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11 nov 2020

Alfonso Hernández: CANCIÓN PARA EL ÁLBUM DE INFANCIA


Recuerdo cuando eras niña y te escurrías como un conejito
entre los plantíos de la casa.
Tus formas llevaban la luz de los naranjos,
el mejor escaparate de tus ojos el barrio donde crecimos juntos.

Mama tenía una cocinita de carbón sobre una mesa de trastos
y en las tardes de invierno acostumbraba asar guineos verdes.
Formábamos flotillas con barcos de papel en los resumideros,
preferíamos jugar en los oscuros rincones
sigilosos de que nadie nos viera.

Un día tenías que partir,
la pobreza encendió su llamita
y tu familia tuvo que abandonar la casa del mesón.

Cuando salgo a caminar y miro a los niños jugando en los parques
me viene a la memoria las travesuras de cipote,
tu presencia de mujer,
tu sensibilidad de niña en mis cosas íntimas,
tu pulsación de madre
en esta noche que duerme entre tus piernas…



Alfonso Hernández: DESPEDIDA


Al hermanazo poeta Alfonso Velis Tobar
por enterrar las cenizas de mi Julia Daisy…


Nací en la ciudad donde el pabellón del rió flamea sobre el cielo,
El vuelo de los pájaros dejaba su huella,
Sueños escarchados en el dintel de la ventana
Y ella sonreía mientras las grullas bailaban en su cabellera.


Su esplendor me cautivaba
Sobretodo cuando acariciaba mi sombra
Que proyectaban las claraboyas del río.


Pero entonces vino la guerra y todo cambió,
Era el tiempo en que los lotos se yerguen con todo esplendor,
La luna mecía los bambúes,
Los plátanos silbaban la canción del guerrero,
Me despedí y el tiempo cayó con su tonelaje sobre los crepúsculos.


Pasaron los años, desde la montaña le escribí numerosas cartas
Que nunca supe si llegaron a sus manos.
El verano abrió sus persianas,
El tiempo pasó como un velocípedo,
Y me acostumbré a mirar entre el humo de la pólvora: el aire,
Los días, los calendarios de luna que volaban con su carromato.
La aurora recrudeció sus fulgores,
(¡Estás detenida en el tiempo!)
Los guijarros se metamorfoseaban hasta alcanzar la luz,
¿Dónde estarás cuando marche al próximo combate?
Nos queda la edad necesaria para cantar queridísima mía,
Como aquella noche en el abrevadero de caballos
Cuando la hierva sorbía el aire brevísimo de nuestra canción
Y desnuda corrías a paso de cigüeña sobre el agua
¿Qué puedo decir de tus ojos si ahora se me agotan en este banco
Donde escribo el poema ?…


En invierno como panecillos de arroz
Con castañas de aguas frescas,
Árboles de hierro circundan el paso del guerrero.
Mañana quizás estaré muerto
Y sobre mi tumba perdida, en la montaña,
La lluvia caerá con mis recuerdos.


Por el jardincillo de kioscos pasarás con el alba en tus ojos,
Los niños con sus flautas de agua recorrerán las callejas
En la fiesta del Tet, sin dejar huella del verano
Ni de la estación de los sauces…


Cuando los combatientes descendieron la montaña,
También emigraron las aves
Y dibujé tu rostro sobre el agua;
Al otro lado del puente vi tu silueta junto a los bambúes,
Era tu mano en la mía Año Nuevo Lunar
En la plenitud de los años
El día que nos despedimos…

12 ago 2020

Alfonso Hernández : DESPUÉS DE LA JORNADA


El día despuntaba con el trinar de los pájaros,
Atravesábamos quebradas y pastizales olorosos a ganado.
Íbamos en silencio con las mochilas al hombro y las botas embarradas;
Cada hombre era un pensamiento.
Una luz una estrella en el firmamento,
En silencio, sudorosos, atravesamos ríos, cercas y acantilados.
Bruno comandaba la tropa,
En un lugar de la patria los guerrilleros realizaban maniobras.
Atardece, aceitamos las armas y cenamos
Por la noche cada uno soñaba,
Entre el follaje verde las ranas croaban
Y yo pensaba en el chiquitín reposando en el regazo de su madre…



11 nov 2015

Alfonso Hernández : ÁLBUM



Esta es la ciudad a la que tanto amé como si reposara
interminablemente en el ombligo de tu cuerpo.
Detrás de su pasado la sensación de las paredes
Torturando la infancia.


Los años cambiaron de lugar y con ellos iniciamos
un modo de vivir junto a los que nos rodeaban.
Después vino el invierno. La adoración sublime de tu sexo.


Tus prepucios ilustraron los caserones piedra sobre piedra.
Ciudad que conoció tu orgasmo.
Tu pubis impecablemente rodeado por mi cuerpo.
Aquellos años esencialmente destinados para amarte
Subsisten todavía.
No obstante seas la prostituta del barrio.


Pequeña Antígona
Ciertamente mi corazón late  sobre tu piel abortada en la noche
Nunca habría bajado hasta tus pies, sino por estas manos
Estrujadas en tu sexo.


Mi último poema suspendido entre tus muslos
Descubiertos al deseo.
Prueba esa ternura, mientras mis ojos desparraman
El argumento donde culmina el poema. 


29 dic 2013

Ricardo Bogrand: CON ELLOS





El corazón era un pájaro…
¿Recuerdas tú, Rosario?
¿Recuerdas mis harapos escondiendo mis sueños?
¿Recuerdas mi juguete de niño pobre,
mi estómago vacío
y mi rostro destruido?
¿Recuerdas aquel carro que me dio un presidiario?
¿Aquellos campesinos que morían
sin nombre,
sin cosechas
y sin lágrimas?
Yo estaba con ellos.
Salí de ellos
con mis dedos descalzos.

¿Recuerdas cuando el polvo nos cerraba
los ojos
entre los jornaleros
que mordían la tierra
abriéndole camino a los finqueros?
Yo estaba con ellos.
Salí de ellos
con mi cuerpo menudo
y mis manos antiguas,
traicionadas
y hambrientas.

¿Recuerdas a mi abuelo con su carreta rota
fletando café ajeno de la finca
hasta el puerto?
¿Recuerdas a mi padre, leñador
silencioso,
arrastrado entre bueyes
por un toldo de troncos?

Vine para contar la historia de los hombres
que mueren
con la risa desnuda,
con la voz apagada,
con las frentes desiertas.

¿Lo recuerdas, Rosario?
¿Y tú, Felipe?
¿Y tú, Pablo?
¿Lo recuerdan?
Nada ha cambiado, hermanos.
Nada, sino los nombres de los que ahora mueren.
Nada, sino los rostros ahumados
de los mismo verdugos.

¿Lo recuerdan…?



de: Perfil de la Raíz.
fotografía: Andrea Frazzetta