18 jul. 2013

Nicolás Guillén: CANCIÓN FILIAL





Padre: lo único cierto

es que tú no estás muerto.



Otros, tienen sus dioses, sus amigos lejanos;

otros tienden las manos

abiertas hacia verdes promesas imposibles,

y esperan, recostados sobre la piedra dura

de la paciencia, el pan de la dicha futura

y el agua de venturas risibles.

Están sobre el camino polvoriento

deshojando sus preces en el viento;

lamiendo las sandalias de las vírgenes,

encendiéndoles velas a los santos

y adulando una suerte de seres vengativos

a quienes, desde luego,

les da lo mismo, en suma, ser amables o esquivos.

(Eso, si es que conocen todos nuestros quebrantos).



Yo, no. Yo solo tengo

tu sombra inteligente;

tu sombra que vigila

con atenta pupila

todas las tempestades que rugen tras mi frente;

tu sombra, que me enseña las sendas de la Senda;

la que lleva mi potro cerrero de la brida;

la que acampa conmigo después junto a mi tienda

¡y mis camellos y tesoros cuida!



Quizás no sepas, padre, que cuando tú partiste

yo empezaba a ser triste.

Ya estaba frente al vasto pizarrón de las cosas,

con su sistema de ecuaciones odiosas,

la tiza que me diste en la mano,

y la frente fruncida,

tratando de arrancarle, en vano,

su incógnita a la vida!

Pero yo sé que ahora me estás viendo, querido.

Sé que estás a mi lado,

seguramente empeñado

en que recuperemos el tiempo perdido.

Por eso eres, padre, el único a quien pido.



Lo que yo quiero es esto:

(bien poco; ya tú sabes que siempre fui modesto).



Tú, que no duermes, vela mi pobrecito sueño;

tú, que eres fuerte, dame tu ayudita en la carga;

tú que eres ágil sobre tu propia senda larga

ponme fibras de amianto para mi duro empeño.



Hazme franco, sencillo, luminoso, risueño,

ya si el placer me aniña, ya si el dolor me embarga

vierte tu miel de abejas sobre mi copa amarga

¡Y sobre todo, padre, hazme mi propio dueño!



Tenme siempre a tu lado como antes me tenías,

disimula mis faltas, vibra en mis alegrías;

cuida de que nos dure para siempre mamá.

Envuélveme en ti mismo, ya que no puedo verte,

y espérame en la hora confusa de la muerte

para que me acompañes…

                                             ¡Hasta luego, papá…!



 

Ángel Augier en su Estudio Biográfico-Crítico sobre  Nicolás Guillén, nos dice que Canción Filial  fue publicada por primera vez en la revista Social (Cuba) en julio de 1929, cuando Guillén aun no había alcanzado su plena expresión poética, no obstantes es considerado uno de los mejores de su primera época.

"En él hay más “de ayer” que “de hoy” pero también la  sabiduría de siempre en esas combinaciones rimadas de heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos que remata con un soneto en este metro".

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