12 mar. 2010

Mariano Melgar: traducción del "Remedia Amoris" de Ovidio



INTRODUCCIÓN

Leyó Cupido el título de mi obra,
Y, guerra, dijo, guerra me preparan:
Mas no culpes, Amor, cual delincuente
A tu poeta, que ocasiones tantas
Las banderas batió que le fiaste.

No soy Diómedes, que hizo, que montada
En el carro de Marte al cielo leve
Fuese herida tu madre soberana:

Yo amé siempre, cuando otros jovencitos
Cesan a veces y de amor se cansan.

Y si ¿qué hago en el día? me preguntas,
Amar, digo. Bien sabes que enseñaba
Poco há el arte de amar, y cultivarle:
Y lo que hoy es razón, antes fué llama.

No hago traición a tí, ni a mis doctrinas,
Ni en ésta obra deshago la pasada.

Gozo, y buen viento al que arde felizmente,
Si le está bien amar al dueño que ama,

Pero al que a una tirana rindió el pecho,
Para librarse, atienda mi enseñanza.

¿A qué fin, aburrido, en lazo estrecho
De un árbol tristemente se colgara?
¿Por qué con fierro rígido rabiando
Desgarrar pretendiera sus entrañas?

¿El amador de paz buscará muertes?
Nada menos: quien muerte sólo aguarda
Por fruto de un cariño desdeñado;
Déjelo, y no será de lutos causa.

Amor, niño eres, juguetear te cabe.
Juega, eso es propio de tu edad lozana;

Y aunque en tus guerras disparar pudieras
Flechas cortantes, no se ven manchadas
Con sangre matadora tus saetas.


Marte empuña el alfanje y duras hastas,
Y marche vencedor teñido en sangre;

Pero tu nuestras artes adelanta
Que son de Venus, y a ninguna madre
Hacen perder sus hijos en batalla.

Ocúpate en hacer ya que en la noche
Rompa unas puertas la celosa rabia,
Ya, que otras de guirnaldas se coronen.

O que niños y niñas asustadas
Ocultamente vayan a juntarse,
Engañando al marido con sus trazas:

Que se digan caricias, o enfadados
Improperen las puertas ya cerradas;
Y el amante excluido cante triste:

Este llorar, que muertes no demanda,
Bastará a contentarte, ya que es justo
Que el fuego no consuma vuestras hachas.

Invoqué así al Amor, y él muy contento,
Batiendo sus alitas matizadas,

"Cumple, me dijo, la obra que emprendiste!'
Venid, pues, y atended mis reglas varias,
Jóvenes, que engañados habéis sido.

Aprended a sanar, de aquel que os daba
Reglas de amar, y os dé la propia mano
Las heridas y el modo de curarlas.

Así una misma tierra brota yerbas,
Unas para enfermar, y otras que sanan,

Así el lanzón de Aquiles a Telefo
Hirió; pero su orín curó la llaga.

Lo que digo al varón digo a la joven,
A ambos partidos doy iguales armas;

Y si bien, jovencitas amadoras,
No todo convendrá a vuestras desgracias
Sabréis al menos, qué hacen los varones,
Y su obrar os dará luces bien claras.

Gran cosa es apagar indignos fuegos,
Y no ser siervo de pasión viciada.

Si hubiese consultado mis doctrinas,
Filis viviera, y a la escueta playa
Siquiera una vez más se acercaría,
Y aun vería volver a quien amaba:

Dido no hubiese visto moribunda
Desde la excelsa cumbre de su Alcázar
Darse a las velas las troyanas naves;

Ni Medea doliente se manchara
Con la inocente sangre de sus hijos,
Por culpa de Jasón, que la dejaba.

Con mis reglas Teireo no sintiera,
Que en ruiseñor su culpa le trocara:

Venga Pasifae, y olvidará al Toro,
Venga Fedra, y verá morir sus llamas;

Venga Páris, y a Helena Menelao
Poseerá, y de Troya las murallas
No arrasarán las armas de los griegos:

Si Escila impía mi arte consultara,
Niso, tu cabellera no perdieras.

Y hombres, para extinguir llamas infaustas,
A mi nave abordad, seré el piloto.
Y os llevaré a pisar seguras playas.

Nasón os dirigió, cuando quisisteis,
Nasón os rija, si olvidar se trata.

Constituido público abogado
Sacaré de opresión a cuantos aman,
Mas cada uno coopere a su rescate.

Tú, saetero Apolo, que así amparas
Los versos, como el arte de remedios,

Haz, que me favorezca tu guirnalda;
Ilústrame, por médico y por vate
Ambos empeños a tu amparo vayan.

ESTROFA I
Pronto se cura un mal en su principio

Si al principio en los leves movimientos
De tu amor ya adivinas las desgracias,
Haz alto allí; sofoca el germen malo
De enfermedad mortal desde la entrada;

Que siempre la demora le dá fuerzas;
La demora madura la uva amarga,
Y la demora vuelve mieses pingües,
Las que antes fueron yerbas poco alzadas;

El árbol corpulento, que hoy ofrece
Extensa sombra, ayer era una vara;
Pudo ayer con dos dedos arrancarse.
Mas hoy su resistencia ¿quién contrasta?

Examina sagaz, lo que amar quieres,
Y si es yugo pesado, el cuello aparta;

Cura al principio; tarde va el remedio
Si el mal se reforzó con la tardanza;

Sé pronto; no difieras de hora en hora;
El que hoy no quiere, no podrá mañana,

Amor engaña y el tardar le nutre:
El más próximo día es la más apta
Ocasión de librarse; pocos ríos
De grandes fuentes se verá que nazcan,
Los más se juntan de arroyuelos pobres.

¡Ah! Si vieses los yerros en que entrabas,
No te mudaras, Mirra, en triste leño.

He visto heridas que al principio estaban
Fáciles de curar, y la demora
Llegó a hacerlas por fin mortales llagas:

Nos agrada tomar flores de Venus,
Y decimos: remedio habrá mañana;

En tanto extiende el árbol sus raíces,
Y el fuego oculto filtra en las entrañas.

ESTROFA II
Huye el ocioso amor del que trabaja

Pero si pasó el tiempo de este auxilio,
Y envejecido amor domina el alma,
Ya es obra grande: sin embargo debo
Acudir aunque tarde se me llama.

Filoctetes el héroe debía
Cortar luego su pierna envenenada;

Bien; pero al cabo de años fué curado
Y puso el colmo a la honra de sus armas;

Yo pues, que curé pronto heridas nuevas,
Daré a mal viejo medicina tarda;

Para que apagues el reciente incendio,
Y el que durando, dilató sus llamas.

Cuando el furor de amar está en su lleno
Es forzoso ceder. A toda entrada
Resiste siempre un ímpetu violento.

Necio aquel que cortar pudiendo el agua
Con ceder un tanto a su corriente.
La fuerza arrostra, y al contrario nada.

Pero sufrido el ánimo se altera,
Si le dan documentos, y con rabia
Mira el aviso de quien le aconseja.

Mejor es empezar, cuando su llaga
Deja tocar, y está para escucharnos.

¿Quién si no un loco reprimir tentara
Entre los funerales de algún hijo
El llanto de su madre? ¡No! Dejadla;

Que campo habrá de moderar su pena,
Cuando quede llorando desahogada.

Arte del tiempo sólo es a mi juicio
La medicina: a tiempo, el vino sana;
Y tomado a mal tiempo mata el vino.

Hay más, que si a un tiempo no se aguarda,
Con la prohibición se irrita el vicio.

Llegando, pues, el día en que ya el alma
Pueda seguir mis reglas, lo primero
Sea del ocio huir con vigilancia:

El ocio cría amor, y lo conserva,
El causa y él fomenta un mal que agrada;

Quítese el ocio, y luego de Cupido
Perecerán los arcos, y apagadas
Sus teas quedarán sin precio alguno.

Cuanto al plátano alegran los arroyos,
Cuanto el álamo vive por el agua,
Y cuanto el cieno a la palustre caña,

Tanto a Venus agrada la pereza,
Trabaja siempre, si olvidar tu tratas,
Que el amor cede el puesto a los negocios.

El tiempo que en beber todo se pasa,
El juego y el dormir a pierna suelta,
Aun al alma que esté menos dañada
Quitan las fuerzas, y Cupido artero
Se cuela sin sentir a las entrañas:

El niño ciego busca la desidia,
Y tiene odio jurado al que trabaja.
Toma una ocupación, entra en el foro,

Hay leyes, hay clientes, cuyas causas
Penden de tí: debieras emplearte
En ganar honra, no en conquistar gracias.

Entra al campo de Marte, que eres joven,
Y los placeres volverán la espalda:

Ahora es tiempo: el ambulante Parto
Vé las tropas del César en su casa,
Y presenta ocasión a muchos triunfos:

Vence á un tiempo las flechas de su aljaba
Y las del cruel Cupido, y dos trofeos
Juntos trae a los dioses de la patria.

Al pronto, que por Diómedes fué herida
La Diosa del placer en su batalla,
A Marte sólo abandonó las guerras,
Y no quiso entrar más en las campañas.

Sabes por qué en adúltero dio Egisto
Bien claro está, su vida era holgazana.

Seguían otros dilatada guerra
En Troya; al rededor de sus murallas
Todas las fuerzas griegas se apostaron:

Y aunque Egisto quisiera tomar armas
No había contra quién; ni en Argos hubo.
Para ocupar el foro alguna causa.

Con que hizo aquello sólo, que podía,
Se dedicó a querer, por no hacer nada,
Que así amor nace, y así amor crece.

También el campo y su cultivo halagan,
Cualquier cuidado cede a este cuidado.

Anda, pues, a tu campo, y uncir manda
Los avezados bueyes, y que corten
Con el arado corvo la campaña.

En los surcos entierra el don de Ceres,
Y saca con usura tu ganancia.

Mira el ramo vencido con los frutos,
Que el cebo que ha nutrido apenas carga;

Mira el arroyo, que anda murmurando;
Mira a la oveja despuntar la grama:

Mas allá vé a las cabras saltadoras,
Trepando por las rocas elevadas.
Ya traerán a los tiernos cabritillos
Sus anchas ubres leche en abundancia;

Vé al pastor, que acompaña sus canciones
Con dulce silbador é impares cañas,
Y en torno de él sus perros retozando,
Que de su compañía no se apartan:

Oye allá susurrar la espesa selva,
Por los inquietos vientos agitada;
Oye cómo llamando al becerrillo
Repite su balar la gorda vaca.

Qué gusto es ver huirse las abejas
Luego que la humareda las espanta,
Y quedan descubiertas sus celdillas
Cuando el dulce panal de ellas se saca!

Cada estación ofrece sus delicias,
Y el campo en todos tiempos así agrada:
Adórnase con flores el verano,
El otoño con frutas nos regala,
Se dora con los mieses el estío,
Y en invierno halagan las fogatas.

En tiempo coge la uva el viñatero,
Y el mosto hace correr bajo sus plantas;
Otro tiempo de yerba hace manojos,
Y con ralo azadón la tierra escarba.

Tú mismo puedes en cercados huertos
Poner legumbres, y ordenar las plantas;
Tú mismo puedes a tus sementeras
Tornar los claros arroyuelos de agua;

Y cuando venga de injertar el tiempo,
Acomoda una rama a otra rama;
Para que sea gusto ver el árbol
Adornado quedar de hojas extrañas.

Luego que este recreo te posea,
Amor se irá volando en torpes alas.

Puedes también cazar, que muchas veces
Huyó Venus vencida de Diana:

A la liebre veloz con perros sigue,
O en la cumbre del monte redes arma;

Ora atraviesa y rinde jabalíes,
Ora a los siervos tímidos espanta;

Que por la noche fatigado el cuerpo,
Sueño tendrás, no ideas de la ingrata.

Ocupa menos, pero al fin ocupa,
Las aves apresar formando trampas:
O poner en la punta del anzuelo
Cebo con que engañado el pece caiga:

Engáñate a tí mismo en estas cosas
Hasta que pierdas tu pasión infausta.

ESTROFA III
Tierra por medio pon contra el destino

Por más fuertes que sean sus cadenas,
Sal, vete lejos, haz jornadas largas;

A la sola memoria de tu amiga
Llorarás, y al andar, muchas paradas
Harán tus pies; atrás volver quisieras...

¿Volver quisieras? Dobla la jornada,
Haz que corran los pies apesar suyo;

No te arrendren las lluvias, alto no hagas
Por ver las fiestas de los extranjeros:

No te paren los ríos; pasa, pasa;
No cuentes cuántas millas has andado,
Ocúpate en contar cuántas te faltan;
No andes buscando de parar motivos;

No hagas cuentas del tiempo, ni la cara
Vuelvas a la ciudad donde ella queda;

Huye no más: su fuga le afianza
Al Parto el escapar de su enemigo.

Dura parecerá esta mi enseñanza;
Dura es, pero es precisa, y en el caso
Sin cortes dolorosos nadie sana:

Yo enfermé, y muchas veces me obligaron
A tomar las bebidas más amargas,
Negándome los platos que pedía:

Para sanar el cuerpo, fierro y llamas
Debéis sufrir, y ni mojar siquiera
Los labios secos en las frescas aguas.

¿Qué no debéis hacer por el espíritu
Que en excelencia al cuerpo le aventaja?

Muy estrecha es la entrada de mis reglas,
Mas toda su estrechura está en la entrada.

¿No ves, que es al principio cuando gime
El novillo que el grave yugo arrastra?
¿Y es al principio, cuando el presto potro
De la cincha oprimido, siente, y salta?

Por fin quizá podrás, aunque sintiendo
Dejar las diversiones de tu patria;
Mas luego anhelarás volver a ella;

No siendo de tu vuelta otra la causa,
Que el amor de una vil, que se disculpa
Presentando a tu amor bellas palabras.

Pero no vuelvas: mira, que en saliendo
Prestarán mil consuelos a tus ansias
El camino, los campos, los amigos.

No creas que el haber salido basta:
Quédate fuera dilatados tiempos,
Hasta que al cabo ni centellas haya
Del fuego antiguo bajo sus cenizas.

Si a volver te aceleras, sin que se haga
Tu corazón enteramente fuerte,
El amor tomará más fuertes armas;

No fuera desventura haber salido
Sólo para volver con más instancias,
Y que se tornara en mayor daño
La fuerza de la ausencia, y la distancia?

ESTROFA IV
Nada vale el esfuerzo de la Magia

Si alguno ha visto las hechicerías,
Que tiempo hace inundan la Tesalia,
Y cree el arte mágico servible,

Sepa, que aunque es un arte tan usada,
Nuestro Apolo no tienta tales obras,
Ni dá en mis versos medicinas malas.

No enseño yo a llamar de los sepulcros
Sombras horribles, ni a que el suelo se abra
Al canto detestable de una vieja;
No hago pasar volando a otra campaña,
Las mieses de ésta, ni que a un punto Febo
Pálido vuelva su rojiza cara.

Correrá al mar el Tiber, como suele,
Como suele andará la Luna blanca;

No haré que una canción sosiegue el pecho,
Ni que el amor se ahuyente con las hachas
Que de azufre los mágicos encienden.

Di, Medea ¿Qué auxilio te prestaban
Los hechizos de Calchas para verte
Contenta sin Jasón sola en tu casa?

Di, Circe ¿Qué lograste con tus yerbas
Cuando Ulises alzó las corvas anclas?

Todo hiciste, por que él se detuviese,
Y él pudo navegando huir tus playas;

Todo hiciste después para olvidarle,
I se sentó el amor perenne en tu alma:

A los hombres trocabas en mil formas;
Pero trocar tu amor nunca lograbas:

I aun es fama que al tiempo de partirse
Llorando le dijiste estas palabras:

Ya ni pedir me atrevo lo que a un tiempo
¡Ay memoria cruel! firme esperaba:
Ya ni a pedir me atrevo ser tu esposa;

Y no por ser indigna de ésta alianza,
Pues soy Diosa y soy hija del gran Febo:

Esto sólo te pido: no te vayas
Con tanta prontitud: por todo premio
De mi amor pido sólo tu tardanza.

¿Qué menor recompensa exigir puedo?

Horrorízate al ver la mar turbada;
Aguarda a que otro viento favorable
Después te lleve, sin temer borrascas.

¿Por qué huyes? ¿Hay acaso nuevas Troyas
Ni otro Rheso que te haga tomar armas?

I aquí hay amor, hay paz en ésta tierra
En que sola yo vivo atormentada;
Todo el reino tendrás a tu dominio".

Decía ella, y Ulises levantaba
La ancla veloz, y a un tiempo el recio Noto
Volar hizo la nave y sus palabras.

Circe entonces ardiendo, triste ocurre
Al miserable auxilio de su Magia,
Mas no pudo apagar su amor doliente:

No creas, pues, que son sino muy vanas
Las fuerzas de esos versos encantados,
Si mis artes pretendes, que te valgan.

ESTROFA V
Recuerda agravios y defectos mira

Oye lo que en tu patria hacer te cabe
Si en ella te detienen graves causas.

¡Famoso vencedor, el que de un golpe
Su amor y su dolor del pecho arranca!

Si alguno hay tan valiente yo lo admiro;
Ese no necesita mi enseñanza,

A tí sólo, infeliz, enseñar debo,
Que en tu lento dolor y fuertes ansias
No puedes desamar como quisieras.

Dentro del pecho sin cesar repasa
Los agravios que te hizo la que amaste;
Mira todos los daños que te causa,

"Tiene este vicio, di, y este defecto;
Ella me hizo empeñar mi antigua casa,
Después que me engañó bastantes sumas,

Juró ser fiel, y siempre perjuraba;

¡Ah! cuántas veces me obligó a que en tierra
Ante su puerta vil me recostara,

A otros ama; le enfada mi cariño;

Un rival nada digno me arrebata
Las dulces horas que gozar merezco"

Por los cinco sentidos hasta el alma
Haz que estos sentimientos te penetren;
Repásalos, y nazca eterna rabia
De esta semilla de odio sempiterno.

¡Ojalá, que en pintarlos emplearas
La mayor elocuencia! Pero siente,
Siente tus males, y elocuencia rara
Tendrás para pintarlos. Yo he tenido
Una amiga, que al cabo me fué ingrata,

No era hecha para mí: yo emprendí luego
La obra dificultosa de olvidarla:

En mi dolor, cual sabio Pedalirio
Yo mismo los remedios me aplicaba;
Mal enfermo y mal médico confieso
Que mis recetas no valían nada.

Esto sí me valió, representarme
Muchas veces las faltas de mi amada,

"¡Qué feas son sus piernas!" me decía;
Aunque a decir verdad, no fueron malas:

"¡Qué poca gracia tienen esos brazos!"
Aunque a decir verdad, tenían gracia.


"¡Qué pequeña es!" No lo era ciertamente:
"Mucho suele pedir, a quien la halaga"
Y aunque yo me fingía sus defectos,
Así falsos me hicieron olvidarla.

Como toca a los bienes tan de cerca
Cualquier extremo malo, acriminada
Puede ser la virtud como un delito.

Así pues, cuanto puedas, ten por malas
Las prendas de la amiga, y propasando
El límite que al bien del mal separa,
Procura alucinar tu propio juicio:

Si está bien llena, tenia por hinchada;
Si es de color moreno, di que es negra,
Si es delgada de cuerpo, di que es flaca;

Rústica llamarás a la modesta;
Y a la de trato culto, altiva y vana,

Haz también, aunque sea suplicando,
Que haga aquello en que tiene menos gracia,

Si voz no tiene, pídele que cante;
Si no sabe moverse, al baile salga;

Si conversar no sabe, haz que converse;
Y si mal toca, dale la guitarra;
Haz que ande, si anda mal; quítale el manto
Si en extremo es de pechos abultada.

Refiérele sucesos lamentables,
Si muy pronto las lágrimas le saltan;
Y cuenta cosas que a reir la muevan
Si está su dentadura maltratada.

Bueno es también el que antes de adornarse,
Sin que ella lo prevea, a verla vayas.

Nos engaña el adorno, y sus defectos
Cubren enteramente con halajas,
De modo que del bulto que percibes
Es la parte menor, la mujer que amas;

Y entre tanto aparato de ornamentos
Te costará trabajo el encontrarla:
Los ojos burla Amor con tal egida.

Entre pues de improviso, y desarmada
La hallarás de contado, y sus defectos
Verá ¡con qué rubor! salir a plaza.

Mas no es éste precepto muy seguro.
I a muchos ha vencido aquella gracia,
Que tiene la belleza sin adornos.
Cuando puedes entrar, es cuando se halla
A medio embarnizarse con unturas:
Rompe el pudor entonces, y haz tu entrada;

Mil tintes hallarás, y mil colores:
Verás rodar debajo de la barba,
En chorrera asquerosa sus afeites.

Tantos ungüentos, y pinturas tantas,
Más que la mesa de Tineo, apestan,
A mi más de una vez me han dado bascas.

ESTROFA VI
Dicen que con un clavo otro se saca

Gran cosa es el querer a dos a un tiempo,
Y el que ama más de dos mejor lo pasa:

Cuando el alma vacila dividida
Sus amores uno a otro se contrastan:

Sacando al campo muchos arroyuelos
De un gran río el caudal se menoscaba,
Y el pábulo quitando de la hoguera,
Se llega a consumir la mayor llama:

No se hecha bien al agua un solo anzuelo
Ni se fijan dos naves con una ancla:

Así el que empieza a un tiempo a dos amando,
Tiene ya su victoria preparada.

Más el que incauto se entrega a una sola,
Aunque tarde, procúrese otra alianza.

Minos, por Plótida, olvidó a Pacífaes,
Cedió a la nueva la primera amada;

Por dejar Alcimeon a Aljesibea,
Se entregó a Calirroe sin tardanza:

Si a Helena bella Páris no quisiera,
Páris a Enones hasta vieja amara:

Amara siempre a su mujer Odrisio,
Si nunca hubiese visto a la otra hermana:

¿Pero qué me fatigo en dar ejemplos?
Siempre con un amor otro se acaba,

Si una madre de muchos pierde un hijo,
Con más valor tolera su desgracia,
Que la que a su unigénito perdiendo
Por su hijo solo se lamenta y clama.

Para que no presumas que propongo
Doctrinas nuevas, que ojalá me honrara
Con ser yo su inventor, sabe que Atridas
Las pudo descubrir, como que estaba
La Grecia toda entera dominando,
Y bien pudo tentar cosas más raras.

Vencedor, hecho dueño de Astinomes,
A su cautiva ciegamente amaba:
Su anciano padre en vano en todas partes
Lamentando quería rescatarla,
¿Quid lacrimas, odióse senex? bene convenit illis:
Officio natam laedis, inepte tuo.

Pero volverla, con divino imperio
En Aquiles fiado, mandó Calchas,
Y entró al fin a la casa de su padre.

"Bien, dijo Agamenón, otra hay tan rara
Que Criseyda en el rostro; y aun el nombre
Con mudar una letra al suyo iguala;

Briseyda sea mía, sea cuerdo
Aquiles en traerla; si me falta,
Aquiles sienta mi esforzado imperio;
Y si alguno mi acción tiene por mala
Entre vosotros, entendedlo Griegos,
De algo sirve ceñir la real tiara:

Que si, siendo yo un rey, no la consigo
Suba a este trono el hijo de la infamia".

Dijo, y logró en Briseyda un gran consuelo,
Que le impidió sentir aquella falta:
Y dejó el viejo amor por amor nuevo.

Sigue tú, pues, de Atridas las pisadas;
Nuevo amor cría, para que a la vista
De dos sendas vacile tu constancia.

¿Quieres saber el modo de amar otras?
Lee mi arte de amar, y, luego carga
De mil queridas tu navío entero.

ESTROFA VII
Finge estar sano, sanarás con eso

Si vale alguna cosa mi enseñanza,
Si algo útil por mi boca enseña Apolo
A los mortales en sus tristes ansias,
Obedece esta ley: aunque en un Etna
Del fuego del amor infeliz ardas,
Muestra un pecho más frío que la nieve;
Fíngete sano, el mal de tus entrañas
Nadie llegue a sentir, reir procura
Si a llorar te provoca tu desgracia.

No quiero que tu amor en su violencia
Apagues, no es mi regla tan tirana;

Mas finge lo que no es, imita astuto
Al que ha dejado sus furiosas llamas,
Y efectivo se hará lo que ahora finges.

Muchas veces dormir aparentaba
Por no beber, y al cabo a un sueño cierto
Mis párpados rendidos se entregaban.

Con risa he visto a quien amar fingís
Enredarse en la red por el armada,

Que con el ejercicio amor se cría,
Y con el ejercicio amor se acaba,
Y el que pueda fingir hallarse sano,
Probará que fingiendo, su amor sana.

Vé a cumplir, si tu amada te ha citado:
No te enfades, si vienes y no la hallas;
No la ruegues humilde, no maldigas,
Si encuentras que su puerta está cerrada;
Ni en el batiente duro te recuestes;
No formes queja porque te hizo falta,
Ni vea pesadumbre en tu semblante:
Mi arte te ofrece en esto una ventaja;
Que ira perdiendo su esquivez la altiva,
Desde que vea tu amor desmaya.

ESTROFA VIII
Al amor no hagas guerra cara a cara

Conviene que procures engañarte,
Y que al amor de frente no combatas;
Que aun el caballo, si a ponerle freno
Te llegas por delante, ve, y se espanta.

No pienses en tu fin: lo que no piensas
Conseguirás así; que el ave cauta
Huye las redes cuando están patentes.

Guárdate de que así se alce tu amada,
Que llegue a despreciarte: ponte en tono
Para que ella se rinda a tu arrogancia:

Si hallas la puerta abierta, aunque vencido
Volverás luego, por lo pronto pasa:
Si estás citado para hablar tal hora,
Ponte a pensar si irás, con grande calma.

Si eres sabio, verás que es fácil cosa
Poder sufrir todo esto, y que no tarda
El alivio con fáciles remedios.

¿Quién con esto podrá llamar tiranas
Mis leyes, que aquí son conciliadoras?

Para varios amantes, artes varias
Doy, y para mil males mil remedios.

Algunos cuerpos con trabajo sanan
Con el agudo fierro, y sanan presto
Con suaves jugos, y con yerbas blandas.

Con que si eres sensible, si no puedes
Retirarte, si tienes remachada
Tu cruel cadena, y el amor tirano
Tiene ya tu cerviz bajo sus plantas,
Déjate de luchar: entrega al viento
Tus velas todas, y tus remos vayan
Por donde quiera que las olas giren.

Esta sed que te pierde, a gusto sacia;
De la madre del río largo bebe:

Bebe aun mucho más de lo que ansiabas;
Bebe hasta que redunde de los labios
El agua, ya repletas las entrañas.

Goza a pesar de todos a tu amiga
Hasta más no poder; y en gozar gasta
Toda la noche entera, y todo el día.

Busca el tedio, que el tedio también sana;

Y cuando de cesar capaz te mires,
Sigue hasta que estés harto, y la abundancia
Empiece a fastidiarte, no te muevas.

Eterno hace al amor la desconfianza
Si quieres pues perderla, pierde el miedo;

Quien teme no alcanzar la prenda que ama
O recela perder lo que posee,
Aunque el mismo Esculapio le curara
No sanará jamás. Siempre una madre
Quiere al hijo que yendo a la batalla,
Le hace dudar si logrará su vuelta,
Más que al otro que está seguro en casa.

ESTROFA IX
Piensa en las desventuras que te cercan

A la puerta Colina está vecino
Un templo venerable, Erix se llama:

Allí el Leteo Amor que sana el pecho
En sus hachas esparce frías aguas:

Allí olvidar con votos solicitan
Los jóvenes, y aquellas desgraciadas
Que han entrado al poder de amantes crueles.

Este (no sé si fuere ilusión vana,
O que el mismo Cupido, aunque yo piense
Que fué sueño) me dijo éstas palabras:

"Oh! tú, que ora concedes, ora quitas
Los ansiosos amores, Nason, canta,
Y a los tuyos añade este precepto;

Huye amor del que piensa en sus desgracias:
Dios dió a todos ya más ya menos males:

Quien el Pretorio teme y se acobarda
De entrar al foro, cuando el presto tiempo
Hace cumplir el plazo de cobranzas,
Para olvidar entréguese al tormento
De acordarse que debe mucha plata:

Retenga un padre cruel en su memoria
Quien tiene un padre cruel por suerte infausta:

Piense en que su mujer corta su dicha,
Aquel cuya mujer fué mal dotada.
¿Tienes alguna viña en campo fértil?
Teme el frío, que la uva se maltrata;

¿Tienes nave mercante? la mar teme,
Y piensa en los peligros de las playas.
Piensa en tu hijo soldado, en tu hija suelta.

¿Y quién no tiene de dolor mil causas?
Tú, Páris, si pensaras en la muerte
De los tuyos, de Helena te olvidaras. . .

Hablando prosiguió, hasta que su imagen
De mi sueño voló, si fué soñada.

ESTROFA X
La soledad recuerda muertas llamas

¿Qué haremos ya? el piloto me abandona
Y hay que cruzar por mares ignoradas.

Entremos. Oh! tu que amas, huye cauto,
Huye la soledad, que siempre daña.

¿Dónde vas, si en el pueblo estás seguro?

No busques las estancias solitarias
Que el ciego amor fomentan: vive cierto
De que en la multitud alivio se halla

Si estás solo, por fuerza estarás triste,
Y cual si vieres a tu misma amada,
Su imagen guardarás firme en el pecho;

Más triste por eso es la noche parda,
Que las horas del día, porque en ella
La compañía, el trato, todo falta.

De hablar no dejes, ni tu puerta cierres,
Ni entre tinieblas a lamentar vayas:
Ten siempre un Pílades que consuele a Orestes:
Sírvante de algo en esto las alianzas
De la dulce amistad ¿De qué nacieron
Los tormentos de Filis? De que estaba
Sin compañía en la secreta selva.

Iba allá, como suelen tropas bárbaras
Ir con el pelo desgreñado al culto
De Baco Edonio, y ya la vista alzaba
Mirando como quiera al ancho océano
Y en la arena caía ya cansada:

"Infiel Demofoon, pérfido amante";
Decía a gritos a las sordas aguas,
Interrumpiendo con sollozos tristes
El golpe de su llanto y sus palabras.

Estrecha era la senda y denegrida
Con largas sombras, por donde a la playa
Se acercaba por veces repetidas:

La novena fué ya, y desesperada
"Veamos, dice, sea lo que fuere":
Mira, y pálida queda al ver su faja;
Alza los ojos, vé los altos ramos:
Ya vacila, ya emprende, ya desmaya;
Teme; en su cinto al fin ensarta el cuello;

¡Ay Filis! ¡Quién allí te acompañara!
Tú! oh Selva! si no hubiera estado sola,
No la vieras morir, ni te agostaras!

Tú, mujer, a quien un varón olvida,
Tú, varón, a quien una mujer mata,
Llorad de Filis la sensible muerte,
Y huíd la soledad: que fue su causa.

ESTROFA XI
Mas no con amadores te acompañes

Un joven obediente hecho tenía
Cuanto manda mi musa, ya se hallaba
A punto de fondear salvo en el puerto;
Mas con varios amantes se acompaña,
Y al instante recae; pues Cupido
Que su flecha escondió, volvió a las armas.

Tú, que amando te ves contra tu gusto,
Huye las compañías que contagian;
Ellas aun al ganado son fatales;

Y los otros que ven ajenas llagas,
Si de ésta especie son, dañados quedan.
Muchos males de un campo en otro pasan,

Suele al árido campo muchas veces
De un arroyo vecino pasar agua:

Si estás, pues, entre amantes, pasar debe
Ocultamente su pasión a tu alma;
Que todos somos hábiles conductos
Y a todos contagiamos nuestras llagas.

ESTROFA XII
No veas prenda alguna de tu amada

Otro estaba ya libre, y perdió todo
Porque llegó a encontrarse con su amada:

La cicatriz volvió a su ser primero,
Por no estar aun segura, y salió vana
Toda mi curación: por que, no hay duda;
Es difícil que escape de las llamas
El techo que a un incendio está vecino.
¡Sabio el que aún de sus límites se aparta!

No pisen más tus pies aquellos sitios
En donde se pasea la inhumana:
No le hagas la atención que antes le hacías.

¿Porque, a qué fin recalentar el alma
Con nuevas impresiones? Si se puede
Sepárente de allí largas distancias;

No se abstiene el hambriento al ver la mesa
Y despierta la sed la agua que salta;

El caballo relincha viendo su hembra,
Y al fuerte toro, cuando vé su vaca,
No es dable contener. Así en logrando,
Tocar en la ribera, ten por nada
Haber quebrado tu amistad, procura
No ver más a la madre, ni a la hermana,
Ni a la tercera, ni la menor cosa
Que a ella pertenezca, ni su casa.

No venga su criado, ni a su nombre
Humilde te salude su criada:

Ni aunque quieras preguntes que está haciendo,
Deja pasar el tiempo, y sus ventajas
Te dirá ese silencio de tu lengua.


ESTROFA XIII
No cuentes los motivos de tu enojo

Y tú, que cuentas sin cesar la causa
De tu olvido, y contra ella traes mil quejas,
En el silencio busca tu venganza:
Hasta que su amor muera no te quejes.

Mejor te está callar: alarde no hagas
De tu riña: que el hombre que repite:
“Yá no la quiero!”, prueba bien que la ama.

ESTROFA XIV
No le profeses Odio

Mejor se mata el fuego poco a poco;
Y el que apaga su amor a lentas pausas,
Vá más seguro que el que pronto olvida.

Un torrente veloz corre y avanza
Más que un calmado río: pero en tanto
Este es perpetuo, mas aquel se acaba.

Acábese tu afecto por sus grados;
Exhálese cual humo y lento salga.

Así es un gran delito tener odio
A aquella misma que poco ha se amaba.
Esto no es propio sino de almas viles:

Bastante es olvidar, y el que remata
Su amor con odio vil, o está queriendo
O su dicha y salud vendrán muy tarda.

¡Qué feo es ver un joven y una niña
Hoy juntos, detestándose mañana!
Condena este rencor la misma Venus;

Quien culpa, es de creer que entonces ama;
Mas cuando no precede riña alguna,
Sin mandárselo amor libre se exhala.

Ví un joven cierto día; allá en su lecho
Su amable esposa estuvo recostada,
A tiempo que enojado él prorrumpía
Contra ella formidables amenazas:

"Salga!", gritó por fin: salió del lecho,
La vió y enmudeció quien la ultrajaba:
Cayóronse sus manos, cayó de ellas
El libelo con que iba a repudiarla,
Y “venciste!”, le dijo, y abrazóla.

Con que es más útil separarse en calma,
Que armar contienda y pleitos de divorcio;
Deja en su mano lo que dádole hayas,
Y éste de tu rescate sea el precio.

ESTROFA XV
. . . Al mirarla
Ponte sobre las armas vigilante

Si a juntarte con ella tu desgracia
Te trae alguna vez, mis armas todas
Toma y maneja allí con vigilancia.

Allí las necesitas. ¡Ah! pelea,
Pelea fuertemente; con tu lanza
Vence a esa joven de amazonas reina.

Entonce es tiempo que a memoria traigas
El rival, el batiente en que dormías,
Los santos juramentos que violaba.

No compongas tu pelo por que viene;
Tus divisas de honor queden tapadas;
Ni trates de agradar a esa inconstante;
En fin sea en tu aprecio una de tantas.

ESTROFA XVI
Vive amor si no muere la esperanza

Pero contemos ya ¿qué impedimento
Es el que a mis doctrinas más contrasta?
Y cada cual en sí busque la prueba.
Dejamos tarde las amantes llamas.
Porque esperamos que a querernos vuelvan;

Y muy crédulos somos si se trata
De lisonjearnos esperando. Nunca
Te engañas con fingidas esperanzas :
Muy falaz es un dicho pasajero,
No fíes de él, ni creas que te valgan
Juramentos que te hacen por los dioses.

Cuenta, no te enternezcas por que clama
Llorando ante tus ojos esa infame.
Que estudia derramar lágrimas falsas.

Cual peñasco que amor por todas partes
Azota, con mil artes asediada
Se mira el alma débil de un amante.

Atiende a todo: no hables de la causa
De tu separación, y aunque el tormento
Te rasgue el corazón, tu pena calla

No cuentes sus delitos: teme que esto
A pedirte perdón tal vez la traiga;
Antes pondera que es muy justa ira,
Y haz mejor la suya que tu causa.

Quien calla, firme está; quien reconviene,
Quiere sin duda que le satisfagan.

ESTROFA XVII
Coteja con mejores a tu joven

No me atrevo a mandar que cual Ulises
Al agua arrojes del amor las hachas.
O sus flechas de un golpe hagas pedazos:
Del niño ciego las purpúreas alas
No cortaremos, ni con mis preceptos
Su arco quedará flojo; lo que canta
Mi musa es solamente un buen consejo.
Tú, Febo, que empezaste, mi obra acaba.

Ya su lira resuena, ya susurran
Remecidas las flechas en su aljaba;
Señales son del Dios: aquí está Apolo,

Compara los vellones de la lana
En púrpura de Amiclas reteñida,
Con la que en Jiro fué beneficiada,
Verás cuan inferior es la de Amiclas.

Así con las más bellas y más raras
A tu joven coteja, y con vergüenza
Verás en la que amaste muchas faltas.

Juno y Palas a Páris encantaron
Y ante Venus perdieron Juno y Palas.

No sólo el rostro, su arte y sus costumbres
Con el arte y pudor de otras compara,
Siquiera para hacer recta justicia
En el juicio que formes de sus gracias.

ESTROFA XVIII
No más repases sus falaces cartas

Bagatelas son ya las que me restan,
Pero aunque bagatelas, ellas sanan
Yo soy uno de muchos que sanaron

No vuelvas a leer aquellas cartas
Que te escribió tu amada; pues las letras
Resucitan pasiones enterradas.

Aunque te pese, arrójalas al fuego:
Sea este el holocausto de tus ansias,
Quemó valiente Altea a su hijo propio,
¿Y tú quemar temieras letras vanas?

ESTROFA XIX
Rompe Retratos. . .

Destruye, si es posible, su retrato;
De una muda figura dí , ¿Qué sacas?
Con él, como Laodamia no te arruines.


ESTROFA XX

. . . Huye de las sitios
Que te hagan recordar dichas pasadas

Despiertan el amor ciertas estancias
De que huir debes; esos tristes sitios
En donde con tu amada te juntabas.

Hic fuit, hic cubuit, thalamo dormivimus isto,
Hic mihi lasciva gaudia nocte dedit.

A su vista el amor se reproduce,
Vuelve a romperse la cerraba llaga,
Y a poco caen los convalecientes.

Si en cenizas poco antes apagadas
Pones azufre, revivirá el fuego;
Y se alzará un incendio de una nada;
Pues no de otra manera, sino evitas
De amor los incentivos, grande llama
Volverá a arder después de destruída.

¡Con cuanto ardor los Griegos no remaron
Por huir los escollos de la Eubea,
A que una luz infausta los guiaba!

Cuando ha pasado el Scyla un marinero
Canta alegre: sus cantos acompaña
Huyendo sitios que le fueron gratos,
Y hoy son escollos en que se naufraga.

Ténlos por Sirtes: son unos Caríbdis
Vomitadores de furiosas aguas.

ESTROFA XXI
Saben que al rico buscan los afectos

Hay ciertas circunstancias muy casuales,
Que muchas veces prestan sus ventajas.

Si Freba hubiera sido menos rica,
A su nieto Neptuno no matara,
Ni su monstruo espantara a los caballos;
Y Gnocida supiera a quien amaba
Si hubiese sido pobre: las riquezas
Del más impuro amor llenan el alma.

¿Por qué causa ninguno a Hécales quizo?
¿Por qué ninguna de Izo se prendaba?
Por ser pobre Izo, y Hécales lo mismo.

Para nutrir su amor no tiene nada
La desnuda pobreza: pero cuenta,
Pobre no quieras ser por tal ventaja.

ESTROFA XXII

Huye el teatro. . .

Guárdate de pisar en el teatro
Mientras tu amor del todo no se vaya:

Allí el canto, la música y el baile
El alma enervan, y en lecciones varias
El actor muestra lo que hacerse debe,
Y lo que ha de evitarse cuando se ama.

ESTROFA XXIII
. . .Deja las livianas
Canciones de poetas amorosos

También diré algo más, a pesar mío:
Sin piedad tacharé mis propias gracias.
Poetas amadores nunca leas:

Del lascivo Calímaco te aparta,
Fileta es igualmente voluptuoso,
Safo para ,el cortejo el pecho ablanda,
Y no me hizo muy santo Anacreonte;
Tú, Propercio, que a Cintia sola cantas,
Y tú Tibulo, confesad ¿quién puede
Leer sin corromperse vuestras planas?
¿Ni quién leyendo a Galo queda puro?
Aun mis versos abundan en palabras
Con no sé qué dulzura proferidas.

ESTROFA XXIV
No temas que hay rival. . .

Si en mi obra Apolo no me desampara,
Este es aviso cierto: el rival tuyo
Es de tu obstinación la mayor causa.

No sospeches tener rival ninguno,
Persúadete a que está sola en su cama.

Con más ardor Oreste a Hermione quizo
Desde que ésta con otro formó alianza.

¿Por qué lloraba Menelao? A Creta
Fué sin mujer, y en calma toleraba
De su consorte la más larga ausencia;

Pero robóla Páris: ya con ansia
La busca, que no puede estar sin ella,
Y ahora la quiere más, porque otro la ama.

A Briseyda así mismo lloró Aquiles,
Cuando ya Agamenon de ella gozaba;

Y a fé mía que no lloraba en vano.
Un hecho emprendió Atridas, que le daba
La mancha de holgazán: Yo lo hubiese hecho
Sin ser más sabio que él: esta ganancia
Sacó por total fruto de su envidia:

Y cuando por su cetro allá juraba
No tocar a Briseyda; bien sabía
No ser dioses su cetro y su tiara.

ESTROFA XXV
. . . De largo pasa
Por sus puertas. . .

Quieran los cielos que con valor pases
Por la atractiva puerta de tu ingrata,
Y que traición no te hagan tus pies lentos
Como quieras pasar, poder no falta.

Para allí es la constancia, entonces debes
El paso acelerar: mira esa casa
Cual si en ella Lotófagos hubiera,
O vivieran Sirenas encantadas;
Y pasa navegando a vela y remo.

ESTROFA XXVI
. . .Si tomas buen afecto
A tu competidor, y si te guardas
Del vino y los manjares irritantes,
Caerá en olvido eterno lo que amabas.

También quisiera que en amor trocaras
El odio que al rival antes tenías;

Pero aunque lo aborrezcas, buena cara
Ponle a lo menos: dale, si pudieres,
Un ósculo de paz: con esto sanas.

ESTROFA XXVII

Diré en fin, por ser médico completo,
Cuales comidas sirven cuales dañan :

No comas Bulbo, que la sangre irrita,
Sea de Libia, o sea de Megara.

Deja del mismo modo la Prugueta,
Y cuanto a Venus el humor prepara.

Toma la ruda que los ojos limpia,
Y cuanto a Venus niega las entradas.

¿Mi juicio sobre el vino saber quieres?
Oyemelo decir en dos palabras:

El vino incita a Venus, si no tomas
Tanto que llegue a entorpecer el alma,

El viento nutre el fuego y lo destruye:
Cuando es violento y fuerte, el fuego apaga,
Mas lo enciende si es leve: de esta suerte
O no pruebes el vino, o sea tanta
La cantidad, que embargue tus sentidos.
El medio entre ambos casos siempre daña.

Estamos en el puerto que quería
Y es tiempo de fijar las graves anclas.

Mujeres y hombres, vuestros píos votos
Cumplid al vate que remedios canta.


German Torres Lara nos dice que Mariano Melgar hace una traducción, transparente, casi perfecta, del latín clásico a la estrofa endecasílaba española. Traducción alada y vibrante que supera la versión parafrástica de traducciones que solo conservan sentido de los versos ovidianos.


“Melgar se acerca al sentido de las palabras, no es -ni puede serlo- reflejo fiel, del original, tal como afirman algunos comentaristas que como otros en la vieja Europa exageran grandemente las traducciones de sus compatriotas”.


"Partamos de que Melgar no es ni puede ser un traductor literal del texto. Antes bien, la facilidad que muestra al darnos tan ajustadamente el sentido de los versos de Ovidio, nos lo presenta más grande y más poeta, puesto que si traducir en prosa a un poeta latino es asaz difícil, el traducirlos en versos endecasílabos castellanos donde es más arduo evitar las divagaciones perifrásticas, propio es de maduras inteligencias y patrimonio de quien posee una cultura muy sólida.

Pero no es este el único mérito de Melgar… Al confrontar ambos poemas y comprobar el aporte literario de Melgar. El poeta deja entrever, sin duda, sus conflictos sentimentales y hasta comunica a los versos la nostalgia propia de los jóvenes enamorados cuando perdido el bien que soñaban, se entregan a sus desahogos lastimeros descargándose de sus atormentados sentimientos con expresiones duras y no siempre justas hacia la mujer cuyo desdén es causa de sus infortunios".

Puedes leer, el Ensayo de German Torres Lara, que analiza la traducción de Melgar, e incluye la poema en latín de Ovidio y además ha numerado los versos para facilitar la comparación ; en el siguiente enlace: http://bvirtual.bnp.gob.pe/BVIC/Captura/upload/fenix_web/006_fenix_bnp_06.pdf

5 comentarios :

  1. Ya no está disponible el link para leer el ensayo de Germán Torres Lara. ¿Podrías enviarme el archivo a elvira.cetrarol@urp.pe por favor?

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    1. Haré lo posible por pasarte el pdf, si no se puede de todas maneras te contesto.

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  2. ovidio comunista??????????

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  3. Es obvio que Ovidio no fue comunista. Inclusive Mariano Melgar tampoco lo sería. Sin embargo es destacado el papel de Melgar por la independencia del yugo colonial, además por la asimilación de la temática y ritmos andinos a su poesía se demostraría que sus yaravíes constituyen, como dice Mariátegui, el primer momento de la literatura peruana. Esta traducción, que dice bastante sobre sus conocimientos del latín y la historia clásica, abona sobre el valor de Melgar para enfrentar el canon literario de ese entonces y proponer una poesía nueva (en ritmo y temática) nutrida del Ande.

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