6 nov. 2011

Luis Nieto Miranda: DERROTA DE LA LÁGRIMA








Ya no hay tiempo para la guitarra,
para el sollozo del corazón, amiga.
Ya no hay pájaros iluminando el arco de tus años.
Ya no hay palomas
mirando fatigadas desde tus ojos.
Estás arrinconada
en la choza de viento de tus penas
y silenciosa me verás partir
desde más allá de tus lágrimas
sin comprender siquiera.

En nuestras manos
las banderas crecen y gritan
hasta quemar el aire.
¡Nuestras banderas, mi muchacha!
Ahora hasta tu nombre me duele al caer de los ojos,
al pasar de rodillas junto a mis sílabas
y crecer de improviso
como un clamor en mi costado.

Quiero decirte,
quiero que escuches el sonido rebelde,
el rumor de una letra de mando
que endereza mi sangre y sus espinas.

Quiero que sepas
por qué mueren los hombres por los hombres;
por qué en el mundo
hay seres irremediablemente pobres;
por qué el andrajo
de repente es un rugido galopando en el aire;
por qué los nuestros
terminan siempre entre muros de olvido;
por qué los fusiles carniceros
les olfatean las raíces del sueño
y las culatas ignominiosas
les aplastan los pechos rebosantes
de amor y de canciones.

Quisiera, amiga mía, que algún día comprendas
con qué dulce barro de cariño,
con qué latido de cielo azul
hicimos nacer la palabra CAMARADA,
tan buena y dolorosa con su vientre de madre,
con su paso de grito,
con su puño de sangre,
con su frente de estrellas.

Cuando me veas partir -y no es en vano-,
yo sé que un silencio definitivo
como un cuchillo de niebla y de lamentos
te partirá el corazón.
Y no podrás llorar. ¡Ya no podrás llorar siquiera!

Y cuando después adviertas
que enmudece el río claro de tu alegría
y veas que afuera
la calle está poblada de banderas y esperanzas,
me soñarás desde el recuerdo
y no sabrás por qué los pobres
miran mi corazón acribillado
como el pan que quisieran comer y lo respetan.

Ya no hay tonada para el sollozo, amiga.
Ya no hay sonrisas
para encender el horno de las guitarras.
Ya no es posible escucharla agonía de los sollozos
ni el canto de las lágrimas.

Mujer, angustia mía:
ya no es posible el cielo
y su lluvia de trinos
ahora que los hambrientos marchan en línea de combate
a conquistar la vida!

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