esta problemática y llegué a parar al centro del combate físico de las luchas sociales. Esta actuación me lleva, en algún momento, a ser diputado. Entonces, yo era delegado del gremio de la construcción. Este accionar me significó, también, ir diez veces a la cana, por encabezar movimientos de protesta entre los cosechadores.

Mi novela "Dios era olvido", que va a nacer mucho después, cuenta sobre la primera huelga a causa del precio del tacho de uva. Inconteniblemente, caigo al tema de "Antología de Juan", que es mi síntesis. Es más, inventé un libro que es interminable, cuya segunda edición se ha producido hace un año y con más poemas de los que tenía el original. En esa antología fui anotando todos estos temas sociales.

Lenguaje de masas

En Buenos Aires puse un espectáculo muy modesto. Allá vi caer a Perón y toda esa cosa que parecía inamovible. Del mismo modo como había leído que cayeron Yrigoyen y Rosas, y me di cuenta que esto era una verdadera carnicería humana, que nos fracturaba toda memoria cultural. Anteayer era delito que yo no llevara luto o que hablara por radio y ahora era delito llevar una escarapela con la imagen de Perón o Evita. Por entonces era soltero. Pensé en mi madre, en este país caníbal y como ya pude regresar a Mendoza, volví y recuperé mi puesto en la radio. El doctor Vítolo me puso en la biblioteca legislativa, donde leí todos los libros que pude. Pero me quería de candidato y yo prefería estar con los rebeldes del MIR. Es la época de Frondizi, quien luego fue despedazado minuciosamente, incluso por mí, que había entrado en el canibalismo político. En esos momentos escribí "Historia de tu ausencia", uno de los libros más dulces que tengo, y luego "Los compadres del horizonte", dedicado a dos diablos del averno: Benito Marianetti y Ángel Bustelo. Más tarde escribí "El capitán del sur", un poema sobre la gesta de San Martín, nuestro vecino de la Alameda.

Las canciones venían subyaciendo desde que Matus y yo teníamos entre quince y diecisiete años. Éramos románticos, adolescentes, y hacíamos unas guaranias llenas de melosa literatura y música correspondiente, hasta que un día escribimos la de los humildes. Simultáneamente éramos cantores y yo lo fui hasta los veinticinco años. Dejé de cantar porque me aburría. En la mitad de una zamba ya estaba cansado, porque me interesaba más la poesía como lenguaje de masas. El texto de la canción me parecía chico y no quise cantar más.

Ya teníamos "Zamba del riego", epicentro de lo que fue la Nueva Canción, "Tonada de mi padre tropero" y "Zamba de la distancia", que altera la armonía y crea un nuevo sentido de la narración verbal en el canto popular folklórico. Luego viene "Zamba azul" y "La Pancha Alfaro", y mientras tanto escribí "Ahí va Lucas Romero" y gané varios premios.

A pie a la Legislatura

Luego vino la diputación, mis luchas en la Legislatura, mi apertura hacia otras ideas políticas y mis viajes. La política es una disciplina que absorbe completamente. El que tiene vocación, muere allí. No era mi caso. Al término de mi mandato me querían usar de aquí y usar de allá. En eso me premiaron desde la Casa de las Américas en La Habana, por "Los compadres del horizonte".

Se me planteó el problema de mi verdadera vocación. Inventé que me iba a Buenos Aires y me encerré en mi casa de Luzuriaga a pan y agua, como hago cada vez que tomo decisiones importantes en mi vida. Después llamé a mis camaradas y compañeros y les dije que me relevaran, que nunca iba a perder mis convicciones, pero que la política no era mi tarea. Pepe García, un gran dirigente comunista, me dijo que Lenin fue escritor y revolucionario. Y yo le dije: "Claro, pero yo me llamo Armando Tejada Gómez, y soy un negrito de la Medialuna". Don Benito Marianetti, que era un hombre muy amplio, el día que yo leí "Ahí va Lucas Romero", me dijo: "Este es como otro Martín Fierro; tómese toda la licencia que quiera y si es para siempre, que así sea". Mi madre, doña Florencia, diosa del país de Cuyo, me lo enseño todo. El primer día, cuando iba para la Cámara, me dijo: "No mienta nunca a su pueblo", y me besó. Con esa orden hice toda mi tarea legislativa. Hay cosas como éstas que quiero contarlas. El primer día que nos reunimos en el bloque, apareció uno de esos señores de portafolio. Me ofreció un Kaiser Carabela a pagar en largas cuotas. Le dije: "Mire señor; yo he llegado a pie a la Legislatura y me voy a ir a pie".

El único intelectual

Yo me había ganado ya, creo, todos los premios de la provincia y me iba a hacer odiar porque acá, vecinalmente, somos malísimos. Las canciones habían comenzado a circular. Vamos a decirlo en términos duros: mi negocio se había trasladado a Buenos Aires. Mi trabajo estaba allá y yo debía ayudar a sostener a mi familia, todos obreros y campesinos. El único que llegó a intelectual fui yo. En Buenos Aires, las canciones iban delante de mí y luego, también los libros.

"Nunca he sido antiperonista"

Tras el gobierno de Frondizi vino un tal Guido, una especie de gelatina de la Latinoamérica del subdesarrollo, y con los militares en el gobierno, el trato fue mucho peor. Incluso con el regreso de Perón. Nunca he sido antiperonista: que eso quede bien claro. Poco a poco supe que no hay que ser 'anti' de muchas cosas. En la Legislatura conocí a hombres probos del partido conservador. Los he respetado y me han respetado. Sabíamos que éramos hombres que peleábamos por el bienestar de nuestro pueblo desde puntos de vista diferentes. No es que esté haciendo las paces. Yo ya no necesito nada. Estoy despojado de todo. Tengo todo lo que podría tener un hombre, un negrito de la Medialuna: estoy en el Espasa Calpe; ¡qué sé yo!, todas las zonceras que huelen a almidón y a eternidad; acabo de rechazar un homenaje en Buenos Aires, en fin... No me gustan. A mí me homenajea el pueblo todos los días: no más que ver cuántos libros míos se venden.

Después vinieron las giras por todo el país. Monté en Buenos Aires un espectáculo con poesía hablada, ese arte de masas que nace en la juglaría y los coros griegos y de algún modo la gente regresó al hábito de escuchar poesía. Grabé discos y fui mi propia empresa. Natalio Faingold, recuerdo, me prestó treinta mil pesos para que editara mi primer disco. Fue un éxito tal que a los treinta días se los devolví, aunque él dice ignorar que me los prestó y, lo que es peor, dice ignorar que se los devolví.

Una cárcel dorada

En Buenos Aires se reeditaron varios libros, escribí tonadas y fueron momentos muy duros, muy políticos, muy polémicos. Cuando la dictadura última, cuando los genocidas no nos dejaron vivir y yo estaba prohibido, tenía prohibido todo mi país. Me dieron una cárcel dorada que fue Buenos Aires y ahí escribí mi primera novela. Un drama en dos actos que era horrísono. Es que no sé escribir en prosa. De ahí nace "Dios era olvido", que lo amo porque rescata todo el lenguaje cuyano, que no es moco de pavo: hay una cuyanidad. Hay un modo de serlo, de existir, de estar. En Occidente, ser es tener, llenarse de cosas, tener un departamento, un auto, una casa de campo, una cuenta bancaria, tarjetas de crédito, prestigio social y brillo, porque para ser alguien se necesitan objetos y que los demás lo noten. Contrariamente, desde el punto de vista de la cosmogonía americana, ser es estar y esto lo dejo para la reflexión de todos mis conciudadanos.

La cuyanidad

La cuyanidad se nutre de una etnia a la que se ha tratado de tapar con arena. Hay una cultura milenaria: de ingeniería hidráulica, de cultivo, de cerámica, de telar, de cestería y mimbrería que no ha sido superada. Los conquistadores no descubrieron nada. Dieron un ¡pumba! colosal contra el continente. Aquí había cultura y muchísima. Toda la cultura del Cusco, de los mayas, Teotihuacán, Chichén-Itzá, el sistema de la ciudad multiplicada hasta el mar, la escritura en los códices, la escritura del quipus. Somos un continente enterrado, y todo lo que le queda a Occidente es desenterrarnos para ver hasta dónde sabíamos algo. Tiahuanaco parece ser, según un estudio que hay en la Unesco, una de las primeras metrópolis organizadas de la humanidad, tapada con arena.

"Canción con todos"

Mi última novela se llama "El río de la legua", habla de los cuatrocientos años de vida de Buenos Aires, desde que llega Pedro de Mendoza hasta que cae Perón. Es una saga y ese es el primer tomo. Luego tengo que escribir el otro tomo si me da el cuero. El otro libro que he presentado se llama "Cosas de niños" y son poemas para adultos escritos desde el niño. "Dios era olvido" la escribí durante la dictadura y gané un premio internacional. No me gusta decir esto. Ganamos doce mil dólares, que nos hizo muy bien a todos los exiliados que estábamos tirados allá. La "Canción con todos" ha sido designada "Himno de América Latina" en la Unesco y traducida a treinta idiomas, algunos tan insólitos como el danés. He firmado contrato para autorizar las traducciones. Ahora estoy revalorizando cosas que en el apuro no vi sobre mi país de Cuyo. Creo que hay que insistir en el tema de desenterrar esta memoria étnica. Creo que había una excelente y bella cultura, no para negar otras sino para que alguna vez nos escuchen a nosotros. Yo no niego nada: me pongo toda la cultura mundial encima. Sólo que a veces me harto y cuando estoy en algún foro mundial les pido: ¿Me dejan decirles cómo es la cultura de nosotros? Y se ponen muy nerviosos.
 
Casamiento con rito huarpe

Tal vez vuelva a radicarme en Cuyo. Me casé con una joven y es la primera vez que tenemos parientes europeos en la familia. No es por eso que hable con desaprensión. Tengo un enorme respeto por la cultura europea, pero les exijo que ellos también la tengan por nosotros. Me casé con una joven de apellido Succhini que me dio dos hijas bellísimas. La mayor nació cuando yo estaba visitando China. Al nacimiento de la menor, asistí en la Clínica Patricias. Las dos son mendocinas. El tercero, Gabriel, tiene seis años. Es hijo de otra pareja, con quien no nos hemos llevado bien. Y mi tercer matrimonio es con Teresita Graffigna Bustelo, ya con ella muy asumidos todos nuestros apremios culturales. Nos hemos casado en Pismanta por el rito huarpe, frente a toda nuestra familia.

El rito huarpe consiste, en parte, en el serviñacu, que es un servicio mutuo. La pareja se prueba durante un año. Cuando se ha cumplido el plazo, acude a su familia y rinde cuentas del resultado de esa unión. Si quieren seguir siendo pareja para siempre, se convoca al mayor de la comunidad, que puede ser pariente o no, y él hace el ritual del casamiento. Consiste en ubicar en el punto más visible de un sitio, al mediodía pleno de América, y allí el mayor de la comunidad dice una oración, una rogativa por la pareja, que está descalza sobre la tierra. La mayor de la comunidad vuelca la bebida del lugar, en mi caso fue vino, para que beba la Pachamama. Con las manos se hace una especie de pirámide entre todos y sobre esa pirámide, se tira la bebida. La mayor de la comunidad y no de la tribu, vuelca la bebida.

Ni indios ni tribu

Tribu es un concepto occidental. Nosotros no somos ni indios ni tribu. Cuando el vino cae, la pareja dice una rogativa muy breve: "Pachamama cusilla, cusilla Pachamama". No es madre tierra, como traducen los españoles. Quiere decir: "Lo que es fue y será; lo que permanece y permanecerá: el Universo. Cusilla quiere decir ampáranos. Y listo.
Los Andes On Line - Lunes 11 de noviembre de 2002  - Mendoza, Argentina


1 jun 2014

Maya Angelou aún se levanta


Amy Goodman y Denis Moynihan
  Publicado el 30 de mayo de 2014


“Podrás inscribirme en la historia
Con tus mentiras amargas y retorcidas,
Podrás arrastrarme en el fango
Y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.”

 Estas son las palabras que entona Maya Angelou en su famoso poema “A pesar de todo, me levanto”. Angelou murió esta semana a los 86 años en su hogar de Carolina del Norte. Al recordarla, es importante destacar su compromiso con la lucha por la igualdad, que era una lucha no solo por su propia vida, por las mujeres y las personas afroestadounidenses, sino por la paz y la justicia en todo el mundo.

“Si crecer en el sur es doloroso para una chica negra, ser consciente de su propia exclusión es como tener una navaja al cuello”, escribió en el prólogo de su primera y sobrecogedora autobiografía, titulada “Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado”, que relata su vida desde la niñez hasta los 17 años. Nació en St. Louis con el nombre Marguerite Ann Johnson. A los 7 u 8 años de edad fue violada por el novio de su madre, que fue asesinado a golpes poco tiempo después. Como consecuencia de esa experiencia traumática, Maya prácticamente perdió el habla durante cinco años, en los que solamente hablaba con su hermano. Fue madre soltera a los 17 años y tuvo que luchar para mantener a su hijo, lo que la llevó a tener diversos empleos. Finalmente, tuvo éxito como cantante de calypso.

Tras escuchar un discurso de Martin Luther King Jr. en la Asociación de Escritores de Harlem, de la que era miembro, produjo junto con un músico colega la revista musical el “Caberet de la Libertad”, que presentaron en el barrio Greenwich Village de Nueva York a beneficio de la organización que presidía King, la Conferencia Sur del Liderazgo Cristiano, también conocida como Conferencia de Líderes Negros del Sur. Según cuentan, fueron el propio King o el legendario activista Bayard Rustin quienes le pidieron a Angelou que asumiera una posición de liderazgo en la organización, ofrecimiento que aceptó y así se convirtió en la coordinadora del grupo en el Norte.

Maya Angelou fue una fuerte defensora de Fidel Castro y de la Revolución Cubana. En 1961 conoció a un activista sudafricano por los derechos civiles, del que se enamoró, lo que la llevó a mudarse con su hijo a El Cairo. Aunque estuvieron juntos durante tan solo tres años, Angelou se quedó en África. Allí se mudó a Ghana, donde conoció a Malcolm X y colaboró con él en el decisivo proyecto político que estaba forjando: la Organización de la Unidad Afroestadounidense. Angelou regresó a Estados Unidos para apoyar la iniciativa, pero Malcolm X fue asesinado poco después de su regreso. Esa tragedia y el asesinato de su amigo Martin Luther King Jr. en 1968 fueron acontecimientos devastadores para Maya. En 1969 el autor James Baldwin, entre otros, la animó a que volcara su energía a la escritura. Así nació la primera de siete autobiografías y la estupenda carrera por la que Maya Angelou se hizo famosa en todo el mundo. Tras recitar su poema “En el pulso de la mañana” durante la ceremonia de asunción de mando del Presidente Bill Clinton en 1993, Angelou se ganó un lugar muy importante en la conciencia colectiva de Estados Unidos.

Si bien algunas escuelas y bibliotecas aún censuran sus obras por reflejar en ellas sin tapujos la vida que llevó, fue en la biblioteca de mi ciudad natal donde vi por primera vez a Maya Angelou, durante mi adolescencia. La biblioteca la invitó a pronunciar un discurso. De modo que habló, pero también bailó y cantó, demostrando un talento que nos hizo reír, llorar y estremecernos al punto de conmocionar a las cientos de personas que estábamos en el público, blancos y negros por igual.

Al recordar la vida de Maya Angelou, nadie puede hablar de forma tan elocuente como lo hizo ella misma sobre las personas que la inspiraron. En la Convención Nacional Demócrata de Boston, en 2004, Angelou habló de Fannie Lou Hamer, quien intentó, 40 años antes, que el Partido Democrático de la Libertad de Mississippi obtuviera reconocimiento. Angelou afirmó: “En lo más recóndito del corazón de todos los estadounidenses hay un ardiente deseo de pertenecer a un gran país, de representar a un país noble, donde los poderosos no sometan a los más débiles y el sueño de la democracia no sea propiedad exclusiva de los más fuertes”.


Dos años más tarde, el tributo de Maya Angelou a su amiga Coretta Scott King podría pronunciarse hoy en honor a la propia Angelou: “Fue la mujer afroestadounidense por antonomasia. Nació en un pequeño pueblo represivo del Sur. Nació de carne y hueso, pero estaba destinada a volverse de hierro. Nació como planta de aciano, pero se convertiría en una magnolia de acero”.

En el funeral del actor y activista Ossie Davis en 2005, celebrado en la histórica Iglesia Riverside de Harlem, Maya Angelou pronunció un discurso poético, como siempre. Sus palabras de reflexión sobre la muerte de su amigo también pueden servir para honrarla a ella:

“Cuando los grandes árboles caen, tiemblan las rocas de colinas distantes. Los leones se refugian en el alto césped y hasta los elefantes buscan seguridad. Cuando los grandes árboles se caen en los bosques, las pequeñas criaturas se retiran en silencio, sus sentidos alterados más allá del miedo. Cuando las grandes almas mueren, el aire alrededor nuestro se vuelve ligero, enrarecido, estéril. Respiramos, brevemente. Nuestros ojos, brevemente, ven con una claridad dolorosa. Nuestra memoria, repentinamente agudizada, examina, roe las amables palabras no dichas, los senderos prometidos nunca tomados. Las grandes almas mueren y la realidad que nos une a ellas nos abandona”.

La elocuencia de Maya Angelou vive en su poesía:

De las barracas de la vergüenza de la historia,
me levanto.

Desde el pasado enraizado en el dolor,
me levanto.

Soy un océano negro, impetuoso y extenso.
Fluyendo y embraveciendo soporto la marea.

Dejando atrás noches de espanto y miedo,
Me levanto.

Con los talentos que mis ancestros dieron,
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.

Y naturalmente…
Me levanto.

© 2014 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps.