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11 ago 2015

Nazım Hikmet: QUE LAS NUBES NO MATEN




Las que nos hacen hombres son las madres
Como cálidas luces marchan ante nosotros
¿No es una madre, acaso, la que os trajo al mundo?
Apiadaos entonces, Señores, de las madres
Que las nubes no maten a los hombres


Un niño de seis años va corriendo feliz
Su cometa supera las copas de los árboles
¿Es que no habéis jugado como ese niño, acaso?
Apiadaos entonces, Señores, de los niños
Que las nubes no maten a los hombres


Ante el espejo peina la novia sus cabellos
y en el espejo busca una imagen querida
Sin duda alguna vez os buscó así una novia
Apiadaos entonces, Señores, de las novias
Que las nubes no maten a los hombres


Cuando el hombre se va volviendo viejo
sólo debe evocar recuerdos placenteros
¿Es que vosotros mismos no sois, acaso, viejos?
Apiadaos entonces, Señores, de los viejos
Que las nubes no maten a los hombres 



Nazım Hikmet: LA NIÑA MUERTA




Soy yo quien golpea a tu puerta
a todas las puertas, a todas las puertas.
Pero ustedes no pueden contemplarme
es imposible ver a una niña muerta.

Hace diez años largos

he muerto en Hiroshima.
Pero sigo teniendo siete años.
Los niños muertos dejan de crecer

Al principio se inflamaron mis cabellos

mis manos y mis ojos ardieron después
me convertí en un puñado de cenizas
que el viento dispersó.

Nada, nada les pido para mí

no podrían mimarme aunque quisieran
una niña que ha ardido cual si fuera papel
no come caramelos.

Yo golpeo y golpeo a cada puerta:

Dénme, dénme una firma
para que los niños no sean asesinados
y coman caramelos.







Iri y Toshi Maruki: FANTASMAS


Fantasmas en procesión

en un instante despojados de

todas sus ropas

por la explosión.


Tenían quemaduras en todo

el cuerpo.

Hinchazones purpureas en

la piel

pronto reventadas y desprendidas

colgantes como tiras

de papel.


Fantasmas numerosos del

infierno

de la explosión atómica,

las manos medio alzadas

portaban corazones y piernas pesadas,

caían en dolorosa acumulación

y morían en sucesión.


Una sombra blanca humana

permanecía en un escalón de piedra

en el centro de la explosión.

¿A seis mil grados

se evapora el cuerpo?

¿Fue realmente eso lo que ocurrió?

Nadie puede expresar como era en

aquel momento.


Todos tenían

los rostros deformados

Difícil era distinguir

uno del otro,

aunque dijera su nombre

en una voz casi ida.


Un infante yacía dormido intacto.

Su madre debió haberle salvado

la faz inocente, la piel de terciopelo

en su vientre, tierno, blanco,

¡Oh!, incluso el pequeño se alzaría

de nuevo sobre sus pies y resolvería sus

pasos.

Cuando la paz fuera un hecho.

tomado de: https://marukigallery.jp/



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