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30 may 2014

Traslado de los restos de Mario Benedetti y su esposa Luz López Alegre



Fueron trasladados este jueves los restos de Mario Benedetti y de su esposa Luz López Alegre desde el Panteón Nacional al nicho 148 del Cementerio Central.

“Nos parece que, por encima de cualquier concepto filosófico o religioso, es conjurar de algún modo a la muerte, un gesto de infinitud, de simbólica continuidad del hondo sentimiento que unió por seis décadas a Luz y Mario”, resaltó el cantautor Daniel Viglietti.
Viglietti, en representación la Fundación Mario Benedetti, el director nacional de Cultura, Hugo Achugar, y la intendenta de Montevideo, Ana Olivera, participaron de la ceremonia de traslado de los restos del escritor uruguayo Mario Benedetti y de su esposa Luz López Alegre. 

La iniciativa de cambiarlo de lugar en el mismo Cementerio Central, del Panteón Nacional al nicho 148, respondió al mandato que en vida expresara el propio literato, quien siempre dijo que quería descansar junto a su esposa.
Luz López Alegre nació el 8 de diciembre de 1921 y falleció el 13 de abril de 2006. Daniel Viglietti resaltó que ella nunca vivió como sombra de escritor conocido. 

“Estamos aquí como Fundación cumpliendo este deseo de reunir las dos amorosas mitades”, señaló . “Su personalidad independiente siempre fue clara en ella, afirmando una imagen suya que no era de ser el reflejo lunar del sol benedettiano”, agregó.

Viglietti precisó asimismo que muchas de las obras producidas por Benedetti están precisamente dedicadas a Luz: "Bodas de Perlas es un ejemplo muy claro”, recordó.

Mario Benedetti : LA POESÍA NO ES


La poesía no es un filtro de las cosas ni un raro
sortilegio ni un consejo rotundo no está
obligada a dar un mensaje profundo ni a
extraer del olvido las palabras ociosas

no es aurora de fuego ni boceto de diosas ni
suele describir los vitrales del mundo no tiene
por qué ser morral de vagabundo y sin duda no
es un camino de rosas

todo eso que no es ocupa larga lista sin reglas
definidas / poco convencional más o menos un
reto para el coleccionista

en cambio lo que es imprime su señal
y en el nuevo paisaje que propone el artista
la poesía asume su invento de lo real
En: El olvido esta lleno de memoria






20 nov 2011

Mario Benedetti: UNA HORA CON ROQUE DALTON

El jurado de poesia del Premio Casa de las Amé­ricas (integrado por Efrain Huerta, de México: José Agustín Goytisolo, de España; Antonio Cis­neros, de Perú: René Depestre, de Haití: y Rober­to Fernández Retamar, de Cuba) tuvo que elegir entre 221 participantes. La decisión fue sin embar­go unánime, y premió, no sólo a uno de los poetas más vitales y renovedores de América Latina, si­no también a uno de los que mejor han sabido conjugar el compromiso político con el rigor ar­tístico. Roque Dalton (autor de La taberna y otros poemas) nació en San Salvador, El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Estudió antropología y dere­cho. Es miembro del PC salvadoreño desde los 22 años; fue dirigente estudiantil y periodista, participando activamente en la política de su país. En varias oportunidades ha estado preso por su ac­tividad revolucionaria, y en 1961 fue expulsado de El Salvador por el gobierno militar. Posteriormen­te ingresó varias veces en forma clandestina. En 1964 fue nuevamente apresado, pero esta vez con­siguió fugarse. En los últimos años ha residido en Checoeslovaquia y Cuba. Su obra poética y ensa­yistica ha sido traducida a doce idiomas. Ha pu­blicado tres libros de poemas: La ventana en el rostro, 1961; El turno del ofendido, 1963; Los tes­timonios, 1964.

MARIO BENEDETTI: ¿Cómo caracterizarías la trayectoria de tu poesía?
ROQUE DALTON: Al igual que un gran número de poetas lati­noamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema na­cional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político, para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi poesía, aunque, llegado a determinada altura, tampoco resulta­ron suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización de los acontecimientos. Viene enton­ces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas.

MB:En esta etapa precisa ¿usas también la poe­sía de personajes?
RD: Sí, la sigo usando. Por ejemplo, el libro pre­miado está cargado de personajes. A veces se da el caso de que los personajes opinen en contra de lo que yo pienso. Eso lo hago para establecer una contradicción dialéctica, en el seno de la expresión poética. El lector es quien puede resolverla.

MB: ¿Y la zona subjetiva?
RD: También existe, por supuesto. Incluso para enfrentar la historia hay expresiones de ese tipo: sim­plemente opiniones que surgen de una apreciación sub­jetiva de la realidad.

MB: ¿Cómo calificarías La taberna y otros poe­mas con respecto a tu obra anterior? ¿Continuidad o ruptura?
RD: Yo diría que ambas cosas. Desde el punto de vista del desarrollo de la expresión, es continuidad. Ahí están presentes la poesía de personajes, la índole narrativa, la utilización de la anécdota, etc. Pero es tam­bién ruptura en la medida en que plantea, y acentúa de una manera nueva, la expresión política, llevando así el conflicto a lo ideológico, y rompiendo con una serie serie de estructuras caducas del movimiento revolucio­nario en el que de algún modo estoy inmerso.

MB: Tengo entendido que el primer título fue “Poemas problemas”.
RD: Exactamente. Ese título tenía para mí dos significados: por una parte, yo estaba entonces influido por el movimiento de poesía concreta y quería jugar un poco con la tipografía (ahora la poesía concreta ha de­jado de interesarme como juego tipográfico): fíjate que la palabra problemas sólo tiene tres letras más que la pa­labra poemas. Aparte de eso, reflejaba, desde el punto de vista del contenido, la esencia de lo que yo quería expresar en este libro, es decir: poemas que, al sumer­girse en la lucha ideológica, se convertían ellos mismos en problemas.

MB: ¿Y por qué le cambiaste el título?
RD: La situación planteada en el libro es verda­deramente problemática: acentuarla más aún desde el título, hubiera sido repetitivo, tautológico.

MB: Creo que el gran poema del libro es el titu­lado “Taberna”. También fue el que más impresionó a los jurados, a pesar de su inusual extensión. ¿Cuál fue su génesis?
RD: “Taberna” es virtualmente una crónica de los esquemas mentales de un sector importante de la juventud checa, en los años 1966 y 1967. El método de trabajo fue el siguiente: hay en Praga una taberna muy famosa, una cervecería que data del siglo XIII, llamada Ufleku, donde se reúne la juventud checa a beber cer­veza y a conversar; también concurren muchos extran­jeros residentes en Praga. En varias oportunidades, es­cuché allí trozos de conversaciones; eran de tal interés (sobre todo si se considera el marco en que se daban: un país socialista, a veinte años de revolución) que me impulsaron a tomar apuntes. De pronto me di cuenta de que eso era un material sociológico y que yo estaba efectuando una suerte de furtiva encuesta acerca de to­da una ideología. Confieso que empecé sin propósitos demasiado definidos, simplemente ordenando lo que re­cogía; luego pensé que el posible mérito era la propia existencia de ese material, y que el trato más adecuado debía ser una rigurosa objetividad. Me decidí entonces a construir un poema, debido a que las expresiones re­cogidas tenían suficiente calidad literaria; un poema en el que fuera posible introducir aquellas expresiones, de­jando que por sí mismas construyeran sus posibilidades de conflicto. Las yuxtapuse y les di algún tipo de mon­taje, pero sin intención de jerarquizarlas entre sí. Algo así como un poema-objeto; sin embargo, la carga políti­ca era tal, que dejó de ser un poema-objeto para con­vertirse en algo eminentemente político.

MB: Desde un punto de vista formal ¿qué dife­rencia hay entre el procedimiento que utilizaste y el co­rrientemente usado por etnólogos o antropólogos? Pienso en Oscar Lewis, o, para mencionar un ejemplo cubano, en Miguel Barnet.
RD: En el caso de Barnet, había un propósito original. No hay que olvidar que Miguel tiene forma­ción científica y trabajó con la intención de reconstruir un período de la historia cubana. En cambio, mi punto de partida fue mucho más ingenuo. Yo partí del asom­bro político que, como comunista extranjero en Praga, experimenté al enfrentarme con un panorama ideológico que no esperaba encontrar en un país que llevaba vein­te años de socialismo. Además, la experiencia del so­cialismo que yo tenía era la cubana, donde el sentido ele lo heroico, el fervor de la revolución, el orgullo de ser comunista y revolucionario, eran desde luego el pan de cada día para la juventud; en cambio, la problemá­tica planteada por los jóvenes praguenses, era una mes­colanza de misticismo, religiosidad, anticomunismo, es­nobismo, nihilismo; o sea una cantidad de formas ideo­lógicas que el imperialismo exporta para el consumo de los pueblos que él mismo se encarga de oprimir.

MB: Ya sé que hay inevitables distorsiones de la memoria, y no me refiero a ellas cuando te hago la pregunta: ¿nunca pusiste en boca de los jóvenes alguna expresión inventada?
RD: Prácticamente no inventé nada. Claro que en la labor ele montaje hubo algunos giros complemen­tarios. Y eso daba la continuidad de un pensamiento a otro. A veces, ante la perspectiva de que un pensamien­to pudiera ser mejor entendido con el agregado de una metáfora, hice anotaciones en ese sentido. Por ejemplo, hay un momento en que hablan de Africa en una forma un poco despectiva. Entonces construyo una metáfora cam gala de ese contenido de menosprecio, y pongo en boca de uno de los muchachos estas palabras: “Africa, ese mercado negro”. Nadie las dijo nunca en la taberna, pero son un afinamiento de lo que querían decir.

MB: La sección checa del libro ¿fue escrita an­tes o después de los acontecimientos de agosto de 1968?
RD: Fue escrita en los años 1966 y 1967, o sea cuando viví en Praga.

MB: Me parece importante destacarlo, porque los sucesos de 1968 pueden cargar tus poemas de un sentido muy particular.
RD: Desde luego. Mis poemas representan la vi­sión de un latinoamericano, en esos aros, o sea cuando se estaban gestando muchos de los conflictos de hoy. La parte checa es la sección final del libro. La parte inter­media es una visión de mi país, a partir de una mirada extranjera. Otra vez una poesía de personajes. Pongo a hablar a los integrantes de una familia inglesa, muy decadente y aristocrática, que llega a El Salvador con el objeto de rehacer su fortuna, perdida en Inglaterra, y que se enfrenta a las condiciones de un país subdesarro­llado, con la actitud de la aristocracia inglesa venida a menos. Tuve noticias de esa familia por expresiones que le oí a mi padre (quien, como sabes, era norteame­ricano), refiriéndose a la total incomprensión con que esos ingleses miraban el país. Esbocé esos personajes melancólicos, y construí una serie de poemas que son una manera de reirnos los latinoamericanos de la visión que de nosotros tienen los europeos. Por último, y ya que seguimos un orden inverso, la parte introductoria del libro está compuesta por una colección de poemas sin mayor unidad, acerca de temas varios.

MB: Y la línea amorosa, que ha sido bastante importante en tu poesía, ¿prosigue en este libro?
RD: Sí. Prosigue en todos los niveles; tanto en los poemas sueltos, donde hay problemas amorosos perso­nales, como en los referentes a la familia inglesa, don­de se tiene en cuenta el conflicto amoroso decadente. Por último, están presentes algunos aspectos del amor en el seno de una sociedad socialista, cuando el amor y la sociedad se enfrentan desde el punto de vista de una conciencia deformada. Es el caso de la decantación del amor sobre la base de una vida común, cimentada en falsos valores. Hay un poema que se titula “Historia de un amor” y que está integrado por una serie de do­cumentos sobre el destino trágico de una pareja, forma­da por un extranjero y una muchacha checa que se ca­san en Praga y empiezan a vivir falsamente el socialis­mo; finalmente, el matrimonio se destruye de la mane­ra más burguesa posible.

MB: Por los fragmentos que conozco de tu libro, y por lo que ahora me cuentas, veo que podría ser con­siderado como poesía comprometida. Ahora bien, ¿qué sentido le das al compromiso?
RD: Me parece que para nosotros latinoamerica­nos ha llegado el momento de estructurar lo mejor po­sible el problema del compromiso. En mi caso particu­lar, considero que todo lo que escribo está comprometi­do con una manera de ver la literatura y la vida a par­tir de nuestra más importante labor como hombres: la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Sin embar­go, no debemos dejar que este concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con una vía con­creta de la revolución, y que esa vía es la lucha arma­da. A este nivel, entiendo que nuestro compromiso es irreductible, y que todos los otros niveles del compro­miso teórico y metodológico de la literatura con el mar­xismo, con el humanismo, con el futuro, con la dignidad del hombre, etc., deben discutirse y ampliarse, a fin de aclararlos para quienes van a realizar prácticamente ese compromiso en su obra y en su vida; pero en nosotros, escritores latinoamericanos que pretendemos ser revo­lucionarios, el problema del compromiso de nuestra li­teratura debe concretarse hacia una determinada forma de lucha.

MB: Dentro de esa acepción ¿qué lugar dejas a aquellos autores que escriben cuentos fantásticos, o cuentos realistas no referidos a una concreta realidad política, y que en su actitud personal tienen en cambio una militancia?
RD: No creo que este problema se resuelva a ni­vel de géneros. Un combatiente revolucionario puede hacer magnífica literatura inmediatista, e incluso panfletaria si le viene en gana o si las necesidades de la lucha cotidiana así se lo exigen; pero también sirve a la revolución si es un excelente escritor de ciencia-fic­ción, ya que la literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes del hombre. En la medida en que el pueblo puede captar los significados, últimos o inmediatos, de una gran literatura de ficción, estará más cerca de nuestra lucha, y más todavía si es capaz de analizar la enajenación que el enemigo le impone. Por eso no vemos razones para plantear la obligación de que el escritor militante se reduzca genérica o temá­ticamente a una línea muy estrecha. Partamos mejor del otro extremo, o sea de su actitud ante la lucha re­volucionaria. Una vez que este problema está resuelto, el asunto de los géneros y del rumbo literario servirán para enriquecer la línea revolucionaria que ha escogido en su vida. Por otra parte, y tal como lo cita la última declaración del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas, en la lucha de clases se cumple también el papel de arrebatarle a la burguesía el privi­legio de la belleza, como lo sostiene Regis Debray. En el terreno literario, las relaciones entre la militancia y la literatura como resultado de la creación de un revolucio­nario, sólo pueden ser positivas. Hay otro terreno en el que sí podría haber conflicto, y es a nivel ideológico. En la medida en que, a través de la literatura, se plantea­ran ideológicamente posiciones que estuvieran en con­tradicción con la militancia revolucionaria, se originaría un conflicto, del cual no tiene culpa la literatura corno tal; se trataría más bien de un problema ideológico del escritor. Ahí es donde cabe situar el problema de las famosas “desgarraduras” entre el poeta y el militante po­lítico, cuando ambos son la misma persona. “Desgarra­dura” es un término que se ha acuitado para ocultar que se trata de nn problema ideológíco; si se le quiere se­guir llamando así, habrá que decir que se trata de una desgarradura ideológica, y que por tanto debe solucio­narse a nivel ideológico.

MB: En tu caso personal, ¿ha habida conflicto entre tu militancia política y tu calidad de escritor?
RD: En alguna ocasión me han preguntado eso, y muy a la ligera he dicho que no. Lo que he querido decir es que para mi ha sido posible estructurar mi obra poética en el seno de una vida de militancia política, o sea que me acostumbré a escribir en la clandestini­dad, en condiciones difíciles. Pero evidentemente existe otro nivel, He tenido conflicto cuando he tenido pro­blemas ideológicos. Cada vez que he experimentado una desgarradura, ha sido porque se me planteaba una con­tradicción entre una posición política y una posición ideológica expresada en mi literatura. En la medida en que pude superar mis debilidades en este terreno, di pa­sos hacia adelante; en la medida en que no los pude superar, tengo aún conflictos. Hay una serie de aspec­tos de la revolución, muchos de ellos planteados a es­cala mundial, frente a los cuales yo posiblemente no tengo conceptos muy claros, y por lo tanto siento que me afectan; pero, como te decía antes, son cuestiones absolutamente resolubles en el plano ideológico.

MB: Como sabes, hace tiempo que me vienen preocupando los problemas derivados de las relaciones entre el intelectual y el socialismo, entre el escritor y la revolución. Muchas veces juzgamos esa relación en base a prejuicios pequeñoburgueses y a un concepto liberal de ciertas palabras claves; también en otras épocas fue­ron propuestos como soluciones ciertos métodos relacio­nados con el stalinismo. Personalmente creo que la ver­dadera solución no está en ninguno de esos planteos. Quizá debamos crear una nueva relación entre el escri­tor y la revolución. O acaso inventarla. Me gustaría co­nocer tu opinión sobre esto.
RD: Bueno, tú partes de realidades concretas que nos ahorran definiciones. Por un lado, prejuicios peque­ñoburgueses que se interponen entre el escritor y las instituciones del socialismo, entre el artista y la revolu­ción en el poder; y por otra parte las metodologías, des­tinadas a resolver este tipo de relaciones, que otorgara el stalinismo en el pasado. Creo también que usaste una palabra justa para hacer la proposición: hablaste de in­ventar nuevos métodos y nuevos contenidos en la re­lación del escritor con el socialismo institucionalizado.
Desde luego, se trata de una labor muy amplia, que debe ser de invención común, en la cual participen los creadores, los hombres de cultura, el Estado, las insti­tuciones del socialismo, pero todos en relación con el pueblo, que en definitiva es el destinatario último y el productor primario de toda la materia cultural, en cuya elaboración no somos sino intermediarios. En las gran­des perspectivas de esta invención no deben por lo tan­to interponerse proposiciones según las cuales los crea­dores seamos simples dictadores de viejas opiniones, ni tampoco que se introduzcan por algún resquicio los mé­todos stalinistas que sentaron jurisprudencia para resol­ver determinados problemas en este terreno. La cues­tión es verdaderamente profunda y tiene que ver con los fines últimos de la revolución. En la actualidad hay que darle particular importancia a este problema; todos estamos obligados a participar en su solución, así como a iniciar la discusión con un nuevo estilo, dispuestos a llamar a los problemas por su nombre y a no perder jamás la objetividad. Debemos hacerlo con un criterio revolucionario, marxista, científico, apegado a la expe­riencia histórica y a las perspectivas concretas del fu­turo, tal como se trabaja cuando se planifica una zafra, la apertura de una nueva rama industrial o las relacio­nes internacionales de un Estado. Entiendo que pode­mos ver estas posibilidades con optimismo. En nuestros paises, sobre todo en el lugar donde el socialismo se ha encarnado realmente en nuestro hemisferio (me refiero a Cuba), se abren reales posibilidades de una instau­ración de nuevas relaciones y de inventarlas con auda­cia (precisamente la audacia ha sido una característica de esta revolución), con la mirada puesta en América Latina, ya que Cuba es el inicio de la revolución la­tinoamericana.

MB: Mencionaste la dimensión histórica, y tam­bién la audacia de la experiencia cubana. Me parece que si a esa audacia agregamos una modestia verdade­ra por parte del creador, tal vez encontremos los ele­mentos para resistir a dos de las más riesgosas tenta­ciones que padece hoy el intelectual: ser fiscal de la historia, o ser víctima de ella.
RD: Tocas un problema importante. Los intelec­tuales tendríamos que concurrir a la elaboración del nuevo tipo de relaciones entre el artista y la revolución, con absoluta conciencia de ese tipo de peligros. La úl­tima experiencia histórica nos demuestra que, precisa­mente por nuestras debilidades ideológicas, por nuestros prejuicios pequeñoburgueses, por el tipo de sociedad en la que hemos estado inmersos y que tanto nos ha de­formado, tratamos de preservar nuestra individualidad hasta territorios que contradicen las raíces mismas de nuestros ideales humanistas. ¿Qué les ha pasado a los grandes poetas que han tratado de convertirse en fisca­les intocables de la vida pública, o a los escritores que, en nombre de una supuesta libertad intocable, tratan de convertirse en víctimas de la historia? A pesar de lo conmovedores que puedan parecernos sus avatares, de­bemos reconocer que uno a uno han ido cayendo y han terminado por incorporarse, muchas veces a pesar suyo, a la gran industria del espectáculo editorial, del gran show editorial que, detrás de su apariencia luminosa, tiene intereses concretos que pueden responder al ene­migo. Cuando una personalidad que maneja los proble­mas de la conciencia, de la historia, de la cultura, y que muchas veces ha sido portavoz de grandes inquietudes de nuestras masas, cuando un poeta a quien el pueblo le ha dado su calor, cae n la industria del espectáculo a que aludo, se convierte de inmediato en un elemento más de la enajenación de nuestras masas populares y por lo tanto pasa a cumplir una labor histórica franca­mente negativa, reaccionaria. Ninguno de nosotros esta libre de caer en ese riesgo, y por eso la vigilancia sobre nosotros mismos y sobre nuestros compañeros debe man­tenerse, en un sentido revolucionario, a pesar de que los evidentes errores cometidos en el pasado por parte de instituciones de estados socialistas, nos pongan mu­chas veces en guardia contra ciertas palabras. Estamos entre revolucionarios y dejaríamos de serlo en el mo­mento en quo entregásemos las armas de la crítica; pero no simplemente corno escritores, sino también co­mo ciudadanos de un país, como revolucionarios de fila. Además, como escritores, tenemos derecho a la crítica, y a plantear los problemas en el nivel que sea, y con la profundidad que nos imponga nuestra conciencia. Sin embargo, debemos estar vigilantes con respecto a la otra situación: seamos responsables ante nosotros mis­mos de esos peligros que tú has señalado, en la medida en que estemos dispuestos a no ofendernos por llamar­nos servidores de nuestros pueblos. Si hay escritores a quienes les parece denigrante servir al pueblo, franca­mente no vale la pena que hablemos de ellos.

MB: Así como decíamos que conviene estudiar la relación entre el escritor y el socialismo, dentro de un estado socialista, creo que también deberíamos estu­diar los problemas derivados de la presencia de un es­critor revolucionario dentro de una sociedad de impron­ta capitalista, o sea dentro de un mercado de consumo.
RD: Cuando apuntábamos que un escritor inser­to en un país socialista puede caer en la tentación de la industria mundial del espectáculo editorial, o sea la in­dustria que persigue la enajenación de las masas popu­lares, estábamos señalando un peligro real pero también excepcional. En cambio el escritor que trabaja en el mundo capitalista, vive inmerso n una situación presi­dida por un gran aparato que por lo general está al servicio de la ideología del enemigo, y por lo tanto co­rre el riesgo de convertirse en su víctima inmediata. Aun el escritor que se rebela, aun el escritor que es digno de su papel y lucha contra la enajenación, puede ser una víctima de ese aparataje y ser aludido desde diferentes niveles.

MB: Algo así como una “operación seducción”.
RD: O una “operación soborno”, que incluye ma­niobras destinadas a dotarlo de, una buena conciencia a pesar de las concesiones que poco a poco se le pue­dan arrancar. Todo está destinado a un fin último: asi­milarlo al gran aparato de enajenación, montado en con­tra de nuestras masas populares.

MB: El mero hecho de neutralizarlo, ¿no es aca­so un buen dividendo para el enemigo?
RD: Desde luego, en este aspecto el enemigo ejerce una acción cotidiana, costosísima, que se mani­fiesta en todos los órdenes de la vida cultural: ediciones lujosas, excelente promoción del libro, gloria efímera, la posibilidad de convertirse en una suerte de prostituta intelectual, muy bien pagada, o un payaso simpático, al servicio de los intereses más inconfesables, aunque a veces, en los mejores y más inocentes de los casos, no se tenga conciencia de ello. Lo que me produce preo­cupación es que tales maniobras de seducción alcancen a muchos de nuestros compañeros y que éstos no ad­viertan que al caer en la falta de seriedad, en la paya­sada, o en, las concesiones directas al enemigo, están contribuyendo a crear en los pueblos la imagen de que al intelectual promedio sólo le interesa la frivolidad, la publicidad, la tontería.

MB: Por eso mencionaba la modestia. Dentro de la operación-seducción, uno de los elementos que mejor maneja el enemigo es un fino tratamiento de la vanidad. Frente a la modestia verdadera, una modestia que es también orgullo, el imperialismo se siente desarmado. Ahora, volviendo a tu poesía,, ¿cómo crees que este libro que acaba de ser premiado, y tu poesía en general, se insertan en la literatura salvadoreña?
RD: Los orígenes culturales de mi producción, y el hecho de tratar, por medio de la literatura, de vol­ver a mi país, con una visión tal vez enriquecida por la experiencia del exilio, son en realidad contribuciones de mi país a lo que yo hago. Hay además ciertos esquemas mentales, ciertas estructuras de lenguaje, que desde lue­go son absolutamente salvadoreñas. Pero en lo que se refiere a mi obra poética, no creo que sea continuación, o que haya recibido influencia decisiva, de quienes han escrito poesía en El Salvador. Por el contrario, en un porcentaje bastante alto he partido de un rechazo con respecto a la poesía que anteriormente se había escrito en mi país, poesía muchas veces inofensiva, que rara vez ha ido al fondo. Y esto no es sólo una apreciación personal, sino que es también lo que dice la crítica sal­vadoreña respecto de lo que allí se conoce de mi poesía. Precisamente se ha señalado su carácter de ruptura.

MB: ¿De cuál de los nuevos poetas salvadoreños te sientes más cerca?
RD: Fundamentalmente, de Manlio Argueta. Es un poeta de mi edad, que por cierto se ha convertido últimamente en un novelista muy valioso. La poesía de Argueta está dentro de una línea muy renovadora: es desenfadada, de gran amplitud temática. Hay también un muchacho nuevo, muy joven: Alfonso Quijada. No ha publicado ningún libro, pero conozco poemas sueltos que revelan un auténtico talento. También un poeta ca­tólico, David Escobar Galindo, muy joven también pero con grandes posibilidades de desarrollo. Y desde luego, Roberto Armijo, de mi promoción: no sólo como poeta, también como ensayista nos ha ayudado mucho a todos en el planteo de problemas sobre nuestra cultura na­cional.

MB: Está asimismo tu inserción en la. poesía la­tinoamericana actual. Alguna vez escribí que había dos familias de poetas latinoamericanos, la familia. Neruda y la familia Vallejo. ¿A cuál de ellas sientes que perte­neces?
RD: Mira, yo quisiera ser uno de los nietos de Vallejo. Con la familia Neruda no tengo nada que ver. Hemos roto nuestras relaciones hace tiempo. De todos aquellos que surgimos impulsados por el clima de Va­llejo (aunque a esta altura no sé si quedará algún rastro en nuestra expresión formal), descarnado y humano, me siento cerca de poetas latinoamericanos como Juan Gelman, Enrique Lihn, Fernández Retamar, Ernesto Cardenal.

MB: Y aparte de los latinoamericanos, ¿cuáles son tus poetas mayores?
RD: Tal vez un grupo de poetas franceses, muy disímiles entre sí. De cada uno he tomado algo. Pienso en Henri Michaux, Jacques Prevert, y (a pesar de que nadie me crea) Saint John Perse. Los leí casi simultá­neamente y ejercieron una notable influencia sobre mí. También algunos poetas de lengua inglesa, como Eliot o Pound. Sin embargo, creo que mi poesía, sobre todo a partir de El turno del ofendido, se nutrió de otros géneros en mayor grado que de la poesía. Por ejemplo: la novela, el cuento, y hasta el cine. Conscientemente tra­té de propiciarme climas generadores de una actividad poética.

MB: ¿Y cuáles serían esos novelistas?
RD: En el caso de El turno del ofendido, hay conexión (testimoniada a veces por epígrafes) con la no­velística de Faulkner, e incluso con la de Hemingway, a pesar de que por su sequedad no parece el más indica­do para darle a uno aliento poético. Quizá ello se haya debido a que ya por ese entonces me estaba orientando hacia una poesía de ideas, y lo que encontraba en los novelistas eran precisamente ideas. Creo que ésa fue la mecánica de la influencia. Y luego la novela latinoame­ricana, con la que me he sentido especialmente a gusto en los últimos tiempos. Aquellos escritores que hicieron novela en tanto poetas, como es el caso de mi ex-amigo Miguel Angel Asturias, nunca ejercieron influencia so­bre mí. Yo leía las novelas de Asturias como grandes poemas surrealistas. Distinta es la relación con los no­velistas actuales. Para mí ha sido muy estimulante la novelística de Julio Cortázar, con la cual siempre me entendí muy bien. Sobre todo porque Cortázar tiene una literatura de infancia, que de algún modo se unía con mis vivencias. A pesar de haber nacido en El Salvador, yo crecí en la órbita del fútbol, de El Gráfico, Borocotó, Rico Tipo, César Bruto, etc.; así que pude comprender muy bien esa zona del mundo Cortázar.

MB: ¿Qué importancia han tenido, para tu vida y para tu obra, tus prolongadas residencias en Cuba?
RD: La experiencia cubana ha sido para mí de­cisiva en muchos aspectos. Creo que ha sido la expe­riencia más importante de mi vida. Al principio, porque fue la primera ocasión que tuve de vivir la construcción del socialismo. En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963, tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pueblos pequeños pueden ser capaces de un destino mundial extraordina­rio. Como poeta, fue en Cuba donde adquirí conciencia de lo que significa escribir en serio, de ser (para em­plear una palabra ya vieja) un escritor profesional, al­guien que escoge la literatura como oficio. No se si ello aconteció porque era simplemente un nivel de desarro­llo o porque aquí se dieron las condiciones de libertad (material y espiritual) imprescindibles para poder expre­sar toda una gama de problemas que nunca hubiera po­dido encarar en mi país. Cuba sigue siendo una expe­riencia definitiva y definitoria para mí, ya que luego me fue posible vivir en otros sectores del socialismo, y por consiguiente comparar, sacar mis conclusiones, y en ese sentido Cuba ha servido para que yo organizara mejor mis propósitos acerca de la revolución en América La­tina y concretamente en mi país. Ha sido la vivencia cu­bana la que me ha dado los elementos fundamentales para tomar una perspectiva, un distanciamiento (para decirlo a la manera brechtiana) por cierto muy útil para apreciar el problema concreto de la revolución en mi país.

MB: El premio Casa ha tenido este año un colo­rido especial que lo diferencia de años anteriores. Por otra parte, fue mucho mayor la concurrencia de obras precedentes de América Latina ¿Crees que tales deta­lles tienen algo que ver con una nueva actitud del es­critor latinoamericano, o con nuevos aspectos de la rea­lidad continental?
RD: En primer lugar, este nuevo colorido, este nuevo nivel de calidad revolucionaria del premio Casa, está espléndidamente sintetizado en el premio de ensa­yo que le fuera otorgado a Héctor Bejar, preso en las cárceles peruanas. Quiero decirte también que yo aso­cié muy curiosamente el premio a dos nombres: el de Regis Debray (fue en la Casa de las Américas donde nos encontramos varias veces) y el de mi querido e inolvi­dable hermano, Otto René Castillo, guerrillero guate­malteco, asesinado por el gobierno de su país después de haber sido capturado herido en la montaña. Los poemas de Castillo me llegaron precisamente el día si­guiente a la otorgación de los premios. Por eso uno al nombre de Béjar, al de Regis Debray y al recuerdo de Otto René Castillo, el significado del premio Casa. Cuan­do me dices que en este año han participado más obras latinoamericanas que en años anteriores, interpreto ese hecho como una señalable radicalización de los escrito­res revolucionarios de América Latina, que subrayan su adhesión a Cuba debido a que ven en ella la encarna­ción de sus esperanzas y del futuro de sus pueblos. Tam­bién es un modo indirecto de apoyar una línea política de la revolución latinoamericana: la lucha armada. Por eso me parece importante el significado del ensayo de Béjar. Según los extractos de su libro, aparecidos des­pués del premio, Béjar (no se trata de una cita textual sirio de su sentido esencial) desde la cárcel trata de ex­presar que nos encontramos en un momento crucial del proceso revolucionario, y al enviar su ensayo a la Casa de las Américas, intenta subrayar la posibilidad, la ur­gencia, la importancia definitiva y la verdadera necesi­dad histórica, de impulsar y desarrollar la línea de lu­cha guerrillera en América Latina.

MB: ¿Y qué estás preparando ahora?
RD: Trabajo en un largo poema, “Los hongos”, que de alguna manera enfoca la pugna que existió en mi juventud entre la conciencia revolucionaria y la con­ciencia cristiana, resuelta (con una manera hasta un poco joyceana) en el centro de un colegio jesuita. Trata de ser tina larga carta a mi profesor de filosofía en ese cole­gio. En otro terreno, he terminado un ensayo sobre las tesis enunciadas por Regis Debray en ¿Revolución en la revolución? Ese ensayo pretende en gran parte ser una defensa y una actualización de tales tesis frente a las posiciones de ciertas organizaciones de izquierda la­tinoamericanas, como por ejemplo los PC argentino y venezolano. Luego lago un balance objetivo de lo que ha significado el libro de Debray para la teoría revolu­cionaria en América Latina, y también algunas aprecia­ciones críticas sobre ciertos aspectos del texto de De­bray.

MB: No sé si conoces el reciente libro de Jorge Abelardo Ramos, que concluye con un largo ataque a la teoría del foco y otros planteos de Debray.
RD: Sí, lo conozco. Me parece un libro interesan­te, brillante y muy ágil. Es claro que estoy en comple­to desacuerdo en cuanto a sus conclusiones sobre la lu­cha revolucionaria y sobre la metodología de la activi­dad revolucionaria, no sólo porque parece evidente que el autor desconoce las realidades actuales de esa lucha a nivel continental, sino también porque hace demasia­das concesiones a su propia brillantez y a su propia iro­nía, olvidándose del análisis concreto de las posibilida­des y de la relación entre las teorías propuestas y las realidades de nuestros países. Muchas veces se limita a dejar constancia de sus chistes. Con esa actitud no me parece que lleguemos a ninguna parte. Atacar por ejem­plo el foco guerrillero, reduciéndolo a un grupo de atle­tas que aprenden a sobrevivir en la selva a la manera de Tarzán, me parece una reducción al absurdo de las posibilidades de una polémica seria sobre materia tan compleja. En mi libro sobre Debray tomo una posición contraria a las conclusiones de Ramos. Es curioso anotar cómo, en los hechos, hay una coincidencia casi absoluta entre las posiciones de Jorge Abelardo Ramos y las que, frente al libro de Debray, la expresado el PC argentino. También sobre éstas me permito discrepar. Por otra parte, la enajenación de Ramos al problema del anti-stalinismo, le impide alcanzar conclusiones va­lederas con respecto a la polémica sobre la lucha ar­mada. Uno de los exabruptos más típicos de los plantea­mientos de Ramos, es su conclusión de que el foco gue­rrillero vendría a ser la revitalización del stalinismo en América Latina.

MB: Una última pregunta. Es frecuente que en entrevistas como ésta, se concluya por preguntarle al entrevistado qué consejos daría a los escritores jóvenes. Pero yo quiero salir de esa rutina, y más bien me gus­taría saber qué consejos les darías a los escritores viejos.
RD: No soy amigo de dar consejos. Pero ya que me lo preguntas, me permitiría aconsejar a los escritores viejos sólo dos cosas. A los que puedan, que rejuvenez­can lo antes posible; a los que sean honestos, que sigan siéndolo, ya que de ese modo nos seguirán enseñando. Pienso en un escritor a quien conocí cuando era relati­vamente honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel An­gel Asturias. Ya que a esta altura no podría conseguir ni la juventud ni la absoluta honestidad, quisiera acon­sejarle que renuncie a la embajada de Guatemala en París. Quizá así podría conservar por lo menos un po­quito del decoro que Sartre otorgó al premio más muni­cipal de la tierra.

22 sept 2010

Publican en Uruguay libro de poesía inédita para conmemorar natalicio de Benedetti



La fundación Mario Benedetti conmemoró el 90 aniversario del nacimiento del escritor uruguayo con la publicación del libro Biografía para encontrarme, compilación de poesía inedita escrita por él durante los últimos dos años de su vida.

Según reportó el correponsal de teleSUR en Uruguay, Fabián Cardozo, la presentación del texto se realizó el pasado 14 de septiembre en Montevideo, capital de ese país suramericano, y estuvo dirigida por el cantante Daniel Viglietti, quien fue amigo de Benedetti y expresó su deseo de "quedarse en medio de los libros".

"En ellos he aprendido a dar mis pasos, a convivir con mañas y soplidos vitales, a comprender lo que crearon otros y a ser, por fin, este poco que soy", expresó Viglietti en el acto de presentación de la obra.

Biografía para encontrarme reúne 62 poemas y, según la Fundación Mario Benedetti, "fue lanzado para celebrar con su poesía el día que cumpliría los 89 años".

La organización también informó que para completar la celebración se presentó un texto llamado A Imagen y Semejanza, que incluye 80 cuentos sobre diversos temas escritos por Benedetti.

De igual forma, se dio a conocer que próximamente se inaugurará un certamen de poesía anual promovido por la Fundación que se creó luego de la muerte del poeta uruguayo.

Además se abrirá el primer Premio Internacional de Ensayo Mario Benedetti, un concurso por el que se entregará 10 mil dólares al mejor texto que analice cualquier aspecto de la obra del uruguayo.

La obra literaria completa de Mario Benedetti está conformada con más de 80 publicaciones y ha sido reconocida por la comunidad internacional como una de las más grandes colecciones de la literatura latinoamericana.

El libro emblemático de este autor es la novela corta llamada La tregua, publicada en el año 1960 y llevada al cine en el año 1975.

"La tregua es un relato agridulce narrado en forma de diario, en el cual se sublima con belleza y sensibilidad los pequeños y especiales momentos de felicidad e ilusión, incrustados en una existencia gris, frustrada y rutinaria", señaló el mismo escritor en una opotunidad.

Mario Benedetti murió el 17 de mayo de 2009 a la edad de 88 años.

24 jul 2009

Mario Benedetti: TE QUIERO



Te quiero
Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía.
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

23 jul 2009

Mario Benedetti: TÁCTICA Y ESTRATEGIA



Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.




14 jun 2009

Mario Benedetti: VAMOS JUNTOS



https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuq004yiTUCNJhH4terB33sT4nbT8TIyKQCebvZiRhs-ieq2d11EHj0M-sCG4kMrzCYjLGNGRmqmhzCqoGnvK6zgYHukWOsSXtN0aXn93kfVDEQ_wIQCLVDb5yuOtVncVRTVXsfUfxS5E/s1600/baguazo.jpg
Manifestación en Lima contra el Baguazo, junio 2009




Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero


compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero



la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero



la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero 

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes


con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero


algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia


con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.




Letras de emergencia ( 1973)

9 jun 2009

Benedetti: BUENAS NOTICIAS



Los Quemar las naves y Buenas noticias aparecen en CASA DE LAS AMÉRICAS ; julio - agosto de 1969; año X; Nº 55 ; La Habana; Buenas noticias en la 67.




BUENAS NOTICIAS




Llegan de atrás
pero no importa
son nuevas en verdad alentadoras


Marx se sabía su Shakespeare de memoria
y el Che sentía latir
precisamente en Marx
igual palpitación que en Baudelaire


qué suerte que esos dos tremendos tipos
capaces de instalar sus desafíos completos
para siempre en nuestras hemotecas
hayan tenido ganas
y hayan tenido tiempo
de apuntalar su cólera
infinitesimal y gigantesca
con esa cuña de alma
ese rubor tan verosímil esa
frágil e inexpugnable
barricada.



8 jun 2009

Mario Benedetti: CONSTERNADOS, RABIOSOS

Casa de las américas; año VIII ; Nº 46 ; enero - febrero 1968 ; La Habana, Cuba ; Págs. 61 - 62 .



Así estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles


da vergüenza mirar
los cuadros los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca
nunca estuvo
con la cinta tan pálida


vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart


da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido
eres nuestra conciencia acribillada


dicen que te quemaron
con qué fuego
van a quemar las buenas
las buenas nuevas
la irascible ternura
que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro
dicen que incineraron
toda tu vocación menos un dedo


basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos


así estamos
consternados
rabiosos


claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos irá pasando
la rabia quedará
se hará mas limpia


estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella


donde estés
si es que estás
si estás llegando
aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones


donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios


pero habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.

Benedetti: QUEMAR LAS NAVES

Los Quemar las naves y Buenas noticias aparecen en CASA DE LAS AMÉRICAS ; julio - agosto de 1969; año X; Nº 55 ; La Habana; Quemar las naves en la pagina 66.



QUEMAR LAS NAVES





El día o la noche en que por fin lleguemos
habrá que quemar las naves
pero antes habremos metido en ellas


nuestra arrogancia masoquista


nuestros escrúpulos blandengues


nuestros menosprecios por sutiles que sean


nuestra capacidad de ser menospreciados

nuestra falsa modestia y la dulce homilía

de la autoconmiseración
y no sólo eso
también habrá en las naves a quemar


hipopótamos de Wall street

pingüinos de la Otan
cocodrilos del Vaticano

cisnes de Buckingham Palace

murciélagos de El Pardo

y otros materiales inflamables




el día o la noche en que por fin lleguemos
habrá sin duda que quemar las naves
así nadie trendrá riesgo ni tentación de volver



es bueno que se sepa desde ahora
que no habrá posibilidad de remar nocturnamente
hasta otra orilla que no sea la nuestra
ya que será abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese solo aspecto
seremos más sectarios que Dios Padre



no obstante como nadie podrá negar
que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez rasgos dignos de mención
por no decir notables
habrá de todos modos un museo de nostalgias
donde se mostrará a las nuevas generaciones
cómo eran


París

el whisky

Claudia Cardinale.







Mario Benedetti: HAPPY BIRTHDAY

¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo
ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo?
¿cómo serán los demás sin este servidor?
¿o existirán tal como yo existo
sin los demás que se me fueron?
sin embargo
¿por qué algunos de estos son una foto en sepia
y otros una nube en los ojos
y otros la mano de mi brazo?
¿cómo seremos todos sin nosotros?
¿qué color qué ruidos qué piel suave qué sabor qué aroma
tendrá el ben(mal)dito mundo?
¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio? ¿vanguardia del olvido?
¿qué será del amor y el sol de las once
y el crepúsculo triste sin causa valedera?
¿o acaso estas preguntas son las mismas
cada vez que alguien llega a los sesenta?
ya sabemos cómo es sin las respuestas
mas ¿cómo será el mundo sin preguntas?

"Benedetti: un escritor sin tregua"

Enrique Sánchez Hernani *



Poeta y novelista. Dueño de una escritura sentimental, sencilla e irónica, Mario Benedetti se suma a otros grandes de las letras uruguayas como Juan Carlos Onetti, Horacio Quiroga, Cristina Peri Rossi y Juana de Ibarbourou.




Pese a haber vivido acosado por los exilios y la desaparición de sus amigos, Mario Benedetti tenía el talante tranquilo, la timidez y la apariencia reposada de un funcionario. Era conversador, pero no tanto; amable sí. Solía lanzar algunas bromas inocentes de vez en cuando para ganar amigos, que fue lo que más le sobró en la vida. Y poemas y cuentos y novelas y artículos periodísticos. Algunos lectores acuciosos de su obra han señalado que, en total, Benedetti publicó en vida más de 82 libros propios, además de su obra periodística. Y que en sus últimos días, arropado por sus amigos —como el célebre editor español Chus Visor—, escribía haikus y nuevos poemas.

MILITANTE. Benedetti en un mitin político
para las elecciones de 1971 en Uruguay.
Muchos en Lima lo vieron. Después de que en 1973 un golpe de Estado en el Uruguay lo obligara a salir de su país, al que no pudo volver sino después de una década, llegó al Perú. Algunos amigos de talante izquierdista, motivación que comulgaba con el escritor, que de apolítico y centrista se volvió adepto al socialismo tras la revolución cubana, le consiguieron un trabajo como columnista en un diario limeño. La columna se llamaba “Esta América”, donde escribía de todo, desde política hasta de su nostalgia por la biblioteca que había dejado atrás en Uruguay.



DeportadoEl Perú no andaba estable entonces. Morales Bermúdez depuso a Velasco e hizo a un lado a los amigos de la primera fase del entonces gobierno militar. La situación de Benedetti, que estaba en la lista de los amigos, se volvió delicada. Una noche alguien llamó al timbre del departamento donde vivía. Era un policía.

Benedetti le abrió y el hombre, sentado en su sala, lo interrogó con apatía. Al cabo de un rato el policía se quedó dormido profundamente. El escritor, intuyendo lo que le esperaba, rompió papeles comprometedores y los echó por el ducto del incinerador del edificio. Luego lo despertó. “Si vino a detenerme, deténganme”, cuenta Benedetti que le dijo. “Ay, perdone —le contestó el policía—, estaba muy cansado. He traído un libro suyo para que me lo firme”. Benedetti garrapateó su autógrafo. El policía cogió el libro y le dijo al sorprendido escritor: “Perdone, pero lo tengo que llevar al aeropuerto porque está deportado”. Y para su pasmo, prosiguió: “¿Qué prefiere, que lo ponga en un avión que lo lleve a la frontera con Ecuador o en otro que lo conduzca a Buenos Aires?”. Benedetti, que ya había estado en Buenos Aires, eligió irse a la Argentina. Antes de salir pisó un jabón y se hizo un corte en la frente. Aparatosamente vendado lo subieron al avión. A las horas, su mujer, Luz López Alegre, en el aeropuerto de Ezeiza, casi se muere al verlo todo maltrecho. A pesar de ello, Benedetti siempre guardó un buen recuerdo del Perú.

Un vasto escritor
El escritor, puede decirse, estaba predestinado a las letras. Su padre, un farmacéutico, le puso un nombre inesperadamente largo: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia. Nació en Paso de los Toros, Uruguay, el 14 de setiembre de 1920, hijo de Brenno y Matilde. A los dos años se trasladó con su familia a Tacuarembó, donde vivieron dos años, tras los cuales se mudaron a Montevideo cuando un tipo estafó al padre al venderle una farmacia vacía. Entre 1928 y 1933, el futuro escritor estudió en el rígido Liceo Alemán, de donde, al parecer, sacaría la disciplina que lo hizo acometer una obra tan extensa. Su padre lo retiró de allí cuando supo que en la escuela les iban a enseñar a saludar con el brazo en alto. Eran los años del surgimiento de Hitler.

Agobiado por la pobreza, Benedetti nunca terminó el bachillerato y tuvo que empezar a trabajar en una fábrica de repuestos de automóviles. En una época el escritor alcanzó a tener tres trabajos a la vez. Al mediodía, en las dos horas que le quedaban para el almuerzo, iba a un café de Montevideo y escribía allí, en un cuaderno, sus novelas, las que luego pasaba a máquina, en una Olivetti. En 1945 se casó con Luz, su compañera de toda la vida, a la que solo perdió un par años antes que él mismo partiera, a los 88 años, el domingo pasado.

Aunque su primer libro publicado fue uno de poemas, “La víspera indeleble” (1945), sería con sus novelas que alcanzaría el éxito: “¿Quién de nosotros?” (1953), “La tregua” (1960) y “Gracias por el fuego” (1963). Benedetti perteneció a la llamada Generación del 45, junto a escritores destacados como Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Homero Alsina y el ilustre Juan Carlos Onetti. Y aunque escribió de todo (sus poemas de amor deben ser unos de los más leídos de nuestra lengua), por lo que escribió contra las dictaduras y por su apoyo a Cuba fue considerado un adalid de la llamada “literatura comprometida”, cosa que a él no le gustaba mucho.

Sobre todo, poeta
Por el contrario, él solía considerarse “un poeta que escribía novelas”. “Poemas de la oficina”, uno de sus poemarios más conocidos, puede dar fe de ello. En Medellín, Colombia, tenía un Club de “fans”: ojo, no un club de lectores sino de “fans”, como si el escritor fuese una estrella de rock. Los tres tomos que agrupan su poesía, publicados bajo el nombre de “Inventarios”, cuentan con varias reediciones.

¿Qué más decir de un hombre tan interesado en su época? Que era un enamorado del fútbol e hincha acérrimo del Nacional. Cuentos como “Puntero izquierdo” o “El césped” dan cuenta de esa pasión. Él mismo pensaba que Uruguay era conocido en el mundo gracias a que fue campeón olímpico de fútbol en 1924 y 1928, y a que en 1950 le ganó a Brasil en el Maracaná. Hoy debe estar buscando en el espacio infinito a aquellos jugadores, para ver si tiene la dicha de verlos jugar.

°


* Tomado de la sección El Dominical del diario El Comercio , Lima domingo 24 mayo de mayo de 2009, paginas 10 y 11 .

Mario Benedetti: HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU HIJO




Al "viejo" hache



Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas

que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos

realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula

olvidaban poner el acento en el hombre

la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros

y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles

uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
                                   de menos

por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos

vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías

y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre

botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides

por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones

todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara

demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos

y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa

y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de vergüenza

por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere

llorá nomás botija
                           son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos

gritamos berreamos moqueamos chillamos
                     maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse


llorá
           pero no olvides




Poemas de Otros (1974)