11 feb. 2016

Pablo Neruda: AQUÍ ESTOY




Aquí estoy
Con mis labios de hierro
y un ojo en cada mano
y con mi corazón completamente,
y viene el alba, y viene el alba,
y viene el alba,

Y aquí estoy
a pesar de perros, a pesar de lobos
a pesar de pesadillas,
a pesar de ladillas,
a pesar de pesares.

Estoy lleno de lágrimas y amapolas cortadas
y pálidas palomas de energía,
y con todos los dientes y los dedos escribo,
y con todas las materias del mar,
con todas las materias del corazón escribo.

Cabrones!
Hijos de puta!
 Hoy ni mañana
ni jamás
acabaréis conmigo!

Tengo llenos de pétalos los testículos,
tengo lleno de pájaros el pelo,
tengo poesía y vapores,
cementerios y casas,
gente que se ahoga,
incendios,
en mis Veinte poemas,
en mis semanas, en mis caballerías,
y me cago en la puta que os malparió,
derrokas, patíbulos,
vidobras,
y aunque escribáis en francés con el retrato
de Picasso en las verijas,
y aunque muy a menudo robéis espejos y llevéis a la venta
el retrato de vuestras hermanas,

a mí no me alcanzáis con anónimos,
ni con saliva,
existo, entre los metales, la harina y las olas,
entre el mundo y el cielo, con un corazón lleno de sangre
y de rocío.

Venid a lastimarme con esputos
de la mañana a la noche,
no inauguréis adulterios con vacas amaestradas,
ni os hagáis secuestrar,
ni mañana os hagáis comunistas de culo dorado,
sino verted vinagre,
echad por la boca el semen recogido en la vulva
de la prostituta, y rociad las paredes de los water-closets
con toda vuestra mierda que os condeno a tragar otra vez
con el solo hecho de que yo en la mañana y en la noche
escribo poemas llenos de piedras y lamentos,
cosas llenas de agujas y cenizas,
aguas amargas
caídas para siempre en vuestra muerte.


Muerte! Muerte! Muerte!
Muerte al ladrón de cuadros,
muerte a la bacinica de Reverdy,
muerte a las sucias vacas envidiosas
que ladran con los intestinos cocidos en envidia,
en cal y podredumbre.


Muerte al bandido
que cambia fechas en sus libros y con la otra mano
vive de puro perro y puro rico,
vive de obscuras administraciones,
vive falsificando incestos
con hijas de madres ultrajadas!

Muerte al bandido, al estafador de diez años,
cuadros, muebles, tíos, provincias saqueadas,
y después, a colgar de las babosas barbas del coronel,
y del útero podrido de la podrida esposa del coronel!


Huid de mí, podridos,
haced clases de estilística y callampas, haceos raptar y
poseer por scouts finlandeses,
mercachifles hediondos a catre de prostituida,
pero a mí no vengáis, porque soy puro,
y con la garganta y el alma os vomito catorce veces,
os vomito cuatrocientas veces, a vosotros,
a vuestras jeringas, aunque colaboréis en La Opinión
y en la matonería, aunque cada día cultivéis
con mayor atención vuestra bilis y vuestra mierda,
y os colguéis de los talones de El Mercurio y el oro,
y aunque escribáis montañas tibias perfectamente pútridas,
permitidme una pálida cosa,
con treinta años ardientes,
con un alma de hueso y laberinto,
permitidme
cagarme en vuestros codos y en vuestras abuelas,
y en las revistillas de jóvenes Ombligos
en que derretís las últimas chispas que os salen del culo.


Mierda y mierda y mierda
tierra y tierra y tierra,
gusanos,
para vosotros,
falsos caudillos interrumpidos por la envidia,
poetas tartamudos!

Polvo, polvo, polvo,
para vuestras cenizas:
de nada vale vuestro nombre de pila
traducido al francés, como conviene al judío cursi,
de nada haber pagado diez años de comidas
en Montparnasse,
de nada vale venir de Talca dispuestos
a ser titulados genios y ladrones de pinturas,
os mato,
os mato con espuma y sacrificios,
y os meo, envidiosos,
ladrones, hijos del hijo de la suegra de la puta,
os meo eternamente en vuestros hígados
y en vuestros hijos,
os meo en la fuente del corazón
que habéis cubierto con estiércol,

y habéis alimentado con esitércol,
y habéis asesinado con estiércol.


Mientras el mundo se surte de llanto a cada lado,
y los trabajadores y los alcaldes crujen de sangre,
mientras el mapa se sobrecoge entre las sábanas,
y la angustia hace gritar a los cabildos,
hay literatos de siniestra cara,
ladrones verdes, payasos de París,
miserables de Talca,
descubriendo odio,
fabricando pequeños plagios
enviando anónimos que la peor enferma de histeria rechazaría
disfrazados de comunistas náufragos y fecales,
y mientras a la mamá sacan dinero,
al coronel sacan dinero,
a la mamá sacan dinero,
al coronelalamamásacandinero-sacan,
Viva el comunismo!
dicen los letrina-literatos
mientras el mundo cae y nace,
sólo el odio y la envidia crece en sus uñas,
y se preocupan de denunciar,
de mancillar, los hediondos,
mientras Alberti lucha,
González Tuñón lucha,
Aragón lucha,
los hediondos disfrazados
corren atrás de la literatura
echando sangre de parto maldito,
echando abecedarios y pescados vinagres,
diciendo: acusemos a aquél
y así llegaremos a creer que somos genios,
los hediondos,
incapaces del bien, incapaces del mal,
incapaces del suelo.


Porque morirán muertos, entre eructos
de doctores borrachos y pedos traducidos,
porque el gusano en ellos está vivo y ordena,
porque han nacido entre muelas cariadas

y gatos escupidos,
porque su sangre de sobaco sucio
será fuente de víboras siniestras,
porque hasta ellos llegarán a morderlos
sus hijos llenos de lenguas,
y hasta el de Talca convincente espanto
llegarán algunos días con cuchillo
diciendo: “Antes que hables y publiques,
devuelve cabrón de aire, lo que robas,
los aguafuertes, los óleos, los pesos,
pesos, pesos, pesos,
ladrón de camaradas,
hipo de cerdo”,
y entonces, en la sombra, Apollinaire
y otros muchos contestan:
“aquí estuvo el inmundo,
moviendo las aletas, secuestrándose
y dando pequeños gritos de niña raptada”.

Albión me teme, seré presidente,
yo y Picasso (y un pedo se le escapa).

Horror de sueños, carencia de venas,
aquí pasó, su nombre se transformó,
y en talquinas uniones anónimos enviaba,
panfletos purulentos repartió
y lamiendo escritores y sobornando puertas
su destino de loro bisiesto continúa”.



Y dicen: “Aprovechemos este momento
para ser libertarios, el siglo se hunde,
y nos haremos héroes,
con una pluma entre los pies
y odio en los párpados,
ceniza en los cojones,
venga Lenin, robando,
simulando, con palacio en la calle principal,
o coronel vestido de camello”.

No, villanos, a mí no me engañáis,
si el mundo se transforma,
 caed a la ciénaga, al luto y a la lepra,
al francés y a la megalomanía,
Vargasvilas con cabezas de zorras,
D'annunzios de a cuarenta,       [más baratos que un pollino podrido,]
a mí no me asustáis
con pequeños insultos que podéis repetir
llenos de gozo a vuestras enfermeras,
aquí estoy
echando hasta morirme poemas por los dientes,
hasta que me matéis
a veneno y a sombra.

Pero, nunca!  Prefiero morir matando
vuestros cadáveres de cincuenta años,
y, desde hoy, tendréis hundida la espada
en vuestros intestinos de envidia y de fracaso
para que gritéis: Neruda no existe
y os caguéis de melancolía.

Muertos! Muertos en castellano, en francés y en pus,
muertos en horrorosa cascada de amargura,
corred al nicho, ahora, ahora mismo,
corred al nicho enarbolando un nuevo truco
de identidad falsificada!

Pero aún es tiempo del catolicismo,
os quedan sotanas y nuevas posturas que ensuciar,
tristes cobardes, os quedan aún la teosofía
y las escuelas por correspondencia!

Ya habéis escrito la biografía de papa                     
por su hija caliente,
ya habéis empeñado las pezuñas del coronel
en el Chile agricultor,
ahora vended a vuestras madres
y dedicaos al ciclismo!

Yo he conocido rebeldes artesanos,
poetas de frente limpia y manos limpias,
seres humanos, pero no peste y lepra y pus y callos
como vosotros!

Conocedme:
soy el que sabe y el que canta,
y no podréis matarme aunque os partáis las venas
y volváis a nacer otra vez entre orines!

Adiós a muerte,
adiós a vida, fracasados,
aquí estoy con harinas y simientes,
aquí estoy haciendo pájaros,
aquí estoy solo.


Venid, horribles seres muertos
a clavar cadáveres en mi alma,
para que en vuestra muerte,
en el horrible olor a muerte
de vuestras muertes,
os ayude a salir de las tumbas amargas
en que estaréis llenos de baba pútrida
con el olvido a cuatro labios
y una víbora negra en la garganta!



 Madrid, 2 de abril de 1935.


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