14 jun. 2013

Alejandro Romualdo : EL ALMA MATINAL


 






















José Carlos Mariátegui, en la tierra, en el cielo,
en las manos fecundas de los trabajadores,
se afirma cada vez más el árbol de nuestros sueños,
y el árbol de nuestros sueños da frutos en toda esta.

Tú colocaste la primera piedra
de una alegría colectiva.
Pusiste alas seguras a todos nuestros deseos.
Trazaste el vuelo puro de la dicha posible.

Tu ciencia es nuestra ciencia:
la ciencia de la hoz, la ciencia del martillo,
la ciencia invulnerable de los trabajadores,
la teoría que vive la vida de la vida.

Felicidad de ojos claros, dicha de labios dulces:
a la altura del cerebro el corazón se eleva.
Y el futuro del hombre abre todas las puertas
que van a dar al centro de la felicidad.

No importa la calumnia. No importa la mezquindad.
La verdad que sostiene la casa de los pobres
es una verdad que nos ampara y nos fortifica.

Nosotros somos la vida. Nosotros somos la alegría.
La estrella de la razón conduce a una vida nueva.
Los milagros se apoyan sobre la hoz y el martillo.
Y el sueño de los hombres se cumple perfectamente.

José Carlos Mariátegui: la verdad que enseñaste,
la verdad que nos iguala y nos perfecciona,
ha llegado hasta el fondo de las minas,
como una lámpara maravillosa.

Como una lámpara maravillosa que cumple nuestros deseos,
que enciende la razón, que deslumbra con su poder.

José Carlos Mariátegui, puño y letra del pueblo,
la primavera crece y se funda en nosotros.
Nosotros somos todos los deseos del hombre.
Y tú estás con nosotros, como ayer, como siempre.

                                                                      Julio, 1957.

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