2 may. 2012

Evgueni Evtushenko: MADRE CUBANA



Hay, cerca de Girón, una pequeña tienda
De campaña, donde una campesina vive.
Parecida a un espectro, cada noche ella sale
y lentamente se encamina hacia el mar.

Señora Amelia, dígame: ¿ por qué no duerme usted?
La inmensa oscuridad envuelve al Mar Caribe.
¿ Por qué mira hacia donde el sombrío horizonte
Se observa, entre las nubes que se acercan flotando?

y ella entonces contesta: El se llamaba Pablo.
Cuando aún era niño,
Colocando la cuna en las ramas de un árbol,
Yo molía junto a ella el café en el mortero.

"Tuc, tuc", sonaba allí mi maza de madera,
Como voz de esperanzas, dolores y tormentos
Era como la más terrenal de las nanas
Ese suave "tuc tuc".

Mi marido, con sus grandes manos inhábiles,
Cogía a nuestro niño, a nuestro frágil niño,
y decía "tú sabes, Amelia, que él será
Más feliz que yo nunca lo haya sido
y que tú!"

Deseaba que su hijo no viviera agobiándose.
Que fuera, como los montes, potente y simple.
Que cogiera la vida sonriendo,
Como a la piña altiva, por su verde corona.

Nuestro Pablo crecía, como caña en un valle,
y por defenderlo, en uno de los ataques
Cayó mi esposo
casi junto a nuestro poblado,
Luchando contra un tanque con su escopeta vieja.

Y Pablo mientras tanto, crecía ...
y cuando en marzo
Cumplió, por fin, sus diecisiete años,
Me dijo:
"Madre yo sé que tú me comprendes.
Tengo que ser soldado, como fuera mi padre."

Y yo lo comprendí,
sin lágrimas ni gritos,
Pero el corazón de las madres siempre sufre:
Los hombres que llegaron de donde bate el mar
Lo mataron a él, como antes a su padre.

Aquí fue donde cayó Pablo, mi Pablito,
Tenía para él una navaja de afeitar.
Pero ni una vez sola pudo llegar a usarla.
Parece que compré muy tarde su regalo.

No llegué a ver ni cómo se apagaban sus ojos.
Hasta la sangre estaba cubierta por la arena.
Se tendió con la cara dirigida hacia el Norte,
La cara ya cubierta de bozo juvenil.

Cuando al cabo llegué a la tumba de Pablo,
La desgracia secó cada una de mis lágrimas.
Caí calladamente sobre la oscura piedra,
y comprendí, de pronto: nunca me iré de aquí.

Hace ya más de un año que es aquí donde vivo.
Dormía primero echándome sobre la hierba,
y ahora puedo hacerlo en la tienda de campaña
que los soldados han querido regalarme.

Ahora somos tres
-- el mar,
yo
y la tumba.
No puedo olvidar nada.

Recuerdo que yo amaba profundamente el mar.
¡ Como ahora lo odio!

He aquí el mar bramando, vasto, arremolinado,
Arrojando su espuma hacia todos los aires.
El mar. .. por donde vinieron los asesinos.
j Yo sé que todavía pueden volver de nuevo!

Como una estatua hecha de odio y de dolor,
Mira la campesina con su cuerpo y su alma.
y por sobre la oscura resaca rugidor a,
Se agita la resaca blanca de sus cabellos.

El mar atruena y rueda,
Avanza hacia ella y luego retrocede de nuevo.
Felices madres norteamericanas:
¿Podéis vosotras ver a esta madre cubana? 

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