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1 ago 2015

Pablo Neruda: CEREZAS




            Sucedió  en  ese  mes  y  en  esa  patria.

             Aquello  que  paso  fue  inesperado,
             pero  así  fue:  de  un día  al  otro día
             aquel  país  se  llenó  de  cerezas.

  
            Era  recalcitrante
            el  tiempo  masculino  desollado
             por el  beso  polar:  nadie  supone
             lo  que  yo  recogía  en  las  tinieblas:
             (metales  muertos,  huesos  de  volcanes)
             (silencios  tan  oscuros
             que  vendaban  los  ojos  de  las  islas)
             y  ya  entre  los  peñascos
             se  dio  por  descontado  el  laberinto
             sin  más  salida  que  la  nieve
             cuando  llegó  sin  advertencia  previa
             un  viento  de  panales  que  traía
             el  color  que  buscaban  las  banderas.
  
             De  cereza  en  cereza  cambia  el  mundo.

             Y  si  alguien  duda
             pido  a  quien  corresponda  que  examinen
             mi  voluntad,  mi  pecho  transparente,
             porque  aunque  el  viento  se  llevó  el  verano
             dispongo  de  cerezas  escondidas.


  
Geografía infructuosa
1972 



30 jul 2009

Jean Baptiste Clement: EL TIEMPO DE LAS CEREZAS



A la valiente ciudadana Louise, la
ambulanciera de la calle Fontine-au-Roi,
el domingo 28 de mayo de 1871



Cuando vuelva el tiempo de las cerezas
el ruiseñor alegre y los mirlos burlones
estén todos de fiesta,
las muchachas tendrán pasión en sus cabezas
y los enamorados, sol en el corazón.

Cuando vuelva el tiempo de las cerezas
silbarán mejor los mirlos burlones.



Pero es muy corto el tiempo de las cerezas,
cuando las parejas entre ensueños
van a cortar pendientes para sus orejas.
Cerezas de amor con sus trajes iguales
que ruedan bajo las hojas como gotas de sangre
Pero es muy corto el tiempo de las cerezas,
pendientes de coral que se cortan soñando.



Cuando estéis en el tiempo de las cerezas,
si acaso teméis las penas de amor,
evitad a las hermosas mujeres.
Yo, que no le temo a las penas crueles,
no viviré ya un día sin sufrir…
Cuando estéis en el tiempo de las cerezas
vosotros también tendréis penas de amor.



Por siempre amaré el tiempo de las cerezas.
De aquel tiempo guardo en el corazón
una herida abierta .
Y aunque se me ofreciera la diosa Fortuna,
jamás podría calmar mi dolor.
Por siempre amaré el tiempo de las cerezas,
y el recuerdo que guardo en el corazón.





Jean-Baptiste Clement, (1837-1903), poeta y comunero francés. Hijo de un molinero acomodado, abandonó su familia para seguir su vida. Llegó a pasar «por treinta y seis oficios y muchas más miserias». En sus canciones --Las canciones del pedazo de pan, Las canciones del porvenir--, denuncia la esclavitud de los trabajadores, se manifiestan las reivindicaciones proletarias y hace un llamamiento por un 1789 de los trabajadores: «¡En nombre de la justicia / / Ya va siendo hora / De que los siervos de las fábricas / De la tierra y de las minas / Tengan su Ochenta y nueve". Tiene que exiliarse a Bélgica en 1867, y publica su obra maestra, El tiempo de las cerezas, que luego será convertida en una de las canciones más emblemáticas de la Resistencia en voces como la de Ives Montand. De vuelta a Francia funda La Casse-té'te y colabora con Delescluze en Le reforme. Es detenido en 1870 por «ofensas al Emperador» e «incitaciones a cometer diversos crímenes».
Durante el Sitio de París forma parte de la Guardia Nacional. y es elegido miembro de] Comité de vigilancia de Montmatre. Tras la insurrección del 18 de marzo fue elegido dirigente de la Comuna representando al distrito XVIII. Su actividad es desbordante, es miembro de la Comisión de servicios públicos y de la de enseñanza, delegado en los talleres de fabricación de munición y del municipio... Es de los que resisten en Belleville. Escapa al ocultarse en casa de un leñador y escribe La semana sangrienta, una denuncia de la represión. Escapa a Londres y en 1874 es condenado a muerte en rebeldía. Vuelve a Francia en 1880 y milita en varios grupos socialistas hasta pasar al partido de Guesde y Lafargue. Durante casi diez años trabaja intensamente como sindicalista y socialista en el departamento de las Ardenas. Es condenado a dos años de cárcel en 1891, pero la presión popular logra reducir la pena. Su última obra fue El desquite de los Comuneros (1886). Evolucionó del mutualismo hacia el marxismo en el exilio.