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26 mar 2011

Bertolt Brecht : RESOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS






1
Considerando a nuestra debilidad hicisteis
Leyes que deben avasallarnos.
No sean acatadas las leyes en el futuro
Considerando que no queremos más ser siervos.

Considerando que nos
Amenazáis pues con fusiles y cañones
Hemos decidido temer más ahora
Una mala vida que la muerte.

2
Considerando que seguimos hambrientos
Si toleramos que nos robéis
Queremos pues hacer constar que solo vidrios
Nos separan del buen pan que nos falta.

Considerando que nos
Amenazáis pues con fusiles y cañones
Hemos decidido temer más ahora
Una mala vida que la muerte.

3
Considerando que ahí se alzan casas
Mientras que nos dejáis sin morada
Hemos decidido instalarnos ahora allá,
Porque en nuestros huecos, no nos conviene más.

Considerando que nos
Amenazáis pues con fusiles y cañones
Hemos decidido temer más ahora
Una mala vida que la muerte.

4
Considerando: hay demasiado carbón
Mientras tenemos frió sin carbón
Hemos decidido tomarlo ahora para nosotros
Considerando que luego tendremos calor.

Considerando que nos
Amenazáis pues con fusiles y cañones
Hemos decidido temer más ahora
Una mala vida que la muerte.

5
Considerando: no conseguiréis
Establecer un buen salario para nosotros
Recuperemos ahora las fábricas nosotros mismos
Considerando: sin vosotros sí alcanza para nosotros.

Considerando que nos
Amenazáis pues con fusiles y cañones
Hemos decidido temer más ahora
Una mala vida que la muerte.

6
Considerando que no confiamos
En el gobierno, sea lo que sea que prometa
Hemos decidido construir ahora para nosotros
Una buena vida bajo nuestra propia dirección.

Considerando: dais oídos a cañones -
Otro lenguaje no podéis entender -
¡Tenemos pues, sí, esto valdrá la pena,
Que girar los cañones hacia vosotros!




Este poema cierra la sección tercera de la pieza de teatro “Los días de la Comuna” (“Die Tage der Kommune”),escrita entre 1945-1950.

19 feb 2010

Pablo Neruda: A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA

LLEGASTE a mí directamente del Levante. Me traías,
pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
la escolástica de viejas páginas, un olor
a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado
sobre los montes, y en tu máscara
la aspereza cereal de la avena segada
y una miel que medía la tierra con tus ojos.


También el ruiseñor en tu boca traías.
Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
de incorruptible canto, de fuerza deshojada.
Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
bajo la luna y bajo el sol de la batalla.


Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.
Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
te escucho, sangre, música, panal agonizante.


No he visto deslumbradora raza como la tuya,
ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
ni he visto nada vivo como tu corazón
quemándose en la púrpura de mi propia bandera.


Joven eterno, vives, comunero de antaño,
inundado por gérmenes de trigo y primavera,
arrugado y oscuro como el metal innato,
esperando el minuto que eleve tu armadura.

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que te buscan.
Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
que se despeñarán sobre el pecho de España
aplastando a Caín para que nos devuelva
los rostros enterrados.
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán un día.


Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
que no será borrado tu martirio, y tu muerte
caerá sobre toda su luna de cobardes.
Y a los que te negaron en su laurel podrido,
en tierra americana, el espacio que cubres
con tu fluvial corona de rayo desangrado,
déjame darles yo el desdeñoso olvido
porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.


      Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
      de la crueldad, Mao Tse-tung dirige
      tu poesía despedazada en el combate
      hacia nuestra victoria.
                             Y Praga rumorosa
      construyendo la dulce colmena que cantaste,
      Hungría verde limpia sus graneros
      y baila junto al río que despertó del sueño.
      Y de Varsovia sube la sirena desnuda
      que edifica mostrando su cristalina espada.
      Y más allá la tierra se agiganta, la tierra
      que visitó tu canto, y el acero
      que defendió tu patria están seguros,
      acrecentados sobre la firmeza
      de Stalin y sus hijos.


                               Ya se acerca
      la luz a tu morada.
                               Miguel de España, estrella
      de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,
      no te olvido, hijo mío!


                               Pero aprendí la vida
      con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
      y encontré en mí no el llanto,
      sino las armas
      inexorables!

               Espéralas! Espérame!


Fotografía tomada durante la comida homenaje a Vicente Aleixandre en el Restaurante “Buenos Aires” de Madrid, el 4 de mayo de 1935 por la aparición de "La destrucción o el amor”.

Vemos de izquierda a derecha y de pie a Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio Espina, Luis Felipe Vivanco, J.F. Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda y Juan Panero. Sentados Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Diez-Canedo, Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y a José Bergamín. Sentado en el suelo: Gerardo Diego


  


Canto General, está compuesto de quince secciones o "cantos", el numero XII : "Los Ríos del Canto",contiene los siguientes poemas Carta a Miguel I: Otero Silva. En Caracas (1948), II: A Rafael Alberti (Puerto de Santa María, España), III: A González Carbalho (en Río de la Plata), IV: A Silvestre Revueltas, de México en su muerte (oratorio menor) y concluye este canto con el poema V: A Miguel Hernández asesinado en los presidios de España.


Canto General  se editó en México en abril de 1950 con ilustraciones de David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera quienes firmaron cada uno de los ejemplares de esta edición numerada.


8 abr 2009

Pablo Neruda: Un canto para Bolívar







PADRE nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.
Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".