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3 sept 2017

Rolando Alárcon interpreta LA BALADA DE HO CHI MINH







Más allá, donde el sol levanta,
en la tierra y en el golfín,
vive el padre del pueblo de Indochina,
un pueblo que lucha junto a Ho Chi Minh.

Ho, Ho, Ho, Ho Chi Minh,
Ho, Ho, Ho, Ho Chi Minh.

En Saigón la montaña ruge
y los valles en silencio están
porque el joven y el viejo campesino
luchan por la libertad para su Vietnam.

Ho Chi Minh era un marinero
que una tarde regresó feliz
y encontró que su pueblo estaba triste;
triste no era la esperanza de Ho Chi Minh.

Ho Chi Minh se fue a la montaña
y su pueblo también marchó
y soñaba que su tierra era libre,
contra el enemigo y contra el invasor.

Y creció como un mar gigante
cien y miles junto a Ho Chi Minh.
Florecían soldados para el pueblo,
para dar la libertad, para el Viet Minh.

”Libertad” gritan las banderas
y en la selva se oye una canción:
es el pueblo que marcha a la victoria,
paz y libertad serán para el Vietnam.

Ewan MacColl : THE BALLAD OF HO CHI MINH


Far away across the ocean, Far beyond the sea's eastern rim, Lives a man who is father of the Indo-Chinese people, And his name it is Ho Chi Minh. Ho, Ho, Ho Chi Minh. Ho, Ho, Ho Chi Minh. From VietBac to the SaiGon Delta From the mountains and plains below Young and old workers, peasants and the toiling tenant farmers Fight for freedom with Uncle Ho. Ho, Ho, Ho Chi Minh, etc. Now Ho Chi Minh was a deep sea sailor He served his time out on the seven seas Work and hardship were part of his early education Exploitation his ABC. Now Ho Chi Minh came home from sailing And he looked out on his native land Saw the want and the hunger of the Indo-Chinese people Foreign soldiers on every hand. Now Ho Chi Minh went to the mountains And he trained a determined band Heroes all, sworn to liberate the Indo-Chinese people Drive invaders from the land. Fourteen men became a hundred A hundred thousand and Ho Chi Minh Forged and tempered the army of the Indo-Chinese people Freedom's Army of Viet Minh. Every soldier is a farmer Comes the evening and he grabs his hoe Comes the morning he swings his rifle on his shoulder This the army of Uncle Ho. From the mountains and the jungles From the ricelands and the Plain of Reeds March the men and the women of the Indo-Chinese Army Planting freedom with vict'ry seeds. From VietBac to the SaiGon Delta Marched the armies of Viet Minh And the wind stirs the banners of the Indo-Chinese people Peace and freedom and Ho Chi Minh.


Versión en vietnamita:

       

16 may 2013

Homenaje a Javier Heraud



Ayer en el auditorio de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Hildebrando Pérez se dirigió a los jóvenes y planteo un dialogo con Javier Heraud por intermedio de su poesía, ya que en ella se expresan características importantísimas de la personalidad del poeta como son: sinceridad, claridad, lenguaje directo y familiar. También estableció un dialogo imaginario entre Constantino Cavafis y Javier Heraud, entre el poema Ítaca y Explicación de Rodrigo Machado. 

En tanto que Héctor Béjar, compañero de Javier Heraud en el ELN, nos refiere al Perú de los años 50, el cual describe que en su aspecto cultural era "una mescla de convento con hacienda" luego de proponer un símil entre los jóvenes revolucionarios del 60 y los héroes de la independencia americana como una explicación al surgimiento Javier Heraud, Edgardo Tello y otros jóvenes revolucionarios plantea a los jóvenes de hoy actuar con coherencia y mantener una línea moral. 

Los recuerdos de Arturo Corcuera llenaron de emoción el auditorio, nos revelaron cuánto quería Javier el cine y la admiración que sentía por Miguel Hernández. Cecilia Heraud finalizo con un sentido recuento vital de Javier Heraud, y vimos a Javier como un joven bueno a quien lo identificaba el amor: amor por su familia, por los estudios, por la poesía y por su Patria. 

Cartel del evento


19 feb 2010

Pablo Neruda: A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA

LLEGASTE a mí directamente del Levante. Me traías,
pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
la escolástica de viejas páginas, un olor
a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado
sobre los montes, y en tu máscara
la aspereza cereal de la avena segada
y una miel que medía la tierra con tus ojos.


También el ruiseñor en tu boca traías.
Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
de incorruptible canto, de fuerza deshojada.
Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
bajo la luna y bajo el sol de la batalla.


Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.
Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
te escucho, sangre, música, panal agonizante.


No he visto deslumbradora raza como la tuya,
ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
ni he visto nada vivo como tu corazón
quemándose en la púrpura de mi propia bandera.


Joven eterno, vives, comunero de antaño,
inundado por gérmenes de trigo y primavera,
arrugado y oscuro como el metal innato,
esperando el minuto que eleve tu armadura.

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que te buscan.
Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
que se despeñarán sobre el pecho de España
aplastando a Caín para que nos devuelva
los rostros enterrados.
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán un día.


Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
que no será borrado tu martirio, y tu muerte
caerá sobre toda su luna de cobardes.
Y a los que te negaron en su laurel podrido,
en tierra americana, el espacio que cubres
con tu fluvial corona de rayo desangrado,
déjame darles yo el desdeñoso olvido
porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.


      Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
      de la crueldad, Mao Tse-tung dirige
      tu poesía despedazada en el combate
      hacia nuestra victoria.
                             Y Praga rumorosa
      construyendo la dulce colmena que cantaste,
      Hungría verde limpia sus graneros
      y baila junto al río que despertó del sueño.
      Y de Varsovia sube la sirena desnuda
      que edifica mostrando su cristalina espada.
      Y más allá la tierra se agiganta, la tierra
      que visitó tu canto, y el acero
      que defendió tu patria están seguros,
      acrecentados sobre la firmeza
      de Stalin y sus hijos.


                               Ya se acerca
      la luz a tu morada.
                               Miguel de España, estrella
      de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,
      no te olvido, hijo mío!


                               Pero aprendí la vida
      con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
      y encontré en mí no el llanto,
      sino las armas
      inexorables!

               Espéralas! Espérame!


Fotografía tomada durante la comida homenaje a Vicente Aleixandre en el Restaurante “Buenos Aires” de Madrid, el 4 de mayo de 1935 por la aparición de "La destrucción o el amor”.

Vemos de izquierda a derecha y de pie a Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio Espina, Luis Felipe Vivanco, J.F. Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda y Juan Panero. Sentados Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Diez-Canedo, Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y a José Bergamín. Sentado en el suelo: Gerardo Diego


  


Canto General, está compuesto de quince secciones o "cantos", el numero XII : "Los Ríos del Canto",contiene los siguientes poemas Carta a Miguel I: Otero Silva. En Caracas (1948), II: A Rafael Alberti (Puerto de Santa María, España), III: A González Carbalho (en Río de la Plata), IV: A Silvestre Revueltas, de México en su muerte (oratorio menor) y concluye este canto con el poema V: A Miguel Hernández asesinado en los presidios de España.


Canto General  se editó en México en abril de 1950 con ilustraciones de David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera quienes firmaron cada uno de los ejemplares de esta edición numerada.