8 jun. 2009

"Benedetti: un escritor sin tregua"

Enrique Sánchez Hernani *



Poeta y novelista. Dueño de una escritura sentimental, sencilla e irónica, Mario Benedetti se suma a otros grandes de las letras uruguayas como Juan Carlos Onetti, Horacio Quiroga, Cristina Peri Rossi y Juana de Ibarbourou.




Pese a haber vivido acosado por los exilios y la desaparición de sus amigos, Mario Benedetti tenía el talante tranquilo, la timidez y la apariencia reposada de un funcionario. Era conversador, pero no tanto; amable sí. Solía lanzar algunas bromas inocentes de vez en cuando para ganar amigos, que fue lo que más le sobró en la vida. Y poemas y cuentos y novelas y artículos periodísticos. Algunos lectores acuciosos de su obra han señalado que, en total, Benedetti publicó en vida más de 82 libros propios, además de su obra periodística. Y que en sus últimos días, arropado por sus amigos —como el célebre editor español Chus Visor—, escribía haikus y nuevos poemas.

MILITANTE. Benedetti en un mitin político
para las elecciones de 1971 en Uruguay.
Muchos en Lima lo vieron. Después de que en 1973 un golpe de Estado en el Uruguay lo obligara a salir de su país, al que no pudo volver sino después de una década, llegó al Perú. Algunos amigos de talante izquierdista, motivación que comulgaba con el escritor, que de apolítico y centrista se volvió adepto al socialismo tras la revolución cubana, le consiguieron un trabajo como columnista en un diario limeño. La columna se llamaba “Esta América”, donde escribía de todo, desde política hasta de su nostalgia por la biblioteca que había dejado atrás en Uruguay.



DeportadoEl Perú no andaba estable entonces. Morales Bermúdez depuso a Velasco e hizo a un lado a los amigos de la primera fase del entonces gobierno militar. La situación de Benedetti, que estaba en la lista de los amigos, se volvió delicada. Una noche alguien llamó al timbre del departamento donde vivía. Era un policía.

Benedetti le abrió y el hombre, sentado en su sala, lo interrogó con apatía. Al cabo de un rato el policía se quedó dormido profundamente. El escritor, intuyendo lo que le esperaba, rompió papeles comprometedores y los echó por el ducto del incinerador del edificio. Luego lo despertó. “Si vino a detenerme, deténganme”, cuenta Benedetti que le dijo. “Ay, perdone —le contestó el policía—, estaba muy cansado. He traído un libro suyo para que me lo firme”. Benedetti garrapateó su autógrafo. El policía cogió el libro y le dijo al sorprendido escritor: “Perdone, pero lo tengo que llevar al aeropuerto porque está deportado”. Y para su pasmo, prosiguió: “¿Qué prefiere, que lo ponga en un avión que lo lleve a la frontera con Ecuador o en otro que lo conduzca a Buenos Aires?”. Benedetti, que ya había estado en Buenos Aires, eligió irse a la Argentina. Antes de salir pisó un jabón y se hizo un corte en la frente. Aparatosamente vendado lo subieron al avión. A las horas, su mujer, Luz López Alegre, en el aeropuerto de Ezeiza, casi se muere al verlo todo maltrecho. A pesar de ello, Benedetti siempre guardó un buen recuerdo del Perú.

Un vasto escritor
El escritor, puede decirse, estaba predestinado a las letras. Su padre, un farmacéutico, le puso un nombre inesperadamente largo: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia. Nació en Paso de los Toros, Uruguay, el 14 de setiembre de 1920, hijo de Brenno y Matilde. A los dos años se trasladó con su familia a Tacuarembó, donde vivieron dos años, tras los cuales se mudaron a Montevideo cuando un tipo estafó al padre al venderle una farmacia vacía. Entre 1928 y 1933, el futuro escritor estudió en el rígido Liceo Alemán, de donde, al parecer, sacaría la disciplina que lo hizo acometer una obra tan extensa. Su padre lo retiró de allí cuando supo que en la escuela les iban a enseñar a saludar con el brazo en alto. Eran los años del surgimiento de Hitler.

Agobiado por la pobreza, Benedetti nunca terminó el bachillerato y tuvo que empezar a trabajar en una fábrica de repuestos de automóviles. En una época el escritor alcanzó a tener tres trabajos a la vez. Al mediodía, en las dos horas que le quedaban para el almuerzo, iba a un café de Montevideo y escribía allí, en un cuaderno, sus novelas, las que luego pasaba a máquina, en una Olivetti. En 1945 se casó con Luz, su compañera de toda la vida, a la que solo perdió un par años antes que él mismo partiera, a los 88 años, el domingo pasado.

Aunque su primer libro publicado fue uno de poemas, “La víspera indeleble” (1945), sería con sus novelas que alcanzaría el éxito: “¿Quién de nosotros?” (1953), “La tregua” (1960) y “Gracias por el fuego” (1963). Benedetti perteneció a la llamada Generación del 45, junto a escritores destacados como Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Homero Alsina y el ilustre Juan Carlos Onetti. Y aunque escribió de todo (sus poemas de amor deben ser unos de los más leídos de nuestra lengua), por lo que escribió contra las dictaduras y por su apoyo a Cuba fue considerado un adalid de la llamada “literatura comprometida”, cosa que a él no le gustaba mucho.

Sobre todo, poeta
Por el contrario, él solía considerarse “un poeta que escribía novelas”. “Poemas de la oficina”, uno de sus poemarios más conocidos, puede dar fe de ello. En Medellín, Colombia, tenía un Club de “fans”: ojo, no un club de lectores sino de “fans”, como si el escritor fuese una estrella de rock. Los tres tomos que agrupan su poesía, publicados bajo el nombre de “Inventarios”, cuentan con varias reediciones.

¿Qué más decir de un hombre tan interesado en su época? Que era un enamorado del fútbol e hincha acérrimo del Nacional. Cuentos como “Puntero izquierdo” o “El césped” dan cuenta de esa pasión. Él mismo pensaba que Uruguay era conocido en el mundo gracias a que fue campeón olímpico de fútbol en 1924 y 1928, y a que en 1950 le ganó a Brasil en el Maracaná. Hoy debe estar buscando en el espacio infinito a aquellos jugadores, para ver si tiene la dicha de verlos jugar.

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* Tomado de la sección El Dominical del diario El Comercio , Lima domingo 24 mayo de mayo de 2009, paginas 10 y 11 .

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