Mostrando entradas con la etiqueta julio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta julio. Mostrar todas las entradas

10 jul 2013

Názim Hikmet, Nicolás Guillén y Rafael Alberti


Tres grandes poetas comunistas en su aniversario 111

 Ernesto Gómez Abascal


El 15 de enero de 1902, nació en la ciudad de Salónica, hoy parte de Grecia, pero entonces perteneciente al Imperio Otomano, el gran poeta turco Názim Hikmet.  Ese mismo año, el 10 de julio en Camagüey, también nacía nuestro Nicolás Guillén; y el 16 de diciembre en Cádiz, España, Rafael Alberti.  Los tres fueron militantes comunistas y luchadores antimperialistas de vanguardia, sufrieron persecución y cárcel, y compartieron, utilizando las palabras del poeta turco, “el duro oficio del exilio”.


Guillén y Alberti, conocieron a Názim en Moscú y mantuvieron con él una estrecha amistad.  El cubano lo llamaba “mi hermano turco”.  En su Prosa de prisa, publicada por la Editorial Letras Cubanas en 1987, se refiere así a este:

“Era un hombre alto, bien puesto, rubio, de ojos azules y piel rojiza, como un inglés. En lo de turco, más parecía serlo Jorge Amado —y así lo decíamos en broma sus amigos cuando ambos estaban juntos— que aquel gran cantor de Turquía —nieto de un pashá —que muere sin haber visto a su patria.
“Sin conocer palabra de su idioma, nos deleitaba y suspendía el escucharle los poemas. Eran como canciones extremadamente musicales, cuyo ritmo había tomado el poeta de la cantera popular en su país. 
“¡Pobre poeta! Como Nesval (sic), el gran checo, lo traicionó el ‘miocardio inocente’ de nuestro Rubén (Darío). Su vida fue un ejemplo puro de humanidad y lirismo soldados firmes, como él veía el contenido y la forma en la escritura, de acción y  pasión. Quince años lo tuvo el turco reaccionario en una cárcel, y allí enfermó para no curar nunca. De eso ha muerto, y del dolor de amar mucho a los suyos, a su pueblo, y de cantarlos sin poderlos redimir”.


También en Páginas vueltas, las memorias que escribió Guillén al final de su vida, dedicó un afectuoso recuerdo a su “hermano turco”:

La primera vez que fui a la Unión Soviética, entre las muchas personas a quienes conocí, me hizo una muy agradable impresión el poeta Názim Hikmet, hoy fallecido.  Era un hombre alto, rubio, aguileño, de ojos azules, muy simpático. Se expresaba en ruso y francés con la mayor seguridad, y mantenía un tono risueño y jovial en la conversación.  Todo el mundo lo llamaba Názim a secas, y de todo el mundo era querido y admirado.  Cuando el II Congreso de escritores afroasiáticos, él y yo coincidimos en El Cairo, donde él representaba a su país, o mejor dicho, a su pueblo.
Una noche, la noche en que Nasser ofreció a las delegaciones un portentoso agasajo en el Palacio Imperial, me encontré a Názim, que iba acompañado de su esposa, una mujer muy bella y joven. Yo lo bromeé con este hecho, dirigiéndome a la dama y diciéndole con fingida ingenuidad: ‘Veo que su papá goza de muy buena salud’. Ella rió de buena gana, y él también, claro, pero no sin decir: ‘Este hombre es un bandido, un negro pirata de las Antillas’.
Nos veíamos con frecuencia, sobre todo cada vez que yo iba a Moscú.  Las anécdotas en relación con él me vienen a la mente. Una tarde llegué yo a su casa, o mejor dicho, a su departamento de soltero, pues aún no se había casado entonces, y lo vi muy atareado haciendo una maleta, sin duda en víspera de viaje. De repente me dijo: ‘Mira, tengo esto para ti’, y me mostró un pedazo de papel verde.  ‘A mí no me sirve para nada, a ti seguramente pienso que te vendrá muy bien’, añadió. Era un billete de cien dólares. Claro que él sabía que ‘este papel’ era convertible en rublos, pero pienso que hizo eso para que yo no careciera de dinero en un país extraño.
¡Pobre Názim! Él estuvo en Cuba por los años 60 y se le dio un homenaje muy simpático y numeroso en la UNEAC. Sin embargo, me dijo que no podía soportar nuestro clima, el cual le ocasionaba muy riesgosos trastornos cardiacos.


Durante la estancia de unas dos semanas en Cuba, en calidad de invitado del Gobierno Revolucionario, en mayo de 1961, el gran poeta comunista turco sostuvo varios encuentros con poetas e intelectuales cubanos, entonces enfrascados en la preparación del Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas. La prensa de la época publicó igualmente varias entrevistas que aparecieron en los periódicos Hoy y Revolución, en la revista Bohemia, y el 25 de mayo compareció en el programa Ante la Prensa trasmitido por CMQ TV, donde Luis Gómez Wangüemert sirvió de moderador y participó entre otros, nuestro querido poeta Pablo Armando Fernández.
En Cuba, recién derrotada la invasión mercenaria yanki de Playa Girón, se vivían momentos de grandes definiciones y de movilización popular y revolucionaria. Názim narró sus impresiones en un largo poema titulado “Reportaje en La Habana”.
Durante sus encuentros, fue interrogado sobre muchos aspectos teóricos que interesaban a nuestros intelectuales. Se refirió al Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas que tendría efecto próximamente en La Habana y dijo que “una de las tareas principales de este Congreso debía ser la de idear y organizar la manera de poner en contacto a los intelectuales con el pueblo”. También afirmó: “Una guerra de independencia sin revolución social es una guerra ficticia”. Y “la Revolución cubana es un espejo para los pueblos que luchan por su independencia”.
Interrogado en una de estas entrevistas sobre su conocimiento sobre la poesía cubana, respondió: “Yo conozco de la poesía cubana un poeta que es mundial, que ha representado y representa en nuestro planeta la cultura revolucionaria del pueblo cubano, un poeta de gran maestría, que yo estoy orgulloso, no solo de ser  su lector, sino también de ser su amigo: Nicolás Guillén”.



Rafael Alberti, compartió con él en no pocas ocasiones cuando se encontraban en la desaparecida URSS, según nos ha informado su hija Aitana.  Sin embargo, (y aunque posiblemente exista) no hemos encontrado referencias en su obra, al gran poeta turco.
Nacidos los tres en 1902, fueron ejemplo de poetas e intelectuales comprometidos —hasta el último aliento de sus vidas—, con las causas revolucionarias no solo de sus respectivos pueblos, sino con las de todos los pueblos del mundo. Aún después de muertos, en este aniversario 111, sus legados, continúan constituyendo armas para defender la justicia y la dignidad, y perdurarán por siempre, pues como afirmó Názim en Cuba: “cuando se hace literatura para el pueblo hay que hacerla muy alta y muy buena… (por eso) la buena, la verdadera poesía está de nuestro lado, del lado del pueblo”.


 Tomado de:  La Jiribilla.cu             

8 abr 2009

Biografía de Pablo Neruda





Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto nació en Parral, actual VII Región, el 12 de julio de 1904. Su madre fue Rosa Neftalí Basoalto Opazo, profesora de un liceo de niñas. Su padre, José Ángel Reyes, fue obrero y posteriormente maquinista. Contrajeron matrimonio en 1903. Rosa murió de tuberculosis pocas semanas después de dar a luz a Neftalí, su único hijo. Esta ausencia marcaría más adelante al poeta, y su nostalgia se hizo patente en dos poemas dedicados a ella: Luna y Humildes Versos para que Descanse Mi Madre, del libro El Río Invisible, publicado años después de su muerte (1980).

Neftalí —bautizado así en recuerdo de su progenitora— se educó los primeros años de su vida en la casa de sus abuelos, hasta que en 1906 fue a vivir a Temuco junto a su padre. Este había vuelto a casarse con Trinidad Candia Marverde, a quien el niño denominó “mamadre”. Por el cariño que le tenía, la llamaba el “ángel tutelar de mi infancia”. Laurita y Rodolfo fueron sus hermanos por parte de padre.

En 1919 Neftalí ingresó al Liceo de Hombres de Temuco. Su compañero de banco fue Gilberto Concha Riffo, quien con el tiempo se hizo llamar Juvencio Valle, mientras que Neftalí Reyes adoptó el seudónimo de Pablo Neruda.

Una ciudad naciente
A principios de siglo, Temuco tenía las características de ciudad naciente. La población residente allí estaba conformada en su mayoría por colonos y comunidades indígenas desplazadas a reducciones. Neruda fue sensible a esta parte de la historia del país, la que se encuentra plasmada en el Canto General (1950).

El clima lluvioso también influyó en su poesía. Fue así como, años después, en su casa de Isla Negra, instaló en una de las habitaciones un techo de zinc para escuchar el sonido de la lluvia.

Se ha caracterizado a Neruda en esos años como un joven tímido y taciturno.


Acercamiento a la poesía

El primer contacto de Neftalí Reyes con la poesía fue a través de un tío poeta: Orlando Mason. Mientras, a su padre no le interesaba que su hijo fuera poeta; pensaba que debía estudiar en la universidad alguna carrera profesional.

Para él resultaba vergonzoso tener un hijo poeta que formara parte del mundo bohemio y que viviera sumergido en la pobreza toda su vida.


El seudónimo

Su seudónimo Pablo Neruda surgió a comienzos de la década que comenzó en 1920. Se ha señalado que la primera vez que lo adoptó fue ese mismo año, cuando escribió sobre el asalto a la Federación de Estudiantes firmando como Pablo Neruda.

“Pablo” le gustaba, y “Neruda” lo eligió por el poeta checo Jan Neruda. Sus primeros versos fueron publicados en revistas sureñas y en algunas publicaciones estudiantiles. El primer poema suyo en triunfar en un concurso literario fue Canción de Fiesta (1921).

Viaje a Santiago
En 1921 Neruda dejó Temuco para trasladarse a Santiago, decidido a continuar el camino de la literatura.

Comenzó a estudiar Pedagogía en Francés en la Universidad de Chile. Allí conoció a Albertina Azócar, quien al parecer fue su primer amor. Ambos eran compañeros de estudios.

Neruda le dedicó a ella los primeros poemas de los tan conocidos Veinte poemas de Amor y una Canción Desesperada (1924).

La efervescencia social de los años veinte fue ávidamente absorbida por el poeta, que desarrolló junto a sus compañeros universitarios y colegas contemporáneos una activa vida cultural. Rubén Azócar, Tomás Lagos, Ángel Cruchaga, Diego Muñoz y años después Pablo de Rokha, se encontraban con él en distintos cafés, donde charlaban y discutían acerca de los más diversos temas.


Crepusculario
El primer libro publicado de Neruda fue Crepusculario, que apareció en 1923 en la revista Claridad. Entonces el poeta era un joven instalado recientemente en Santiago, y ello le demandaba grandes sacrificios.
Vivía en hogares estudiantiles y conventillos. Sus barrios de entonces eran los alrededores céntricos de la capital, por ejemplo, la calle Maruri.


Primer viaje a Europa
En 1927, Pablo Neruda realizó su primer viaje a Europa, junto a su amigo Álvaro Hinojosa. Luego se dirigió hacia el Oriente, donde había sido destinado cónsul en Rangoon y Birmania. Su quehacer oficial se limitaba a que, una vez cada tres meses, debía firmar y timbrar documentos, cuando llegaban desde Calcuta parafina y cajones de té para Chile.

En 1929 asistió al Congreso Panhindú, en Calcuta, donde conoció a Gandhi. Posteriormente, en 1930, fue nombrado cónsul en Colombo, Ceilán. En esa época contrajo matrimonio con María Antonieta Hagenaar, con quien tuvo una hija, Malva Marina, que nació en 1934 en Madrid y que desde pequeña fue muy enfermiza.

Compromiso político
En 1934, Neruda se embarcó hacia Madrid, España, en plena República amenazada, para ejercer como cónsul. Posteriormente recordó que allá fue muy bien recibido por el mundo lírico. Fue entonces cuando conoció al poeta Federico García Lorca.

En julio de 1936 comenzó la Guerra Civil española. Como consecuencia de su posición política antifranquista, Neruda fue destituido de su cargo diplomático y viajó a París. A partir de las experiencias vividas durante la guerra, se comprometió políticamente.

Él mismo definió este período como el que marcó en forma definitiva su camino político. Este cambio también se reflejó en su poesía.

Como mensaje al resto del mundo sobre lo que ocurría en España, escribió España en el Corazón, publicado en noviembre de 1937. A fines de ese año regresó a Chile, fundando y presidiendo la Alianza de Intelectuales de Chile para Defensa de la Cultura.


Mueren su padre y su “mamadre”

El 7 de mayo de 1938 murió José Ángel Reyes, su padre, y a los pocos meses, en agosto, Trinidad Candia, su “mamadre”. Después de esta gran pena, Neruda se integró a trabajar por el candidato presidencial del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda. Después del triunfo de este, fue nombrado cónsul en París.


El Winnipeg

En 1939, Neruda, como cónsul en Francia, consiguió el viaje del barco Winnipeg desde Francia hasta Valparaíso, para traer a Chile a más de dos mil españoles que escapaban de la guerra y que llegaron al país a fines de 1939.

En 1940 Neruda regresó a Santiago, y en 1941 estuvo en Centroamérica. Fue cónsul en México. En 1942 murió en Europa su hija Malva Marina.

Parlamentario y Premio Nacional


En 1943, el poeta se trasladó junto a Delia del Carril, “la hormiguita”, su nueva mujer, a vivir a Isla Negra. En marzo de 1945 fue elegido senador de la República por Tarapacá y Antofagasta, e ingresó al Partido Comunista.

En 1945 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura, y ese mismo año, el 28 de diciembre, se aprobó legalmente su nombre como Pablo Neruda.


Clandestinidad y exilio

Neruda fue un entusiasta partidario de Gabriel González Videla. Incluso lo apoyó en calidad de generalísimo de la campaña presidencial, inventando consignas como: “El pueblo te llama, Gabriel”.

Sin embargo, ya siendo Presidente, González Videla promulgó la Ley de Defensa de la Democracia (1947), llamada “Ley Maldita”, que prohibió la existencia del Partido Comunista y mediante la cual se perseguía a sus partidarios. Con ello, Neruda fue desaforado en 1948. Clandestino en el país hasta 1949, durante ese tiempo escribió la mayor parte del Canto General.

El mismo año de 1949, Neruda partió al exilio, etapa durante la cual viajó por diversos países, mientras continuaba con una afanada producción literaria: en México editó el Canto General, y estuvo en Varsovia, por el Congreso Mundial de Partidarios por la Paz, obteniendo el Premio Internacional de la Paz. También visitó la Unión Soviética. Estos hechos lo orientaron a impulsar su poesía militante.

Regresó a Chile el 12 de agosto de 1952, a su casa de la comuna de La Reina. El 20 de diciembre de 1953 recibió el Premio Stalin de la Paz.



Todo puede ser poesía

En su obra, Neruda demuestra que todo puede ser poesía. Tanto lo considerado trascendente como lo intrascendente aparece en las Odas Elementales, de 1957. En ellas se refleja la sencillez de la temática de su poesía: ella contiene versos para la alcachofa, la manzana, el vino, el átomo y el traje; le escribe a un reloj en la noche, al hilo, y también a la vida, a la tristeza, al pasado, a la pobreza, a la soledad, etcétera.

Para Neruda, desde muy joven el tema del amor fue muy importante. Son conocidos los poemas que le dedicó a una muchacha en Temuco. Pero entre sus amores más conocidos estuvo Albertina Azócar, a quien escribió y dedicó poemas durante al menos treinta años.

Una vez que se separó de su esposa, María Antonieta Lagenaar, se unió a Delia del Carril y con ella permaneció hasta 1954, año a partir del cual vivió con Matilde Urrutia, con quien estuvo hasta su muerte.

Amigos

Sus amigos también fueron innumerables. Entre ellos hubo importantes personalidades internacionales, tanto del ámbito político como artístico y cultural: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Volodia Teitelboim, Gabriela Mistral, Miguel de Unamuno, Alberto Rojas Giménez, Miguel Hernández y Salvador Allende forman parte de esta lista.


Candidato presidencial

Con la efervescencia política de la década que comenzó en 1960, se había polarizado el escenario político en Chile. Con motivo de las elecciones presidenciale
s de 1970, Pablo Neruda fue presentado como candidato presidencial en representación del Partido Comunista.

Sin embargo, con el fin de apoyar el proyecto político social de Salvador Allende, declinó en favor de este candidato. Como amigo personal y político, Neruda apoyó la campaña y la presidencia de Salvador Allende.


Premio Nobel de Literatura

En 1971 aceptó el cargo de embajador en Francia, y el mismo año se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. En el país europeo comenzó sus memorias, publicadas en forma póstuma: Confieso que He Vivido (1974).

En 1972 Neruda renunció a su cargo diplomático y regresó a Chile. A mediados de 1973, recurrió a intelectuales latinoamericanos y europeos para evitar un enfrentamiento en el país.

Neruda falleció de cáncer el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe militar que derrocó al gobierno de Salvador Allende.


Sus principales obras

Entre sus principales obras se pueden mencionar: Crepusculario (1923), Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada (1924), Tentativa del Hombre Infinito (1925), Residencia en la Tierra (1933), la serie España en el Corazón (1937), Las Furias y las Penas (1936), Tercera Residencia (1942), Canto General (1950), Himno y Regreso (1947), Que Despierte el Leñador (1948), Odas Elementales (1954-1957), Todo el Amor (1953), Extravagario (1958), Memorial de Isla Negra (1964) y Confieso que He Vivido (1974).