28 oct. 2007

La mejor biografía de León Felipe




León Felipe fue militante republicano, vivió en España hasta 1938, año en que se exilia definitivamente a México, pasando a ser agregado cultural de la embajada de la República española en el exilio, única reconocida entonces por el gobierno mexicano. Como el texto de Guillermo de la Torre (argentino) es un poco extenso para el blog lo colgamos completo en el enlace.






ITINERARIO POÉTICO-VITAL DE LEÓN FELIPE
Epílogo escrito por Guillermo de Torre para Antologia Rota de León Felipe, segunda edición, Editorial Losada S.A. Buenos Aires 1965





Como en el epílogo a su transustanciación —si es exacto llamar así a una paráfrasis recreadora, a una obra que no pretende ser traducción literal, pero que es algo más— del Canto a mí mismo de Walt Whitman, me corresponde aquí, en esta Antología rota de León Felipe, aportar los datos biográficos, las precisiones de lugar y tiempo que el poeta soslaya. ¿Misión ociosa, escrúpulo superfluo? En principio, así parece serlo, puesto que en rigor pocos poetas tan preocupados de autorretratarse desde su primer libro; pocos aciertan a definirse tan cabal y constantemente a sí mismos; nadie como León Felipe hace equivalentes los términos Biografía, Poesía y Destino con tan patético ardor, tan llameante sinceridad. Ahora bien, esas confidencias donde la biografía se torna poesía, y la poesía historia, historia viva, están siempre vertidas en cauces parabólicos y metafóricos. Y como quiera que tal lenguaje no es fácilmente descifrable por comentaristas y antólogos, ello determina que algunos empresarios de estos últimos bazares desbarren en lo más inalterable cuando intentan concretar los rasgos biográficos del poeta. Aprovechemos, pues, esta coyuntura para evitar que el error se reproduzca, trazando sobria y verazmente un esquema del itinerario poético-vital de León Felipe. Un esquema provisional, ya que él mismo será quien deba contar su vida algún día. Primera fuente será él mismo: los datos personales que ha accedido a confiarme verbalmente; segunda, mi propio testimonio de recuerdos y experiencias en aquellas partes de su vida donde nuestros pasos coincidieron. De esta suerte evitaremos que la leyenda haga presa en su persona, tan propicia por su aura multitudinaria a estas desfiguraciones más o menos míticas —y casi nunca engrandecedoras—, y que los buceos interrogativos en que el poeta se hunde y desdobla al preguntarse ante los auditorios: ¿Quién soy yo? adquieran una traducción demasiado literal.




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