8 mar. 2009

Horacio Zeballos Gámez: CANTO AL MAESTRO

 
Maestro,
en tu libro de lucha
he aprendido que no traicionar
es un mandamiento.
  
me enseñaste a vencer ciudades
y lisas montañas
a no retroceder como el agua constante.
  
Vives en mi pensamiento
como el Huascarán
que de puro hermoso causa espanto
como el Urubamba que baja vivando
como el Titicaca que se ahoga
en las orillas de tus ojos.
 
Dame por descontado
en las filas del encanto
te juro
que esta prisión que vivo
tiene más de tu aliento
que de martirio.
 
Por una patria como tu cuerpo
y un ideal color de lirio
yo admitiré la vida o la muerte
con la misma dimensión del corazón.
 
Tú me enseñaste abrir murallas
deshojando las rosas del invierno.

Maestro
quiero lealtad
como los niños que siembras con tus palabras
quiero un país como tú,
donde el fusil hable, piense y derrame cantos.
 
No importa abrojos y enemigos
ellos me iniciaron a no llorar
y no lloro
a comprender la adversidad
con la misma sonrisa que la victoria.
 
Alójame en tus sombras, compañero
para vencer requiero un poco de calma
de la transparencia humana
tus brazos de cóndor.
  
Maestro
para entender en el Perú
que la justicia muere crucificada
no necesitamos espinas.
  
La lucha es una Escuela
y la victoria la hija mayor del sacrificio
y el SUTEP combativo
¡es el camino! que no tiene destrucción.
 
Los obradores de maldades
tirarán las polacas y huirán
los nuevos corregidores.
 
El SUTEP
en cada pan y en cada día
nos defiende como un león humano
que después de herido
sigue peleando.
  
Maestro
cuando te miro
me acuerdo que estoy venciendo
y no tengo miedo a los descuartizadores
de la luz y el canto.
  
Maestro,
el pueblo vive en tu esperanza
y tu vives en mi sangre
tenemos que encender el sol
y hacer la noche iluminada.
 
Cuando desamarremos las ataduras
de los árboles y las muchedumbres
el arco iris brotará de nuestros corazones
como después de una tormenta.


del poemario Alegrías del Prisionero


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